20 de febrero 2024 - 5:03hs

Uruguay es “la Suiza de América”. Lo definió un periodista estadounidense en la década de 1920, ante su asombro porque este pequeño país quedaba por fuera del delirio social del resto de la región. El diario El Día —del entonces gobernante batllismo— se hizo eco y amplificó el rótulo. Un siglo después, el letrero de la “nación excepcional” sigue siendo orgullo de los uruguayos y los políticos del establishment se inflan el pecho cada vez que sale un ranking internacional. Y una nueva edición del Barómetro de la Américas —una de las mayores encuestas de opinión pública del continente— abona a ese imaginario. Es el país con más apoyo a la democracia, con menos percepción de corrupción, con más confianza en el voto para cambiar la política. Pero…

El Pulso de la Democracia, como se llama el informe resumen de este barómetro que se presenta este martes y al que tuvo acceso El Observador, muestra que, aun siendo “el mejor de su clase”, a Uruguay se le encienden algunas luces rojas. Y aquello de la “excepción” es más un “conformismo” que una coraza real a los problemas comunes en la región.

Porque “el apoyo a la democracia ha disminuido en la mayoría de los países”, apenas después de que también han caído “las actitudes consistentes con una democracia estable alrededor del año 2014”. Y Uruguay no es la excepción.

►El mayor apoyo a la democracia

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En América Latina el apoyo a la democracia cayó hace una década y todavía no se recuperó: solo tres de cada cinco adultos en la región manifiesta un apego a la democracia. Y ante la afirmación “puede que la democracia tenga problemas, pero es mejor que cualquier otra forma de gobierno”, como insinuó el expremier británico Winston Churchill, en “varios países de la región la mitad” de los pobladores no coincide.

Uruguay, en cambio, es el país con más apoyo a la democracia (75% de apoyo). Encabeza el podio que completan Costa Rica y Chile.

Honduras, Surinam y Guatemala son los peores situados, pero las caídas más pronunciadas se dieron en Argentina, Colombia y Jamaica.

Pero…

►Cae el apoyo a la democracia

Cuando se mira la evolución del apoyo a la democracia en Uruguay, puede observarse que en 2023 se dio el peor apoyo desde que existe registro. Es decir: la región cae y Uruguay también.

La cientista política Lucía Selios, especialista en estudios sobre la democracia, viene advirtiendo sobre la necesidad de dilucidar "cuánto de lo que sucede en Uruguay es consecuencia de la convulsión regional y cuánto es por problemas domésticos (internos)". Lo seguro, señaló la académica, es que las mediciones muestran la existencia de "un enclave autoritario que parece florecer en busca del orden".

Su colega Julián González Scandizzi había dicho que “la democracia como ideal no está en discusión. El problema es qué significa ese ideal”. Sucede que “desde el punto de vista de la satisfacción ciudadana no alcanza con que se cumpla rigurosamente con el procedimiento democrático si ese régimen no permite que cumpla con ‘mis’ expectativas, planteadas cada vez más en términos fragmentados”. Esa insatisfacción a veces “se canaliza en apoyos a regímenes no democráticas o dudosamente democráticas. Pero, desde la perspectiva de los ciudadanos que apoyan esas formas políticas, posiblemente un gobierno o un líder de ese tipo no sea visto como autoritario sino como alguien que representa la auténtica democrática, aquella que da mejores respuestas a sus demandas de orden, seguridad, protección de la familia tradicional”.

La “emergencia de movimientos populistas de derecha en Europa y en América Latina tiene mucho de esto. Pero muy probablemente ni esos líderes ni sus seguidores dejen de reivindicar la idea de democracia como un valor a ser defendido” y, probablemente, no se autoperciban como populistas.

Como novedad regional, el informe del Barómetro de las Américas destaca la caída en el apoyo a la democracia en Argentina que “es particularmente aguda: en 2008, el 90% de los argentinos expresaban su apoyo a la democracia, mientras que esta cifra es del 68% en 2023 (una caída de 22 puntos porcentuales)”

►Confianza en el voto para incidir

¿Cuál es la forma en que usted cree que puede influir más para cambiar las cosas en el país? Solo un tercio de los habitantes de la región considera que acudir a las urnas es la respuesta. “La confianza en las elecciones es relevante para que una persona identifique el voto como el mecanismo central a través del cual canalizar su influencia. Quienes tienen mayores niveles de confianza en las elecciones tienen una probabilidad significativamente mayor de ver el voto como el mejor canal de influir en la política (40%), comparado con quienes tienen opiniones neutrales sobre las elecciones (32%) y especialmente en comparación con quienes confían poco en las elecciones (27%)”, reza el informe.

Uruguay es el único de los países que figuran en la encuesta en que más de la mitad de la ciudadanía dice que el voto es la mejor forma de influir en el cambio.

Los académicos uruguayos ven en la obligatoriedad del voto una fortaleza del sistema uruguayo. “La obligatoriedad garantiza el ejercicio electoral como un deber, le da legitimidad a los gobiernos y los partidos políticos tienen que activarse para ir a buscar a aquellos menos interesados e informados”, había dicho el profesor de Ciencias Políticas Daniel Chasquetti. Al tiempo que el analista Óscar Bottinelli complementó: la visión liberal del voto, a su vez, “a veces peca de elitista, porque se piensa que la gente decide a último momento su voto o que no sabe lo que vota, pero en realidad distintos estudios muestran que la mayoría de las personas tiene claro un conjunto de valores o sabe qué piensa, solo que a veces no sabe cómo verbalizar ese pensamiento o no quiere hacerlo”.

Pero...

►Una democracia no tan estable

“La democracia es más duradera cuando la gente considera que el sistema político es legítimo y acepta una participación amplia en él”. Mitchell Seligson, el fundador del Batómetro de las Américas, desarrolló mecanismos de medición que se acercasen al concepto de “democracia estable”.

Es así que, combinando preguntas sobre confianza en las instituciones, entre otras, el Barómetro logra ordenar a los países según las orientaciones de satisfacción de sus ciudadanos con la marcha de la democracia. Y es ahí donde el alto apoyo a la democracia en Uruguay no condice con esas actitudes.

De liderar el podio, a caer a mitad de tabla. Solo la quinta parte de los ciudadanos en el país considera la democracia actual como estable. Para un tercio la democracia está en riesgo o es inestable.

Y puede que en esa percepción haya de fondo la experiencia de la última dictadura, a diferencia de Costa Rica (líder en las orientaciones democráticas), donde salvo un reciente escándalo de corrupción y el asesinato de un líder indígena, la estabilidad institucional viene siendo más duradera.

“La exposición a regímenes dictatoriales durante los cuatro a 18 años erosiona los valores democráticos de las personas”, había concluido el economista uruguayo Matías Brum en uno de sus estudios.

►El país con menos sobornos

“Uruguay destaca como modelo de gobernanza limpia en cuanto a las relaciones de los ciudadanos con los empleados públicos”, dice sin rodeos el informe regional. Sucede que solo el 1% de los encuestados en el país dice que algún empleado público le ha solicitado una mordida (o soborno) durante el último año.

Es una distancia considerable con lo que sucede, por ejemplo, en Nicaragua. Allí, casi uno de cada cinco nicaragüenses reporta que le pidieron un soborno durante el último año.

“Las experiencias con la corrupción a manos de empleados públicos pueden tener efectos negativos en la confianza de los ciudadanos hacia el gobierno”, explica el académico Oscar Castorena, en el Pulso de la Democracia.

Los hombres son cuatro puntos porcentuales más propensos que las mujeres a que se les pida un soborno. También existe una relación negativa entre la edad y que se le pida un soborno: el grupo más adulto (66+) es seis puntos porcentuales menos propenso a que le pidan un soborno que las personas entre 26 y 35 años. Tanto la educación como la riqueza del hogar están asociadas positivamente con la probabilidad de que a alguien le pidan un soborno. Finalmente, existe una asociación pequeña, aunque estadísticamente significativa, entre la solicitud de un soborno y el lugar de residencia: los ciudadanos urbanos tienen un poco más de probabilidad de que les pidan un soborno que los residentes de las zonas rurales.

►Libertad de expresión en retroceso

La preocupación por la libertad de expresión entre los críticos del gobierno ha aumentado en algunos países, Uruguay es uno de ellos.

“Consistente con la visión de los expertos en derechos civiles, este aumento es mayor en El Salvador y Nicaragua. En el primer caso la preocupación por la libertad de expresión sube de 70% a 89%, en el segundo de 75% a 90%. Pero los datos también incluyen casos sorprendentes —como Costa Rica y Uruguay—, donde los críticos del gobierno sienten con mayor frecuencia que su libertad de expresión está siendo limitada”, advierte el Barómetro.

En concreto, en Uruguay creció del 40% al 47% el porcentaje entre quienes tienen una opinión negativa sobre el presidente de turno y que, a la vez, afirman que existe muy poca libertad.

Las percepciones sobre la libertad de expresión entre los críticos del gobierno mejoraron en otros casos. En Argentina y Chile, los críticos del gobierno estuvieron mucho menos inclinados a decir que existe muy poca libertad de expresión en 2023 que en 2017. Aunque más moderada, México también registra una caída similar. "Llama la atención que en estos tres casos las elecciones presidenciales también produjeron fuertes cambios ideológicos en el ejecutivo".

 

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