A juzgar por el entusiasmo de la crítica y el público que asistió en EEUU al preestreno de Posesión infernal, de Federico Álvarez, el cineasta uruguayo parece haber sacado algunas cosas en claro sobre qué hacer y qué no en estos tiempos de secuelas, precuelas y remakes. Uno: apelar a la esencia de aquello que lo sacudió de The evil dead, la cinta de Sam Raimi en la que se basa su filme, cuando la vio con 12 años. Dos: dejar de lado los efectos especiales y darle a su remake ese efecto real y artesanal del largometraje original. El que no parece haber llegado a tal conclusión, sin embargo, es el propio Sam Raimi, quien con su precuela de El mago de Oz, priorizó la forma a la sustancia, tanto en lo argumental como en lo visual.
Fantasía con poca imaginación
Oz, un mundo de fantasía, de Sam Raimi, narra la vuelta del mítico mago a la tierra más allá del arco iris, pero lo hace con un despliegue visual poco creativo y dejando de lado la esencia del filme de 1939