Fattoruso - Romano - Ibarburu: noche de revelaciones con un trío virtuoso
El grupo de destacados artistas locales se presentó en el Teatro Solís y con el apoyo de Fundación Itaú, junto a Tomohiro Yahiro en calidad de invitado.
Chas-chas, aplaude Hugo Fattoruso mientras cubre sus manos de talco y se sienta frente al piano. En el aire surge una creciente nube blanca que baja lentamente y gana cuerpo con las luces de colores. Popo Romano toma su gigante contrabajo, mientras ordena las partituras.
“El orden de los temas se decidirá poco antes del concierto”, alerta el volante de promoción que entregan al ingresar al teatro. Martín Ibarburu gira su riñonera hacia atrás y corrobora que todos los cuerpos de la batería estén en el lugar correcto. Observa al público encandilado y comprueba que la sala está llena. En el rincón izquierdo del escenario, en silencio, reposan una combinación de instrumentos de percusión latinos y orientales. Tomohiro Yahiro, músico japonés e invitado especial, será el encargado de darles vida. El Trio Fattoruso-Romano-Ibarburu (FRI), vuelve a tocar luego de cinco años y lo hace, una vez más, en la cancha grande: el Solís.
El concierto, que fue apoyado por la Fundación Itaú, abre con Para FRI Blues, composición de Romano, con volúmenes y climas bien cuidados: a pesar de la inmensidad de la sala, no se pierde la intimidad del trío. Todo fluye con la misma delicadeza y cercanía que se generaría en un pequeño club de jazz con músicos respetuosos, que no buscan imponerse y se entregan a la totalidad del trío, a la suma de las partes. Rápidamente se da paso al candombe con De viaje, de Fattoruso, donde se destapa la genialidad de Ibarburu. Un baterista que conjuga virtuosismo y buen gusto, personalidad y sentido de conjunto. Luis Salinas, que lo considera uno de los mejores bateristas de Latinoamérica, dijo recientemente: “Martín es un ventilador con swing”. Luego aparecerá uno de los clásicos de Romano, Bajos de blanco, y aproximaciones al tango fusión y marcha camión con Susurro tanguero. El Trío FRI alcanza la excelencia musical sin caer en esnobismos, hurga en los folclores uruguayos y los coloca en un sitio de honor. El amor a los sonidos locales se traduce a un lenguaje global y moderno, y sitúa a Uruguay en un punto de altísimo interés para la música contemporánea.
Solistas Romano e Ibarburu se retiran y Fattoruso queda solo frente al Solís, con 88 notas de un corpulento Steinway. Abre con Tu alegre paso, donde aparecen sonidos con aires de Bach y luego sigue una subversiva interpretación de Mano a mano, uno de los grandes hallazgos de la noche. Hugo juega, invita, provoca. Toma aquello que está quieto, olvidado, y lo bendice con su musicalidad única que ha nutrido por décadas el repertorio popular uruguayo. Los dedos encendidos le ganan al talco, que hace unos minutos pretendía secar el impulso del creador frente al instrumento. Al cierre del tango, el público estalla e ingresa Romano que conjuga virtuosismo, interpretación, y sumo cuidado en cada una de las notas.
Candombe made in japan Tomohiro Yahiro entra escena con una camiseta que dice “Candombe-Uruguay”, de las que venden en 18 de Julio. Sonríe, los dientes se multiplican y sus ojos se vuelven una delgada línea. El oriental cautiva al público desde el inicio con sonidos nuevos, exóticos, que se desmarcan del piano-chico-repique. Martín Ibarburu lo observa, en silencio, mientras se le escapa una sonrisa de admiración. Yahiro incorpora el candombe con frescura, prolijidad y mucho amor. Uno de los puntos más altos de la noche surge a partir de la unión percutiva que funden Ibarburu y Yohiro, acompañados por un Fattoruso que toca notas agudas a modo de repique, como si fuera un tambor más del ensamble. En el escenario conviven tres generaciones de músicos uruguayos, y la perspectiva de un japonés fascinado con los sonidos de aquí. Así se cierra el círculo, frente a espectadores que dejan la sala con la sensación de haber presenciado un hallazgo, algo nuevo e irrepetible, difícil de contar.
El Trío FRI reafirma que las posibilidades del candombe fusión son infinitas: la puerta que algún día abrió Eduardo Mateo hoy sigue vigente y provocadora. Muestra, también, que la escena musical montevideana pasa por un gran momento, con generaciones que renuevan el compromiso de hacer arte auténtico y sincero. Después de la noche del miércoles, pasará un tiempo hasta que las notas del trío dejen de escucharse. Y ojalá que músicos, productores y sponsors se pongan de acuerdo pronto y no haya que esperar otros cinco años para disfrutar nuevamente de un trío como el FRI.
Música oriental
Hugo vivía en Río de Janeiro y tocaba con Djavan cuando se fue de gira por primera vez a Japón. Ahí se le acercó un joven con un disco de Opa para que se lo firmara. Resultó que ese joven era Tomohiro Yahiro, uno de los grandes percusionistas del país, y desde allí comenzó la amistad. Han hecho giras juntos en decenas de ciudades niponas y preparan para 2012 una serie de conciertos durante diez semanas, que planean extender a otros países de Asia.
En las disquerías uruguayas puede encontrarse Dos orientales (Montevideo Music Group, 2010), un disco que recorre temas de Mateo, Jobim y Fattoruso, entre otros. El dúo acaba de tocar en Montevideo, y en las próximas semanas sale hacia Argentina para continuar el tour. Fattoruso ha desarrollado una interesante relación con otros músicos japoneses, entre los que se destacan el pianista Segi Takamasa y la cantante Mio Matsuda.