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Frankenstein, el monstruo más famoso, cumplió 200 años

Hace dos siglos la británica Mary Shelley publicaba una de las historias de terror más importantes de todos los tiempos

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10 de febrero de 2018 a las 05:00

Era verano, pero en la mansión de Lord Byron, Mary Wollstonecraft Shelley se estaba congelando. La proximidad de la casona al lago suizo de Lemán aumentaba aun más las corrientes de aire húmedo que se metían por todos los recovecos del hogar del poeta y calaban los huesos de los invitados. A pesar de que debería haber hecho mucho calor, aquel año –"el año sin verano"– la erupción del volcán Tambora en la lejana Indonesia había dejado a todos en el hemisferio norte atrapados en un invierno eterno. Y por eso allí, en medio de esa anomalía climática, Shelley se estaba congelando.

Ella y su esposo Percy habían sido invitados por el renombrado poeta, inglés al igual que ellos, a pasar algunos días con él. Eran amigos y habían querido concretar la visita de una vez. Sin embargo, el frío impedía que la temporada allí fuese la mejor. Una noche, Lord Byron tuvo una idea. Tras leer una antología alemana de cuentos de miedo, les propuso a sus invitados que elaboraran una historia de terror. Nada muy complicado, solo un cuento hilvanado lo mejor posible para pasar el rato aquella fría noche. Cuando llegó su turno, ni Shelley ni su esposo lograron terminar lo que comenzaron a contar, pero algo despertó en la mujer. Una idea, un concepto, un germen. Algo en su interior comenzó a crecer.

El 1º de febrero de 1818, dos años después de aquellos cuentos de verano inconclusos, 500 ejemplares de una historia de terror se terminaron de imprimir una neblinosa mañana londinense. El libro, fabricado de forma económica, no estaba firmado, y el misterio de su autoría se extendió por años. Era una novela corta que seguía los pasos de Viktor Frankenstein, un doctor suizo obsesionado con los secretos de la vida y la muerte, del cielo y de la tierra. En su afán por acercarse a esos temas, el inventor terminaba creando uno de los seres mitológicos más famosos de todos los tiempos. Ese libro era Frankenstein o el moderno Prometeo, y su autora, como se sabría algunos años más tarde, era la propia Shelley.

"Quieres matarme. ¿Cómo te atreves a jugar así con la vida y la muerte?" Monstruo de Frankenstein Frankenstein o el moderno prometeo
Con el paso de los años, el monstruo superó en popularidad a su creador ficticio –se apropió de su nombre, por ejemplo– y a su creadora real y, 200 años después, se ha convertido en una de las criaturas más representativas del terror universal en todas sus plataformas. Además, al igual que sucedió con Drácula de Bram Stoker (que se convertiría en novela epistolar casi 80 años después), el monstruo de Frankenstein significó una metáfora excelente de su tiempo y las preocupaciones de la época.

Para Shelley y el resto de la población contemporánea a la Revolución industrial, las dudas existenciales giraban en torno a las posibilidades que la ciencia tenía para el desarrollo. Al entusiasmo le acompañaba el miedo. El temor, por ejemplo, a las fronteras que pudiera derribar la tecnología aplicada a la medicina. A que el afán por conquistar nuevas tierras y conocimientos terminara por minar los valores morales de los investigadores.

¿Hasta qué punto puede el ser humano jugar a ser Dios? Con los avances científicos y la posibilidad siempre latente de, al fin, alcanzar la inteligencia artificial, la historia del monstruo de Frankenstein es casi más relevante en la actualidad que en el momento en que se concibió.
Por aquel entonces era frecuente que algunos médicos pasaran por las ciudades inglesas haciendo demostraciones de galvanismo en cadáveres. El experimento consistía en reanimar algunos músculos y nervios de esos cuerpos mediante la aplicación de la electricidad. La etimología de la palabra viene del científico que comenzó con esas técnicas: Luigi Galvani.

Cuando los cadáveres reaccionaban, la gente se sorprendía y se asustaba.

Si bien en la cultura popular se toma como que el monstruo de Frankenstein revive gracias a la aplicación de este tipo de experimentos –algo que el cine reafirmó–, en la novela nunca se especifica que el científico realizara exactamente esa técnica para reanimar a su criatura. Lo que sí está claro (y documentado) es que Shelley presenció algunas demostraciones de galvanismo y se piensa que, de alguna manera, eso podría haberla inspirado a crear a su criatura.


Un universo del mal

El libro se mantuvo por décadas como una historia de terror popular y original, que además había sido escrito por una mujer abocada a luchas feministas y a la culturización femenina por fuera del lugar que la sociedad de su época le imponía. Sin embargo, Frankenstein se convirtió en un ícono del terror universal cuando pasó, justamente, a formar parte de la plantilla de monstruos del estudio de cine Universal.

Si bien fue el Drácula de Bela Lugosi (1931) el que despertó el Universo de Monstruos de los estudios Universal, fue Boris Karloff en la piel del gigante de 2,44 metros y tornillos en el cuello quien, en el mismo año que el vampiro, impulsó la popularidad de estas criaturas y generó un universo dentro y fuera de la pantalla sumamente exitoso.

"Quien no haya experimentado la seducción que la ciencia ejerce sobre una persona jamás comprenderá su tiranía" Viktor Frankenstein Frankenstein o el moderno prometeo
Con fuertes influencias del expresionismo alemán y con El gabinete del doctor Caligari como referencia estética, Frankenstein asustó a generaciones enteras en épocas donde el cine todavía no gozaba de la masividad y los recursos que ahora tiene.

La película se basaba en una obra de teatro que se tomaba algunas libertades con la obra original de Shelley, y fue un éxito entre la crítica y el público. Y por eso, dentro del mismo universo no tuvo una secuela, sino seis: La novia de Frankenstein, El hijo de Frankenstein, El fantasma de Frankenstein, Frankenstein contra el Hombre Lobo, La guarida de Frankenstein y Abott y Costello contra los fantasmas. En Uruguay se estrenó cada una de estas películas entre 1931 y 1948, y la primera de todas se exhibió bajo el título de Frankenstein, el autor del monstruo en el mismo año de su estreno en Estados Unidos.

El moderno Prometeo, hoy

El fin de este mundo no fue, sin embargo, el fin de Frankenstein en el cine, que con el auge de Hammer –un estudio que tendió hacia el terror más clase B– volvió con fuerza y varias secuelas no oficiales. A lo largo de las décadas, su presencia fue una constante y tanto Viktor Frankenstein como su monstruo volvieron a la pantalla una y otra vez: como una maldición, con sed de venganza, como un adolescente, en una lucha contra el monstruo del espacio o en 3D.

Las readaptaciones continuas de la historia escrita por Shelley son numerosas y trascienden todas las épocas. Hoy, con 200 años a sus espaldas, Frankenstein es uno de los personajes más abordados del cine y la literatura. En Uruguay se estrenaron 25 películas que, de alguna manera, se involucran con el monstruo.

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Boris Karloff en la piel del monstruo de Frankenstein en la película de 1931
Boris Karloff en la piel del monstruo de Frankenstein en la película de 1931
¿Hasta qué punto puede el ser humano jugar a ser Dios? Con los avances científicos y la posibilidad siempre latente de, al fin, alcanzar la inteligencia artificial, la historia del monstruo de Frankenstein es casi más relevante en la actualidad que en el momento en que se concibió.

Como deja claro un artículo de la revista Esquire publicado hace un mes, con Frankenstein Shelley no solo alertó sobre los peligros de crear algo que luego se salga del control de su creador, sino también contra abandonar las creaciones a su libre albedrío. Y para un mundo que crea, usa y tira la tecnología, valdría la pena tener en cuenta las enseñanzas de esta historia que hace 200 años nació de una cabeza inquieta en el verano más frío de los últimos siglos.

Una liga de monstruos

Drácula
Béla Lugosi, que en principio iba a ser el monstruo de Frankenstein, interpretó al conde Drácula en la película de 1931.

La momia
Además de ser Frankenstein, Boris Karloff también fue la momia para Universal en el filme de 1932.

El hombre lobo
Lon Chaney Jr se puso en la piel del Hombre Lobo de Universal en una de sus últimas películas rentables de monstruos, en 1941.

El retorno fallido

Universal decidió revitalizar recientemente a sus monstruos clásicos y crear un universo nuevo: el Dark Universe. El puntapié inicial fue La momia de Tom Cruise (2017), pero fue un fracaso y un fiasco, y el estudio decidió que la idea no era tan buena como parecía. Javier Bardem había sido el elegido para ser el nuevo Frankenstein. Actualmente, la franquicia está en stand-by.

Más que la pluma de Frankenstein

Pasó mucho tiempo antes de que a Mary Shelley (Londres, 30 de agosto de 1797) se la reconociera por algo más que la autoría de Frankenstein o el moderno Prometeo. Fue recién en 1970 cuando se comenzaron a valorar otros títulos que salieron de su pluma: Valperga (1823), El último hombre (1826), Perkin Warbeck (1830), Lodore (1835) y Falkner (1837). También escribió artículos de viajes y biográficos. Shelley murió el día en que la publicación de Frankenstein cumplía 33 años, el 1º de febrero de 1851, por un tumor cerebral.

Cuatro rostros del monstruo

Boris Karloff
(1931)
Fue el primer monstruo de Frankenstein y quien lo popularizó en el cine.

Christopher Lee

(1957)
El Frankenstein de la Hammer, cuando el estudio tomó la posta luego del abandono de Universal.

Robert de Niro

(1994)
El experiente actor fue el monstruo en la adaptación de Keneth Branagh Frankenstein, de Mary Shelley.

Aaron Eckhart
(2014)
Fue uno de los últimos Frankenstein del cine en Yo, Frankenstein. La película lo mostó como una especie de héroe vengador y fracasó estrepitosamente.






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