Cada vez que el fallecido líder blanco Jorge Larrañaga quería convencer a los votantes acerca de la relevancia del sufragio, comparaba el tiempo que media entre elección y elección con el que, inevitablemente, transcurre repartiendo suertes y desgracias en la vida de cada persona
“Piense en cinco años de su vida, en todas las cosas que ocurren. Bueno, ese es el tiempo que deberá soportar si se equivoca cuando vota, y el tiempo que deberá esperar para reparar el error”, decía, palabras más, palabras menos, el dirigente wilsonista, sin que fuera necesario precisar que consideraba un error votar al Frente Amplio y un acierto hacerlo por el Partido Nacional
Larrañaga tuvo poca suerte en su prédica. Desde el 2004, cuando disputó la presidencia con Tabaré Vázquez, al líder blanco le tocó ser testigo de como, por tres veces consecutiva, los uruguayos eligieron ser gobernados por la izquierda.
Hubo que esperar hasta el 2019 para que, por un puñado de votos, Luis Lacalle Pou le arrebatara el gobierno al Frente Amplio.
Con ese antecedente, con expectativa y también con temor, tanto en el Frente como en el Partido Nacional consideran que las elecciones de 2024 tal vez operen como un nuevo parte aguas en el que se juega más de un gobierno: allí, consideran, puede estar la llave para que la izquierda abra la puerta a una nueva era progresista de 15 años, o para que los blancos convaliden el poder y despejen el camino para el retorno de Lacalle Pou en 2029. La idea podría sintetizarse en una línea: “el que gana, sigue de largo”.
Los blancos creen que Lacalle Pou –quien mantiene un nivel de aprobación que ronda el 46% según varias encuestas- se irá del gobierno con una alta estima de buena parte del electorado lo que le permitirá reeditar lo hecho por Vázquez, quien le dejó el gobierno a Mujica para repetir el plato cinco años después.
El senador y precandidato blanco Jorge Gandini (Por la Patria) lo advierte directamente. “La elección de 2024 es una elección bisagra. Si la gana el Partido Nacional se abre un ciclo de gobiernos blancos, porque en 2029 seguramente estará la candidatura de Luis (Lacalle Pou) a la que será muy difícil derrotar. Por tanto, el año que viene se juega mucho”, dijo el líder blanco a El Observador.
Otro dirigente nacionalista admitió que una victoria del Frente Amplio en 2024 lo perfila como para seguir de largo en el poder. “La izquierda maneja mejor que los blancos algunas variables que van más allá de la buena administración del gobierno. Tienen un manejo del poder sindical, por ejemplo, del que carece el Partido Nacional”, sostuvo. Es decir, una vez instalada en el poder, la izquierda tiene buenas herramientas para mantenerse en él.
Tanto en el Frente como en el Partido Nacional consideran que las elecciones de 2024 tal vez operen como un nuevo parte aguas en el que se juega más de un gobierno:
Por tanto, en el PN sostienen que aquel blanco que logre salir triunfante de los comicios internos de 2024, tendrá como misiones fundamentales frenar la victoria del FA y alimentar la vuelta de Lacalle Pou. Los blancos creen que necesitan otro período para asentarse en el poder, al cual sienten no haber llegado del todo porque, al decir de un operador blanco, “el Frente dejó sembrado a lo largo y ancho de la burocracia estatal miles de punteros políticos”.
Sin el gobierno nacional, los frenteamplistas deberían nuevamente refugiarse en los gobiernos de Montevideo y Canelones esperando una revancha ante Lacalle Pou en el 2029.
En el FA también hay quienes piensan que no alcanza con un triunfo en el 2024 para asegurarse tres lustros de permanencia en el poder.
“La gente vota partidos pero también vota personas. Si nosotros no generamos un buen candidato para 2029 va a estar brava contra Lacalle mas allá de que hagamos una buena gestión”, dijo a El Observador un operador frenteamplista.
Es así que en el FA temen que una derrota en 2029 permita a los nacionalistas afirmarse en la gestión del poder colonizando las estructuras estatales, algo que les ha costado muchísimo lograr, primero por la extensa hegemonía colorada y luego por el avance de la izquierda.
Por su lado, en el Partido Colorado saben que esa colectividad no competirá con chance por la presidencia en las próximas elecciones y que en el 2029 seguramente la carta ganadora de la coalición será Lacalle Pou. Sin embargo, están atentos a la posibilidad de un triunfo del Frente Amplio en las próximas elecciones.
En el FA también hay quienes piensan que no alcanza con un triunfo en el 2024 para asegurarse tres lustros de permanencia en el poder.
Un alto dirigente de ese partido admitió que el Frente Amplio aprendió mucho de los entresijos del poder luego de su largo periplo opositor y, por tanto, si gana en 2024, puede afincarse por muchos años más. “Además, para los colorados significaría perder la oportunidad de influir en el gobierno, como aliado del Partido Nacional. No sé si será por 15 años, pero más vale no probar”, dijo.
Así que, como si de una oferta del día se tratara, hay quienes piensan que las elecciones de 2024 deberían llevar adherido un cartelito que advierta: “Gana uno y lleva tres”.