22 de marzo de 2013 22:04 hs

Los funcionarios del gobierno argentino deben estar sintiendo que este es el verano más largo de la historia. Ya se preveía que la temporada estival sería complicada para la caja oficial: el gasto público enfrentó un estrés estacional por los aguinaldos y vacaciones de los empleados estatales, y al mismo tiempo hubo vencimientos de la deuda pública en dólares.
Es decir, se juntaron todos los vencimientos justo en la época del año de menor recaudación y, para colmo, cuando se produce la demanda de divisas por parte de quienes se van de viaje al exterior.

Es por eso que el argumento oficial ante la suba del dólar paralelo era que se trataba de un fenómeno estacional. La esperanza de los funcionarios era que, pasada la temporada de vacaciones y ya con la llegada de los primeros dólares de la exportación agrícola, la situación se aliviaría.

Pero el verano terminó y ninguna de las suposiciones del kirchnerismo ocurrió. Lo cierto es que el tipo de cambio paralelo llegó a una inédita brecha de 70% respecto del oficial, algo que ni los más pesimistas habían sospechado.Lo cual da pie al coro de economistas críticos, que señalaban que, lejos de tratarse de problemas estacionales, la suba de la inflación y la escapada del dólar “blue” obedecían a problemas de fondo de la economía.

Más noticias

La conspiración de los sojeros
Como es ya un clásico ante estas situaciones, comenzaron las teorías conspirativas. Desde filas oficialistas comenzó a hablarse de intentos de “golpe de mercado” liderados por grandes empresas y bancos, que empujan hacia arriba la cotización del dólar paralelo como forma de exacerbar el malhumor social.

La propia Cristina Kirchner ha hecho algunas insinuaciones al respecto, cuando comparó la redistribución de renta de su gestión con la ocurrida durante el tercer gobierno de Juan Perón en 1974. “Esa fue una de las causas del golpe de Estado”, definió la presidenta, dejando en el aire un paralelismo entre los dos momentos históricos.

En este contexto enrarecido es que se alientan suspicacias sobre la lentitud con la que se están liquidando los “sojadólares”. A pesar de que la cosecha de este año está prevista en 10 millones de toneladas adicionales a las del año pasado, y que el precio está US$ 27 más alto, el ingreso de divisas al Banco Central prácticamente ha sido 20% menos.

La sospecha del gobierno es que hay soja por no menos de US$ 4.000 millones almacenada en silobolsas, y que los grandes exportadores están reteniéndolos como forma de presionar al gobierno para que devalúe el tipo de cambio oficial.Los dirigentes rurales niegan esas acusaciones y dicen que simplemente la cosecha se demoró.

En los próximos días, supuestamente, comenzará a verse qué tan rápido ingresan esos dólares. Y en el gobierno oscilan entre el incentivo y el castigo. Hay propuestas para crear un organismo que monopolice el comercio de granos, como ocurría hace décadas (y de esa forma asegurar que el gobierno maneje el ritmo de liquidación de divisas). Pero, al mismo tiempo, los propios funcionarios admiten que un dólar a cinco pesos argentinos resulta muy poco atractivo para un exportador, y que es necesario acelerar el ritmo devaluatorio del tipo de cambio oficial.

Un feriado en las “cuevas”
Las versiones sobre nuevas medidas económicas han abundado en las últimas horas, alentadas por una inusual reunión de urgencia entre Cristina Fernández de Kirchner y su equipo económico el jueves de la semana pasada. De momento, no hay señales de que se concrete ninguna de las medidas drásticas que se comentaron en los medios. Ni un desdoblamiento formal del mercado cambiario con varios dólares, ni una estatización de la exportación de granos, ni una devaluación abrupta del dólar oficial. Por ahora, el único recurso al que la presidenta echa mano en momentos complicados es al “estilo Moreno”.
Conocedor del mercado y sus protagonistas, el controvertido secretario de Comercio habló con empresarios del mercado cambiario para que vendieran dólares y topearan el dólar paralelo en un máximo de $ 8,50. En una segunda incursión por el estilo, pidió el viernes que esa cotización bajara hasta $ 6. Una especie de “feriado cambiario de las cuevas” por algunos días. Y el único plan contra la inflación es un criticado “congelamiento de precios”, que dio relativo éxito el primer mes pero al que los economistas le asignan escasas chances de éxito en el futuro.

Hacia la “devaluación fiscal”
El principal tema de debate en el gobierno reside en si conviene oficializar la existencia de un dólar paralelo, adoptando un esquema desdoblado de tipos de cambio. Es decir, uno que rija para los exportadores y para la importación de bienes de capitales, otro para importaciones suntuarias, otro para el turismo y el ahorro.

El principal impulsor de esta medida es el viceministro Axel Kicillof, que en su momento fue catalogado como el verdadero “ministro en las sombras”, pero que últimamente parece haber perdido algo de su influencia sobre Cristina Kirchner.

Quienes se niegan a esta medida creen que el gobierno pagaría un alto costo político justo en pleno año electoral. Por eso, proponen un esquema de “desdoblamiento sin desdoblar”. Es decir, tomar medidas cuyo efecto sea similar al de un esquema de tipos de cambio múltiples, pero sin adoptarlo formalmente.

Esto implicaría, por ejemplo, aprovechar el recargo que pagan los argentinos que viajan al exterior, y con ese dinero dar mayores reembolsos impositivos a los sectores industriales con dificultades para exportar. Los economistas llaman a esta estrategia “devaluación fiscal”. Y, en su gran mayoría, le asignan escasas chances de éxito si ello no va acompañado de un ataque frontal a lo que identifican como el problema de fondo: el uso de la emisión monetaria (que está en un ritmo de 35%) para financiar el creciente gasto público.

Rehenes de las declaraciones presidenciales
Los políticos experientes saben que los presidentes pueden quedar presos de sus palabras, y que las frases dichas un día pueden condicionarlos por el resto de su carrera. Así, por ejemplo, a Eduardo Duhalde le recordarán toda su vida el haber afirmado “quien puso dólares, recibirá dólares”. Seguramente consciente de esa situación, Cristina Fernández de Kirchner sigue resistiéndose a desdoblar el mercado cambiario en varios dólares, en contra de la sugerencia que le han hecho economistas del propio gobierno y de la oposición. Y es que en todos los archivos televisivos quedó guardada su frase de mayo del año pasado, cuando se exacerbó la escapada del dólar blue y comenzaban los rumores sobre inminentes medidas económicas. “Dicen que el viceministro de Economía habla de cuatro, cinco o treinta tipos de cambio. Por favor, no crean nada, esta presidenta es absolutamente responsable y previsible. Olvídense, no va a haber nada raro, ningún shock de ningún tipo”, había dicho Cristina en esa oportunidad. Hoy, cuando se hace evidente que la política económica tiene serios problemas, con una inflación terca, un atraso cambiario inocultable, con reservas del Banco Central que no dejan de caer y con un dólar blue descontrolado, esas palabras de la presidenta empiezan a parecerse a un pesado lastre.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos