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Sylvester Stallone al arco en Escape a la victoria

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Goles de película: a un día de Qatar 2022, un repaso al vínculo entre el fútbol y el cine

En la previa del comienzo del Mundial, un vistazo que cruza décadas y continentes sobre las películas que retratan al deporte más seguido del mundo

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19 de noviembre de 2022 a las 05:02

Las dos son ramas de la industria del entretenimiento que mueven miles de millones de dólares al año. Ambas disciplinas despiertan pasiones, mueven y remueven emociones, crean escenas inmortales, hacen y deshacen héroes y villanos populares, tienen a quienes buscan alcanzar la belleza, a los que solo les importa cumplir su trabajo, y a los que se defienden con los recursos que tienen. Aunque nunca nadie saldrá a festejar a 18 de Julio por el éxito de una película, el cine y el fútbol tienen mucho en común.

El séptimo arte y el deporte rey se han dado la mano en múltiples ocasiones, aunque la habitual desidia de los estadounidenses hacia el balompié y, por extensión, de Hollywood –por lejos, el cine más consumido en Uruguay y en buena parte del mundo– hace que exista cierta sensación de que no hay grandes películas sobre fútbol. Pero que las hay, las hay.

Antes de hacer ese repaso, sin embargo, hay que hacer un desvío por la Copa del Mundo, que es en definitiva la excusa de esta nota. El máximo evento del fútbol internacional ha tenido también unos cuantos roces con el cine de mayor o menor calidad, incluso una buena cantidad patrocinados por la mismísima FIFA.

Así como el texto fue el generador de verdad y el método de comunicación principal de la historia hasta el siglo xx, el siglo xxi es el siglo visual. Si no hay fotos o videos, no pasó. Pero ya desde 1930, la Federación Internacional de Fútbol Asociación tuvo claro el poder de la imagen, y en el primer torneo, que se disputó en Montevideo, encargó que se realizara un documental sobre el torneo. El resultado dura 14 minutos y es el predecesor de una costumbre del organismo sin excepciones desde Suiza 1954, ya con largometrajes y cada vez más ambiciosos, con distintas peculiaridades.

En Inglaterra 1966 se incorporó el color, y en España 1982 aparecieron los actores famosos como narradores, una lista que incluye a dos James Bond: Sean Connery y Pierce Brosnan, y a otras figuras, como Michael Caine, Sean Bean o el más reciente, Damian Lewis, actor conocido sobre todo por su rol como Nicholas Brody en la serie Homeland.

Entre los más valiosos está el de México 1986, Heroes, que sigue a algunas figuras durante el torneo, como Sócrates, Gary Lineker, Enzo Francescoli y Diego Maradona, y que en Uruguay llegó a estrenarse en cines. Los más recientes son bastante más genéricos y lavados.

Una historia polémica tuvo el documental de Argentina 1978. Los directores brasileños Mauricio Sherman y Victor di Mello filmaron Copa 78. O poder do futebol, en el que incluyeron una polémica entrevista al líder del movimiento Montoneros, y acusaban a la organización de perjudicar a la selección brasileña en el torneo, que ganaría la selección local con dudas sobre arreglos y ventajas en las fases definitorias.

La FIFA, poco afecta tanto en 1978 como en 2022 a mezclar la política en el– asunto, le sacó la roja a este material y encargó otro, Campeones, sin el contenido “molesto”.

Pero, si de historia oficial hablamos, pocos ejemplos más patentes hay que el de United Passions, la película que la FIFA se mandó a hacer para contar su propia historia. Con Gerard Depardieu como su primer presidente, Jules Rimet; Sam Neill como João Havelange, y Tim Roth como Joseph Blatter, este esperpento cinematográfico relata los hitos de la historia de la federación en tono elogioso. FIFA desembolsó US$ 27 millones para hacer la película, a los que se sumaron otros US$ 5 millones del gobierno de Azerbaiyán; la recaudación total de la película fue de US$ 168 mil.

Gerard Depardieu como Jules Rimet en United Passions

La federación internacional también respaldó a la trilogía Gol!, muy recordada por la generación que hoy ronda los 30 años. La saga del inmigrante mexicano Santiago Múñez, un joven que vive de forma ilegal en Los Ángeles y termina convirtiéndose en una figura internacional del fútbol, terminó con una tercera entrega que transcurre durante el Mundial de 2006. El apoyo del organismo permitió además que contara con una plétora de futbolistas de todo el mundo, incluyendo a los uruguayos Pablo García y Carlos Diogo.

Gol

Somos nosotros

Aunque cualquiera que se precie de sí sabe internamente que prefiere que el club del que es hincha gane un torneo continental –y el fútbol genera grandes momentos y grandes historias todo el tiempo–, los mundiales tienen un gustito especial, una épica nacional(ista) de la que carecen otros eventos.

Y tienen también una importancia particular, una carga extra para lo bueno y para lo malo. No hay nada más devastador que Roberto Baggio mirando a la nada después de errar su penal y darle el título de 1994 a Brasil; nada más épico que el Uruguay-Ghana de 2010 o el Maracanazo.

Además del valor narrativo de esos episodios, la Copa del Mundo también se puede insertar dentro de la historia de un país: así como Uruguay terminó de afirmar una identidad y una épica nacional derrotando a sus países vecinos –y por lo tanto, desligándose definitivamente de Argentina y Brasil como una entidad aparte–, otros países del mundo se hicieron o deshicieron según el destino de 11 deportistas, y el cine ha captado algunos de esos momentos.

En su camino hacia la copa inaugural, Uruguay derrotó en semifinales a Yugoslavia por un contundente 6 a 1. Sin embargo, la historia de ese equipo todavía tiene valor para una parte de los Balcanes. Aquel equipo estaba integrado únicamente por futbolistas de origen serbio, ya que los dirigentes croatas se negaron a aportar jugadores para el torneo, como protesta por la mudanza obligada de la sede de la federación nacional de la Zagreb croata a la Belgrado serbia, una de las tantas tensiones étnicas que terminarían explotando en una guerra seis décadas después.

Con un patriotismo serbio poco disimulado, dos películas cuentan la historia de esa selección: Montevideo, Bog te video! (Montevideo, Dios te bendiga), relata la conformación del cuadro y la decisión de viajar al torneo, y la segunda, Montevideo, vidimo se! (Nos vemos, Montevideo), el Mundial propiamente dicho, en el que derrotaron a Brasil.

Montevideo, bog te video!

El otro mundial con triunfo celeste, el de 1950, también generó historia cinematográfica. El proverbial desprecio de los estadounidenses por el fútbol (al menos el masculino) está bien documentado: les parece aburrido, les molesta que se pueda empatar constantemente, que haya pocos goles, que los jugadores exageren los golpes recibidos y que tenga poca “violencia” en comparación con los tackles del fútbol americano, las poderosas hundidas por encima de un rival del básquetbol o los palazos del hockey sobre hielo. Y a nivel cinematográfico hay una desidia similar por lo mismo: es un deporte con pocas pausas, con un reloj que incrementa en lugar de bajar dramáticamente a cero, con jugadas sucias y períodos donde “no pasa nada”.               

Pero hay excepciones, y una de ellas es El partido de sus vidas, estrenada en 2005, y que de hecho inspiró la creación de las películas serbias mencionadas. Protagonizada por Gerard Butler, cuenta uno de esos triunfos inesperados de parte del underdog (en criollo, el que “va de punto”) que tanto gustan a los estadounidenses –y a los uruguayos, claro está–, en este caso, el de la selección norteamericana contra Inglaterra en la fase de grupos del Mundial.

El choque tuvo particularidades: era la primera vez que Inglaterra jugaba un mundial, tras romper su autoimpuesto asilamiento del resto del planeta por considerar que no estaban a su altura (qué sorpresa se llevaron), y el equipo estadounidense estaba compuesto sobre todo por inmigrantes amateurs, cuyas historias de vida aquí se exageran y se dramatizan para que el asunto sea más amigable para la ficción. El resultado no fue favorable para esta producción, vapuleada por la crítica e ignorada por el público.

Volviendo a Europa, dicen los alemanes que el triunfo de la selección de Alemania Federal en la Copa de 1954, en la que tuvieron su propio Maracanazo al vencer a la mejor escuadra del mundo en ese momento –Hungría–, fue fundamental para reafirmar la identidad nacional e impulsar anímicamente la reconstrucción del país después de ser derrotados y ocupados tras la segunda guerra mundial. Así que en 2003 contaron esa historia en El milagro de Berna, que intercala la narración del logro deportivo con la de la familia Lubanski, en particular un niño de 11 años criado en la posguerra, y su padre, un exsoldado que acaba de volver a casa después de una década en un campo de prisioneros en Siberia.

En un tono parecido, la película norirlandesa Shooting for Socrates sigue a un niño y a su padre en la previa y durante el partido entre la selección de Irlanda del Norte y Brasil durante la fase de grupos de México 86, quizá el partido de más alto perfil de la selección británica, jugado con el trasfondo del conflicto étnico y nacionalista que el territorio enfrentó durante buena parte del siglo xx.

Un mundial de películas

Incluso por fuera de las historias mundialistas, y también alejándose de Hollywood, el fútbol ha tenido una presencia recurrente en la cinematografía de varios países, sobre todo de aquellos que tienen al balompié imbricado en el ADN nacional.

Y no es algo reciente: ya en la era clásica del cine argentino, en 1948, y con Armando Bó como protagonista, se estrenó Pelota de trapo, basada en los textos del periodista estrella de El Gráfico, el uruguayo Ricardo “Borocotó” Lorenzo, que sigue la historia de Eduardo Díaz, el Comeuñas, un futbolista profesional al que se le detecta una enfermedad cardíaca que lo obliga a cortar su carrera repentinamente, mientras también retrata su infancia callejera.

En 1962, se estrenó en Hungría una película basada en un mito amasado durante la segunda guerra mundial que narraba un partido entre un equipo del ejército alemán y el club ucraniano Dínamo de Kiev, ganado por estos últimos para luego ser ejecutados. Pero la versión más famosa de esa historia la creó Hollywood, en uno de sus pocos éxitos futboleros: Escape a la victoria.

Escape a la victoria

Protagonizada por Sylvester Stallone y Michael Caine, junto a un puñado de estrellas del fútbol mundial ya retiradas, como el inglés Bobby Moore, el argentino Osvaldo Ardiles y hasta Pelé, quienes encarnaban a un grupo de prisioneros de guerra de diferentes nacionalidades que reciben una propuesta de los nazis para jugar contra ellos, lo que aprovechan para escapar, combinando el fútbol con una historia de esas de gran escape que se han visto varias veces en el cine estadounidense.

Del otro lado del Atlántico, en el Reino Unido, en 2002 se produjo y estrenó Jugando con el destino (emoji de bostezo), cuyo título original, Bend it like Beckham hace un juego de palabras intraducible que se lee de forma literal como “doblala como Beckham”, en referencia a las combas envenenadas del mediático volante inglés, pero también juega con el término bender, que los británicos usan despectivamente para referirse a los homosexuales. La película sigue a la hija de unos inmigrantes indios apasionada por el fútbol que debe vencer el prejuicio familiar y social para desarrollar su hobby, para el que además es muy talentosa. Generó un musical y fue todo un fenómeno cuando se estrenó.

Los ingleses también se despacharon con la excelente The damned United, una película biográfica que se enfoca en los fatídicos 44 días que duró el entrenador Brian Clough al frente del Leeds United (luego iría al Nottingham Forest y perdería la Intercontinental con Nacional).

The damned united

También basada en hechos reales, Offside, filme iraní de 2006 que es relevante incluso ahora, se enmarca en las protestas que se están dando en el país asiático. Su trama involucra a un grupo de jóvenes fanáticas del fútbol que intentan colarse a un estadio para ver un encuentro de eliminatorias, en una nación donde las mujeres tienen prohibido entrar a los partidos.

Las uruguayas

En un país tan enfervorizado por el fútbol como Uruguay, su aparición en pantalla –documentales aparte– ha sido relativamente escueta hasta los últimos años.

En 2017 se estrenó Mi mundial, basada en el bestseller juvenil del exfutbolista y escritor Daniel Baldi, la historia de un niño prodigio del fútbol que también habla sobre los peligros del ascenso demasiado vertiginoso y sobre los depredadores que rodean al fútbol infantil, mientras que en este mismo 2022 fue el turno de 9, que sigue a una figura de la selección uruguaya durante un punto de quiebre de su vida y su carrera, que también se mete con las presiones y el costado psicológico del deporte.

Aunque hecha en Argentina, El 5 de Talleres tiene parte del elenco y producción uruguaya, y su director, de hecho, tiene un pie en cada orilla: el argentino Adrián Biniez está radicado en Montevideo hace décadas. Esteban Lamothe encarna a un futbolista del ascenso enfrentado al fin de su carrera y a una vida sin aquello que es lo único que sabe hacer: patear una pelota.

Esteban Lamothe en El 5 de Talleres

Otras películas nacionales tienen momentos futboleros, como dos de Pablo Stoll: Hiroshima y 3. Y algo adelantado a las series futboleras que hoy pululan, como la colombiana Goles en contra, Adrián Caetano dirigió a mediados de los 2000 Uruguayos campeones, que emitió canal 4 y que seguía a los jugadores de Rampla en un momento de crisis del club. El propio director publicó los capítulos de la serie en YouTube, acercando una producción que sigue siendo una relativa rareza para un país que está dominado por el balón.

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