11 de abril de 2011 19:02 hs

Quién diría hace dos años que el nuevo presidente del consejo de administración del grupo y peso pesado del Kremlin, Igor Sechin, cambiaría el destino de Rosneft, pero así ha sido.

En cambio ha trabajado duro entre bastidores para reforzar el papel del Estado ruso en el sector petrolero, y no le ha ido mal del todo.

En un tiempo récord, el habilidoso Sechin logró convertir una compañía deficitaria en el segundo productor ruso de petróleo gracias a la adquisición a finales de 2004 de Yuganskneftegaz, principal filial de Yukos, cuando fue vendida por los tribunales.

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Este anunciado éxito reposa sobre una campaña publicitaria dirigida a los inversores individuales rusos, junto con propuestas hechas a los principales centros financieros internacionales y, según parece, a varios colosos del petróleo. Esta última iniciativa ha sido decisiva para hacer subir los precios.

Le han salido muchos novios. El grupo petrolero indio ONGC, el chino CNPC, el malasio Petronas y el británico BP parecen muy interesados, al igual que Roman Abramovich, primera fortuna de Rusia, y el magnate del aluminio Oleg Deripaska, según fuentes citadas por medios de comunicación europeos y rusos.

Desde el multimillonario estadounidense Georges Soros a la oposición rusa, pasando por los accionistas de Yukos, muchas voces de alzaron públicamente pidiendo el boicot de esta operación porque, según ellos, no hace más que legitimar la turbia política petrolera del Kremlin.

Andrei Illarionov, ex asesor económico del presidente ruso, considera que la entrada en bolsa de Rosneft es un "crimen contra el pueblo ruso", puesto que el dinero no irá a parar a los presupuestos del Estado, sino que, según él, servirá para reembolsar los créditos contraídos para la compra en 2005 del 10% de las acciones del coloso del gas Gazprom.

(AFP)

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