23 de mayo 2014 - 18:15hs

La literatura infantil es un concepto del siglo pasado que está bajo sospecha desde que nació. Autores prestigiosos, como Benedetto Croce y Jorge Luis Borges, se refirieron a ella para denostarla, para negarla, con el argumento de que simplificaba la realidad y la ficción para hacerlas más entendibles o digeribles por los niños, lo cual era una aberración que no había que dudar en condenar. Según ellos, se podía hablar de buena o mala literatura, y lo que se solía entender por literatura infantil entraba en la segunda categoría.

Quienes escriben para los niños y adolescentes no suelen ser considerados como parte de la intelectualidad de una sociedad determinada. Considerada como un género, la literatura infantil tiende a ser menospreciada, como en algún momento le sucedió a la literatura policial o como le sucede a la literatura erótica o a la romántica. El prejuicio dice que si tiene apellido, la literatura no puede ser buena literatura.

De acuerdo al profesor Daniel Nahum, un estudioso del tema desde hace un cuarto de siglo, negar a la literatura infantil es tan estéril como negar a la literatura latinoamericana o a la literatura barroca. A él le parece más interesante analizarla, determinar sus elementos específicos. Señala dos esenciales: la ilustración y la reversión.

Nahum es profesor de litearatura y trabaja en formación docente, dando clases de teoría liteararia y estilística. Tiene formación de posgrado en literatura infantil, y su tesis es sobre “la literatura infantil como género discursivo y no como género literario”. Es autor del libro Introducción a la teoría y crítica de la literatura infantil.

“Infantil significa, etimológicamente, sin capacidad de habla –explica–. La infantilidad del texto debería estar en la ilustración, que, en el mejor de los casos, pasa a ser un texto paralelo, que vale por sí mismo, independiente de las palabras. En el peor, es un texto auxiliar de las palabras, anclando la imaginación del receptor”.

Bien usada, la ilustración es una ventaja, de acuerdo al profesor: “El libro infantil logró lo que el libro para adultos no ha logrado: un objeto sumamente atractivo, partiendo de ilustraciones, tapas duras, lomos labrados.Y cuando los ilustradores son buenos, se logra un texto que enriquece el de las palabras”.

El otro elemento de especificidad que Nahum establece es el de la reversión. Se refiere a las mil y una formas de reescribir un clásico, algo que sucede también en la literatura para adultos, “pero que en la literatura infantil parece ser una constante”.

Por otro lado, en el caso de las obras contemporáneas, “el texto para niños tiene una versión diferente en diferentes sistemas semióticos” dice Nahum, y da el ejemplo del Sapo Ruperto, el personaje del escritor uruguayo Roy Berocay, que tiene su canción, sus versiones teatrales y su historieta. El caso emblemático, a nivel global, es el de Harry Potter, que es libro, saga, películas, videjuegos y más.

Función y confusión

Las versiones de textos clásicos, como Blancanieves o La cenicienta, dice Nahum, han estado matizadas por la mirada del adulto, con un acento en lo moral: “Esa mirada hace que la moral se establezca como una disciplina intrusa que genera una mediación entre en texto y el niño”, lamenta.

Esa intrusión no es deseable porque se aleja de lo que el profesor considera que es la función de la literatura infantil: la estética. “No podría llamarse literatura, de otra manera. Hay una serie de títulos, tipo ‘Ya no uso chupete’, ‘Ya dejé los pañales’, ‘Quiero a mi hermanito’. Eso no es literatura infantil. Son textos de autoayuda. No cumplen con la función creativa del lenguaje”.

Es algo que en Uruguay no se cuestionó hasta hace unos pocos años, hasta que la literatura infantil pasó a ser, desde hace algo más de una década, un fenomeno editorial, con ediciones, reediciones, sagas, colecciones especiales de las grandes editoriales y ediciones más o menos artesanales para todas las franjas etarias desde la más tierna edad.

Infantil uruguaya

La literatura actual en este género, en lo local, es vista con severidad por Nahum. En primer lugar, el profesor desdeña el concepto de que ‘es bueno que el niño lea’. “Como imaginario, podemos suponer que es saludable que el niño lea. Pero para leer, que significa interpretar, hay que enseñar. Ese es el problema”, enfatiza.

“La idea es que si el niño no logra una experiencia de vida y una experiencia estética a la vez, no está leyendo. Debe establecer una conexión vital con el texto, porque si no, no está leyendo, sino pasando la vista por encima de las letras. Si no le enseño a comprender, a relacionar, entonces no va a ser útil”.

En ese sentido, Nahum critica la avidez editorial local con particular dureza: “Presionan a los autores para sacar una cantidad de textos por año, y así han pasado cosas como la de Helen Velando que, de buenas a primeras, parece que nadie se hubiese dado cuenta, tiene 50 páginas de plagio. No se da cuenta el editor, no se da cuenta ella, no se da cuenta el grupo con el que podría estar trabajando, porque capaz que no lo escribió ni ella”.

Eso es así porque “las condiciones de enunciación, en la litearatura infantil uruguaya actual, “están marcadas por un apuro de ventas”.

Nahum también desdeña el tipo de relatos que denomina “la aventurita”, pinturas “fáciles” del interior del país, y también el estilo costumbrista “pequeño burgués, que apunta a la formación de personalidades acríticas, sin reflexión ni análisis sin el tamiz de lo estético” de la autora de best sellers para niñas preadolescentes, Cecilia Curbelo. Entre lo más destacable del elenco de autores actuales uruguayos, señala a Magdalena Helguera y Elvira Olaondo.

En general, Nahum le recomienda a los padres dos cosas; “Desconfiar de los libros muy publicitados (no rechazar sino desconfiar) y leer primero los libros que se le van a dar al niño. Si el texto tiene alguna conexión con el niño que fue el adulto, ahí vamos por buen camino”.

Protagonistas

Cecilia Curbelo (39) es sinónimo de éxito. Su novela La decisión de Camila tuvo diez ediciones, algo inusual en el mercado local. Sus otras novelas siguieron esa senda, ya que logran una conexión muy especial con un grupo importante de niñas y adolescentes uruguayas.

La autora es editora de la revista Upss! del diario El País y cuenta que recibía grandes elogios de parte de su público, incluida una chica que le dijo: ‘es lo único que leo’. Curbelo , que era lectora compulsiva, en su niñez, de textos para niños y para adultos, recuerda que pensó que no estaba bien que una niña tuviera como única fuente de lectura una revista.y Yentonces decidió escribir para ese público, las preadolescentes y adolescentes, y se conectó enseguida.

La autora define su estilo como “realismo fresco” y asegura que nunca le interesó, como lectora, los géneros fantásticos tan en boga, como magia, fantasmas y vampiros.

De acuerdo a la editora en jefe de Random House Mondadori Uruguay, Virginia Sandro, se vendieron 43 mil ejemplares de las obras de Curbelo, una autora que “captó un nicho que no estaba contemplado” y no se refiere a libros exclusivamente para ellas sino que “los leen también los varones para descubrir cómo son las chicas”.

Sandro entiende que la calidad de las propuestas en el mercado local es muy alta, tanto de las editoriales independientes como de las grandes, y que eso es bueno para todos, porque genera un público cada vez más ávido.

Magdalena Helguera es maestra de escuela y les leía sus propios cuentos, sin revelar autoría, a sus alumnos. A los niños les gustaba lo que escuchaban y pedían más. Eso la alentó y hoy tiene 35 libros individuales publicados de ficción para niños.

Helguera cuenta que además de ser su vocación, la estrategia respondía a una necesidad. “No había bibliografía más allá de Los cuentos de la selva, de Horacio Quiroga, Perico, de Juan José Morosoli, Chico Carlo, de Juana de Ibarbourou y poco más”.

Esa realidad cambió, según la autora, que actualmente trabaja en formación docente y sus alumnos son estudiantes de magisterio y de profesorado.

“Podría dedicarme en exclusividad a la literatura infantil, pero ahí tenés que claudicar en muchas cosas. Tenés que terminar escribiendo lo que quiere el editor”, reflexiona. “Si funcionó bien, hago otro parecido. Hay autores que se han repetido, con historias para niños, libros de fúbol, de vampiros...”. Yo, por suerte, no he tenido que caer en eso”.

Helguera es también una estudiosa del tema y es autora de A salto de sapo. Narrativa uruguaya para niños y jovenes y su tesis de maestría trata sobre la “Construcción discursiva del héroe o heroína en algunas novelas uruguayas para niños de la posdictadura”.

Helguera coincide con Nahum en denostar la literatura para niños con fines didácticos: “Es un lastre que nos queremos sacar y nos cuesta. Lo que yo pretendo es que sea una vivencia estética. Yo creo que la literatura te hace más tolerante, más sensible y también más inteligente, porque te hace pensar, en el marco de una vivencia estética, no con un mensaje de obediencia, como era antes, o de un mensaje ecológico, como está de moda ahora”.

Alfaguara es una editorial muy activa en el rubro infantil (supera los cien títulos), con series de distintos colores para las diferentes edades. Viviana Echeverría, editora en jefe de la firma, es especialista en literatura infantil y afirma que no pide especialmente a sus autores determinados textos, salvo algún proyecto editorial como El país de las cercanías, que se le pidió a Roy Berocay.

Alfaguara es líder del sector infantil en el mercado local, pero Penguin Random House, con su escritora estrella Curbelo, y Banda Oriental, Fin de Siglo, Trilce y una serie de independientes como Criatura, Max Pimienta y Topito Ediciones se disputan un mercado que está en un momento muy próspero.

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