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Hollywood, una máquina de hacer remakes que sigue bien engrasada

Volver una y otra vez a las historias que en su momento tuvieron éxito parece ser un vicio que la meca del cine industrial no tiene intención de abandonar

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30 de octubre de 2018 a las 05:01

Hay signos claros. Están en la cartelera de cine, en los portales especializados, en las carpetas de proyectos que los estudios guardan, promueven y financian. Los ejemplos son muchos. El primero: en cines uruguayos se exhibe una película que, además de ser el debut de una famosa artista pop en la pantalla grande, es el refrito número cuatro de una historia de 1937. El segundo:  en los últimos días los portales especializados estadounidenses se llenaron de artículos de que Clueless, una película de los años de 1990, será “rehecha”, algo que despertó lamentos en algunos nostálgicos y aplausos en quienes venden las entradas. El tercer ejemplo: una multinacional del entretenimiento pone en marcha un proyecto con el cual se plantea llevar sus clásicos animados a formatos más realistas, más nuevos e igual de lucrativos. Ya pasó por el País de las Maravillas y la selva, mientras que se apresta a desembarcar en el Sahara y en la sabana africana. 

Es un hecho –un hecho nada nuevo– que la industria cinematográfica estadounidense, la más comercial y masiva de todas, prefiere acoplarse a una idea vieja que ya haya rendido en otra oportunidad, que decantarse por la originalidad y el riesgo de una nueva propuesta. Lo dicho: solo hace falta revisar la cartelera local para encontrarse con Nace una estrella y Halloween, dos títulos que remiten a viejas glorias del séptimo arte.

En Hollywood el remake ya trascendió el concepto de fenómeno y forma parte de una cultura en la que, por más alta que sea la calidad final del producto, subyacen aristas demasiado amplias como para abordarlas en una sola nota de este tamaño. Sin embargo, se pueden al menos esbozar algunas, las más evidentes. 

La primera, la más obvia, es el factor económico. La nostalgia es un arma publicitaria pesada que en los últimos años la industria ha logrado explotar de sobra. Mediante ella es que trajo numerosos éxitos del pasado con la esperanza de ser tan o más redituable en el presente. 

También está el tema de la comodidad. Es más fácil, rápido y, en ocasiones, eficaz tomar un producto ya acabado y gestar una nueva versión sobre esa base. Y por último, pero no menos importante e infinitamente más noble, está la cuestión del homenaje. Cineastas que crecieron admirando determinado cine y que, una vez que alcanzan los medios necesarios, ponen en práctica una serie de ejercicios que no tienen otro cometido que honrar a quienes hicieron que hoy ellos estén sentados en la silla del director. Y de paso, si se puede, agotar localidades.

Oleadas recientes

En general, los remakes salen mal. Tal vez incida el peso de su historia original o, en ciertos casos, la desidia con la que se trabaja el material base, pero es frecuente que las nuevas versiones de las historias viejas terminen siendo más tibias de lo que prometían en sus adelantos. Esto pasó, por ejemplo, con las nuevas adaptaciones de Karate Kid (2010), Pesadilla en lo profundo de la noche (2010), El vengador del futuro (2012), La momia (2017),  Carrie (2013),  La invasión (2007) y varios ejemplos más –sucede sobre todo en el terror, un género especialmente predispuesto a este tipo de relanzamiento de títulos–.

Pero hay varios casos de éxito. Entre los remakes que lograron una calidad de buena a muy buena, esas que de alguna manera oficiaron como replanteos más que dignos de sus producciones de origen, se pueden enumerar a Drácula de Bram Stoker (1992), Los infiltrados (2006), 12 monos (1995), Scarface (1983), Déjame entrar (2010), 3:10 a Yuma (2007) y Temple de acero (2010). Algunos de estos títulos, incluso, lograron tal grado de aclamación y éxito que eclipsaron a su predecesora, como el caso de Los infiltrados e Infernal Affairs, la versión original nipona.

La ola de remakes recientes viene impulsada y exacerbada por Disney, que echó mano a todos sus clásicos del siglo XX para aprovechar las nuevas tecnologías y mostrar sus antiguos universos en un formato renovado. La primera fue Alicia en el País de las Maravillas y siguió Maléfica, con Angelina Jolie, que se centró en la villana de La bella durmiente. Tras ese título –que fue vapuleado por la crítica– siguieron La Cenicienta, El libro de la selva, Peter y el dragón y La Bella y la Bestia. Pero obviamente, no terminará allí: en carpeta están El rey león, Dumbo –con la dirección de Tim Burton–, Pinocho –de Guillermo del Toro–, Mulán, Aladdin, La espada en la piedra, Lilo & Stich y hasta Cruella de Vil y Campanita tendrán su película de “carne y hueso”. 

Si bien para todo eso habrá que esperar unos cuantos meses, en el futuro próximo se divisan varios remakes de clásicos del cine. Entre ellos está Suspiria, la nueva versión de la película de terror italiana homónima que Darío Argento convirtió en un clásico del giallo y que ahora Luca Guadagnino (Llámame por tu nombre) adaptó y Cementerio de animales, una nueva versión del clásico de Stephen King

Con títulos como Escape de Nueva York o Nosferatu en camino para volver a las pantallas, las viejas historias encuentran la ruta allanada para regresar una y otra vez. Si la mitad tiene el éxito que ha tenido Nace una estrella y Halloween 2018, podemos estar seguros de que la rueda seguirá girando y Hollywood continuará aferrándose al pasado para conquistar el futuro. 

De Latinoamérica a Los Ángeles

El cine latino no está ajeno a la avidez de la industria estadounidese por readaptar bajo sus preceptos las historias que tienen éxito. Sin ir más lejos, la uruguaya La casa muda (2010), de Gustavo Hernández, tuvo una versión hollywoodense en 2012. El propio Fede Álvarez comenzó su carrera en Hollywood con un remake: fue Posesión infernal, una nueva versión del clásico de Sam Raimi de 1981. Además, su siguiente película –tras La chica en la telaraña– lo será, ya que reversionará Laberinto, producción que protagonizó David Bowie. 
Volviendo al continente, los argentinos sufrieron (sí, sufrieron) los remakes con las reversiones de Nueve reinas (Criminal, producida por Steven Soderbergh) y El secreto de sus ojos (Secretos de una obsesión). Chile, por su parte, tendrá una versión estadounidense de Gloria de Sebastián Lelio. Está protagonizada por Julianne Moore y dirigida por el propio Lelio. Se llama Gloria Bell y se estrenó en el Festival de Toronto este año.

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