7 de marzo de 2013 11:24 hs

El origen de las palabras, así como el origen de las ideas, está ubicado en sitios remotos, hay que rastrearlo en la historia.

¿Por qué el Hotel Carrasco, que hoy reabre luego de tres años de obra de refacción y reforma, se llama así?

La respuesta se encuentra en el fondo de los tiempos orientales, a inicios del siglo XVIII. Esa denominación honra a Salvador Sebastián Carrasco, tío abuelo de José Artigas, quien llegó a Montevideo desde Buenos Aires en 1726.

Más de un siglo más tarde, su apellido era la forma de refererise a la zona comprendida antes del arroyo homónimo: Rincón de Carrasco.

¿Cómo es que llega a construirse el hotel en ese paraje playero? La respuesta también está lejos, pero esta vez en el espacio: en Ostende, Bélgica.

Cuando el gobierno de la joven república, en 1834, decidió rematar esas tierras, las adquirió Juan María Pérez, reconocido jurista, uno de los redactores de la Constitución. La familia Ordeig, heredera de Pérez, le vende en 1906 terrenos al inversor Alfredo Arocena.

A fines del siglo XIX, Arocena y su familia visitan Europa y en Ostende descubren lo que es un balneario: un lugar costero al que algunas familias se trasladan durante el verano. Allí le prendió la idea de que eso podía replicarse en la costa montevideana.

Las obras del futuro hotel comenzaron en 1912, en plena expansión económica batllista, y nueve años después se inauguró con toda pompa la obra espléndida de los arquitectos Gastón Mallet y Jacques Dunant: tenía 14 arañas de bronce y cristal, adornos estilo Luis XVI, cortinas de seda, comedor calcado del Ritz de París, parqué de roble, enchapados de oro, vitrales, mármol de Carrara por doquier, tapizados con cuero de búfalo, entre otros detalles, financiados con dinero público porque en 1915 la Intendencia entró como inversora. La Suiza de América ahora jugaba a ser Bélgica o la Costa Azul francesa y tenía su propio hotel de lujo sobre la playa.

Luego vinieron décadas de esplendor y luego otras de decadencia edilicia, sintetizadas en las palabras del músico Luca Prodan: “Es medio dark, pero me gusta”, había dicho del hotel en 1986, cuando durmió en sus habitaciones. Cerró a fines de la década de 1990. Se mantuvo solo el casino hasta 2009.

Luego de un proceso licitatorio por parte de la Intendencia de Montevideo, en 2010 la empresa Carrasco Nobile tomó las riendas de la reconstrucción del Hotel Carrasco, que hoy abre sus puertas en su doble formato de hotel –operado por la firma francesa Sofitel– y un casino de vanguardia. El hotel cuenta con 93 habitaciones y 23 suites especialmente equipadas.

Más allá del efecto emocional para el barrio, que recupera de esta forma un verdadero emblema y símbolo (declarado como monumento histórico en 1975), la reapertura implica un golpe positivo al comercio de Carrasco.

El barrio ya sintió un cambio desde el momento mismo del inicio de las obras, cuando un contingente de cientos de obreros comenzaron a darle un movimiento comercial a una zona golpeada desde el cierre del casino en 2009.

Eso dice por ejemplo Pablo Icardi, dueño del kiosco El Faro, ubicado sobre la avenida Arocena. “Lo que vendimos nosotros de agua y refresco a los obreros no está escrito”, dice Icardi a El Observador.

En su caso, además, piensa conseguir publicaciones de diarios y revistas extranjeros para los potenciales clientes visitantes del hotel que van a llegar luego de la reapertura .

También la zona gastronómica ubicada sobre Arocena tiene una visión positiva de la reapertura.

Roberto Mallón, dueño del bar Arocena, reducto de famosos chivitos, también cree que la reapertura del hotel, pero sobre todo la de casino, atraerá mayor cantidad de clientes a su tradicional local, que existe en el mismo lugar desde 1923, casi un hermano menor del Hotel Carrasco.

“Creo que muchos jugadores van a venir al bar”, dijo.

A la vuelta de la esquina, el centro comercial de la peatonal Sáez y de la calle Rostand es otro de los polos de influencia que el hotel puede potenciar con su público.

Allí hay desde restaurantes italianos hasta casas de artículos de cuero, boutiques y casas de peluquería y estética.

Al igual que otras peatonales en la ciudad, la idea es que Sáez funcione como una continuación natural del espacio interior del hotel con el exterior.

Uno de los grandes desafíos de esa zona será el estacionamiento, ya que muchas calles que confluyen sobre Arocena y la Rambla son bastante angostas.

A casi un siglo de su fundación, el Hotel Carrasco sigue marcando el ritmo de vida de uno de los barrios más tradicionales de la costa montevideana.



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