5 de diciembre 2014 - 19:04hs

Creados como tecnología militar y de espionaje, los drones –pequeñas aeronaves no tripuladas– ganan terreno en la sociedad con una multiplicidad de aplicaciones civiles.

En el agro se los utiliza para controlar los cultivos y riegos, la Policía uruguaya, como vigilantes, y Amazon evalúa entregar paquetes a través de estas aeronaves.

A esto se suma la fotografía, rubro que los adoptó como herramienta de trabajo. Hace cinco años, una imagen de la rambla de Montevideo tomada a 120 metros de altura era difícil y costosa de obtener; gracias a los drones hoy es accesible.

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Uruguay desde lo Alto es una empresa uruguaya que ofrece servicio de fotografía y filmaciones desde aviones, helicópteros y minihelicópteros radiocontrolados.

Nació hace poco más de un año y seis meses de la mano de Daniel Stonek, fotógrafo profesional que desde 1987 lidera un estudio que lleva su apellido.

Tiene dos drones cuadricópteros –con cuatro hélices– equipados con motores eléctricos, GPS, cámaras GoPro y radiocontrolados desde la tierra con un sistema de visión directa mediante un monitor.

El primero que adquirió fue el DJI Phantom 1, el cual tiene una autonomía de ocho minutos en el aire, aproximadamente. El segundo es un DJI Phantom 2 y duplica el tiempo de vuelo que su antecesor.

En lugares sin interferencias de objetos y de trasmisión, el alcance puede ser de más de 1 kilómetro y hasta unos 270 metros de alto. No obstante, la Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica (Dinacia) reglamentó la actividad de estas aeronaves y prohibió que vuelen a más de 120 metros.

Visión alta
Desde hace años, Stonek se dedica a la fotografía aérea, valiéndose de helicópteros, avionetas e incluso de grúas de obras. Siempre le interesó poder captar un punto de vista distinto, desde lo alto.

No obstante, usar un helicóptero, avioneta o grúa para tomar la toma perfecta es muy costoso.

Por ejemplo, una inmobiliaria podría recurrir a una toma de este estilo para mostrar la ubicación y entorno de la propiedad. Más allá de sus virtudes, el precio elevado de este mecanismo determinó que pocas empresas pudieran recurrir a este servicio.
Esta limitante provocó que años atrás Stonek buscara una solución.

En este proceso, evaluó varias alternativas. En primer lugar se le ocurrió tirar la cámara al aire, programarla para que sacara muchas fotos en ese transcurso, y atajarla abajo con una colchoneta.

Pero además del peligro del daño que pudiera experimentar el equipo, las imágenes estarían torcidas y el horizonte no estaría definido.

Descartó esa posibilidad, pero su pesquisa no cesó. Inició una investigación de las opciones que había en otras partes del mundo.

Descubrió unos trípodes muy altos, pero no lo convenció su elevado costo y que la cámara estaría a decenas de metros encima de él, lo que le impediría manejarla.

Después, evaluó unos minidirigibles. Estos globos de helio se acercaban más a lo que Stonek quería, pero tenían un inconveniente: el viento los movía a su merced.

Finalmente, incursionó con los drones. Investigó sus usos, funcionamiento y virtudes y consideró que era el medio más adecuado para lo que estaba buscando.

Optó por probar con un dron primario de cuatro hélices –hay otros más profesionales de seis y de ocho– que importó de Estados Unidos.

La elección de este modelo se debió a que quería empezar con uno sencillo y a un precio accesible.

Al principio, lo usó con unos protectores que protegían las hélices de cualquier golpe. “Cuando uno empieza conviene empezar con eso, porque pueden ocurrir accidentes”, aseguró a C&N Emprendedores.

Su aprendizaje fue a base de estudio y experimentación. Le pareció oportuno probarlo en lugares abiertos y con pocos objetos alrededor. Llevó un tiempo acostumbrarse a medir las distancias y a dirigirlo sin que chocara con algún obstáculo. Hoy lo hace a la perfección.

“Ya estoy acostumbrado y ahora no tengo miedo de que se caiga al agua o se dañe”, puntualizó. No obstante, dijo que tiene mucho cuidado y atención para manejarlo.

Un inventor
La vida profesional de Stonek fue muy diversa. Luego de finalizar la secundaria, entró a estudiar Ingeniería en la Universidad de la República.

A los 19 años, comenzó a dar clases de matemáticas en la enseñanza pública y luego en la privada. Fue docente en los colegios Alemán, Crandon y Francés.

Cursó casi toda la carrera de Ingeniería, pero le faltaron unas materias para graduarse. Desde 1980 trabajó en ANTEL como ayudante de ingeniero de obras externas.
En ese entonces, su interés por la fotografía comenzó a crecer y decidió hacer un curso de fotografía en FotoClub.

Definitivamente era lo que le apasionaba y luchó por eso. El organismo estatal le permitía pedir licencia sin goce de sueldo para trabajar como fotógrafo en la temporada estival en Punta del Este.

Doce años después renunció a ANTEL para dedicar más tiempo a su verdadera pasión.
Sus conocimientos en ingeniería, matemática y fotografía fueron el mix clave para fundar Uruguay en lo Alto y trabajar con drones.

Una prueba de esto es la mejora continua de sus equipos. De hecho, la cámara que usa para las aeronaves son GoPro modelos Hero 3 Black y Hero 3+ Black, y una de ellas está alterada.

Estas cámaras pequeñas tienen un objetivo gran angular, conocido popularmente como ‘ojo de pez’, lo cual le produce una leve distorsión a la imagen.

Para filmar y fotografiar trabajos de arquitectura, Stonek optó por cambiarle el lente a la cámara para que las curvas de las líneas verticales, naturales de la GoPro, se vean rectas.

Para esto, tuvo que invertir en un nuevo lente para la cámara. Pero este tipo de aparatos no tiene lentes intercambiables, sino que tuvo que investigar cómo abrirla y cambiarla por el deseado.

“Lo interesante de esto es que logré solucionar la distorsión esférica propia del modelo de la cámara”, aseguró Stonek.

Lo viejo y lo nuevo
El emprendedor tiene dos frentes: Stonek Fotografía, que se encarga de fotografía comercial en diferentes áreas y administra un banco de fotos, con stock de imágenes disponibles para su uso inmediato. Por otro, la ya mencionada fotografía y filmación aérea. Ha realizado trabajos para plantas industriales, establecimientos agrícolas y ganaderos, fraccionamientos, turismo, proyectos de arquitectura e ingeniería.

Por ejemplo, UTE le encargó sacar fotos del progreso de una obra desde arriba.
Para el emprendedor es bastante variable lo solicitado e “influyen las modas”.
“Ahora piden este servicio para fiestas, casamientos”, señaló.

Más que una profesión
Stonek siente que, en su caso, la profesión se mezcla con su hobbie. Le apasiona todo de la fotografía, pero en especial investigar y encontrar esa imagen única. Contó que siempre sale con una cámara de fotos chica en su bolsillo, para poder captar esos momentos.

“Me apasiona el descubrir cosas sonsas, sencillas”, expresó el artista.
Graciela, su mujer, aseguró que es muy difícil salir a pasear con él: “Porque está todo el tiempo atento y mirando las cosas con el ojo del fotógrafo”.

En este punto, Stonek se defendió diciendo que esto se debe a que su trabajo es más que un empleo: es su pasión. “Si me voy de vacaciones, no dejo todo acá y me voy sin cámara. Debería hacerlo, pero no puedo”, señaló.

En sus planes está seguir profesionalizándose y mejorar su equipamiento para realizar fotos aéreas.

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