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Indagarán el papel de casas cambiarias tras la condena a ejecutiva del Banque Heritage

Enviaban dinero a Argentina, una maniobra prohibida para los cambios por el Banco Central

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03 de octubre de 2018 a las 05:02

Una ejecutiva de cuentas que trabajó para el Banque Heritage por 35 años fue condenada este martes por un delito continuado de estafa y de falsificación de documento privado, luego de que reconociera haber extraído entre US$ 1,8 millones y US$ 2 millones entre los años 2003 y 2015 de una decena de clientes de la institución financiera. La mujer fue sentenciada a cumplir dos años y cinco meses de prisión a través de un juicio abreviado al que llegó luego de admitir su responsabilidad en los delitos que se le imputaban, así como por colaborar aportando información a la investigación y entregar bienes que reparan “parcialmente” el monto de la maniobra.

La denuncia presentada por el banco en diciembre estima la demanda en unos US$ 20 millones. De hecho, la institución lleva devueltos a los clientes afectados un monto superior a las US$ 15 millones. Además de la investigación penal, Banque Heritage presentó una demanda civil contra su exejecutiva por un monto superior a las US$ 20 millones.

Los bienes entregados por la mujer, entre los que se encuentran una propiedad adquirida por un monto superior al millón de dólares, alcanzan los US$ 3 millones, según fuentes de la Fiscalía.

A pesar de que la pena solicitada por el Fiscal de Delitos Económicos, Enrique Rodríguez, es de cárcel, la defensa de la mujer –que se mantuvo en libertad durante los casi 10 meses de investigación- solicitó que se postergue su detención hasta tanto sea vista por un médico que verifique si la enfermedad respiratoria crónica que padece no podría empeorar si es enviada a un centro de reclusión. Según un informe médico presentado por la defensa, la ejecutiva –que tosió a lo largo de toda la audiencia- tiene el 96% de su capacidad pulmonar afectada, por lo que solicitaron el beneficio de la prisión domiciliaria.

La jueza, Beatriz Larrieu, aceptó aplazar el cumplimiento de la pena de cárcel hasta tanto sea vista por un médico, de modo de definir si corresponde o no que cumpla su pena en la cárcel o en su casa.

¿El banco contribuyó al lavado?

El abogado de uno de los depositantes estafados, Gustavo Salle, presentó un recurso para que fuera desestimado el acuerdo entre la fiscalía y la hoy condenada, por entender que el Banque Heritage, no es una víctima del proceso, sino responsable de una maniobra de lavado de activos. La jueza no dio lugar a la petición –ya que el Código del Proceso Penal no admite que las victimas se opongan a los acuerdos-, y el fiscal aclaró que la investigación no termina con la detención de la ejecutiva.

De hecho, una de las líneas que lleva adelante el fiscal Rodríguez implica la participación de cambios uruguayos que enviaban dinero a Argentina cuando los clientes de la ahora condenada solicitaban que se extraiga efectivo. Intentarán determinar si esta operativa, que está prohibida por el Banco Central, era normal entre otros ejecutivos de la institución. Para ello, en los próximos días serán citados a declarar los propietarios de las casas cambiarias que participaron de la maniobra.

Desde el banco señalaron que solo la ejecutiva condenada actuaba de esta manera, y adelantaron que a partir de lo sucedido se incrementaron los controles para impedir que esta situación vuelva a repetirse. La institución, además, se comprometió a devolver la totalidad del dinero hurtado.  

La confianza rota

La mujer de 56 años que este martes debió sentarse en el banquillo de los acusados comenzó a trabajar para el Banque Heritage en 1982. Tras 14 años de trabajo intachable, fue ascendida en 1996 al cargo de ejecutiva de cuentas.

Fue así que quedó encargada de administrar los depósitos de clientes de alto poder adquisitivo, en la mayoría de los casos argentinos. Su rol era el de ofrecerles la posibilidad de hacer inversiones para lograr una rentabilizar sus depósitos, que en ocasione ascendían a cifras millonarias.

Entre 1996 y 2017 –año en que fue descubierta la maniobra-, cosechó una confianza envidiable con sus clientes. A menudo la invitaban a cenas, y a festejos tan íntimos cumpleaños de 15.

Muchos de estos clientes pretendían que el trato con el banco fuera lo más discreto posible, y por eso querían tener un servicio de banca por internet, ni que les envíen estados de cuenta. Según admitió la mujer, la razón para esto es que se trataba de dinero no declarado ante el fisco de Argentina.

Si alguno de ellos quería extraer efectivo, entonces se lo solicitaban a la mujer, quien directamente hacía la extracción de dinero con un aval firmado por los clientes. Cada movimiento de sus cuentas, ya sea para hacer retiros, transferir a otras cuentas o hacer inversiones pasaba por ella, ya que los depositantes evitaban presentarse en la institución financiera.

A partir de 2003 la mujer vio una oportunidad para utilizar la confianza que había logrado en su favor. Comenzó a falsificar avales para hacer transferencias a cuentas o para extraer dinero. Quienes se presentaban en el banco con esos documentos apócrifos eran la escribana de la familia, un electricista, un amigo de la infancia del marido, y otras personas allegadas, dijeron fuentes de la investigación.

El efectivo luego iba a manos de la ejecutiva y su pareja, un empresario con varios emprendimientos en el balneario Solis (Maldonado) y exdirigente y mecenas del club de básquetbol Welcome. El hombre se suicidó en noviembre de 2017.

Según declaró la mujer durante la audiencia, decidió estafar a sus clientes para salir de las penurias económicas que vivía la pareja, y pagar deudas del  supermercado y el restaurante de los que ambos eran dueños. Sin embargo, llegaron a extraer US$ 800.000 para comprar una vivienda valuada en más de US$ 1 millón.    

La estafa no fue detectada por el banco sino hasta que un cliente se presentó en el banco reclamando que le entregaran un aval de US$ 1 millón con el que pretendía comprar una maquinaria para su negocio. Según dijeron fuentes de la investigación, el empresario había pedido a su ejecutiva de cuenta que hiciera el trámite pero esta se negó en reiteradas oportunidades.

Es que, según se supo después, de su millonario depósito no había quedado casi nada.

La investigación interna del banco permitió comprobar que las mismas personas y las mismas sociedades aparecían haciendo extracciones a cuentas de personas que formaban parte de la cartera de clientes que administraba la ahora condenada. Fue este estudio el que permitió calcular la maniobra en US$ 20 millones.

Al día después de enterarse de que en su cuenta ya no quedaba el millón que solicitaba para comprar la maquinaria para su negocio, el hombre decidió retirar la queja contra su ejecutiva. La mujer, que seguía teniendo la confianza de su cliente, le había dicho que el dinero no estaba en otra cuenta porque ella lo había colocado en una inversión financiera que le reportaría una importante ganancia. Sin embargo, aquella había sido una mentira más.

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