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La actriz más olvidada de todas

Sin pena ni gloria, se fue de este mundo Sondra Locke, quien una vez fue estrella de cine

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18 de diciembre de 2018 a las 05:03

Para la columna del fin de semana próximo voy a escribir sobre el tema de la instantaneidad de la fama y el olvido con que a veces la historia les paga a muchos que fueron figuras estelares por un tiempo corto o largo, pero que después de muertos cayeron en el vacío de la historia, desapareciendo incluso a la hora de los obituarios. La situación se ajusta a la perfección al caso de Sondra Locke. En la década de 1980, no hace tanto, fue una de las principales estrellas del cine de Hollywood, apareciendo su nombre con reiteración en las marquesinas. Aunque falleció el pasado 3 de noviembre, la noticia sobre su muerte recién se conoció el pasado 14 de diciembre, la cual pasó casi desapercibida. En Uruguay creo que no salió ni una sola mención en los medios informativos.

Cuando tenía 16 años de edad, Sondra Locke tuvo un extraordinario debut en cine, en la película El corazón es un cazador solitario (The Heart is a Lonely Hunter, 1968), obra maestra en miniatura por la forma contenida con que fue contada y que la hace  figurar entre las mejores cinco adaptaciones cinematográficas que se han hecho de novelas clásicas, en este caso, la homónima de Carson McCullers. Por su trabajo en ese filme, Locke consiguió una nominación al Oscar en la categoría Mejor actriz secundaria. Las puertas de la meca del cine se le abrieron de par en par a la rubia de mirada triste y melancólica, que siempre parecía estar a punto de decir algo inteligente. Fue ese precisamente su signo de distinción: tuvo el rostro de alguien que no dice boberías. Y en Hollywood, donde las carilindas carentes de fondo intelectual y emotivo son mayoría, Locke impuso enseguida su marca.

Por las peculiaridades que tuvieron tanto su vida como su carrera, la historia de la actriz nacida en el sureño estado de Tennessee da para escribir un libro, algo que no se ha hecho. Entre 1975 y 1999 fue pareja sentimental de Clint Eastwood, quien la dirigió por primera vez enEl fugitivo Josey Wales (1975), uno de los mejores westerns que se han filmado y que aún mantiene plena vigencia. Juntos hicieron filmes que fueron a la misma vez populares en taquilla, y elogiados por la crítica. No obstante, uno de los mejores, Bronco Billy (1980), tuvo críticas elogiosas pero fue un gran fracaso comercial.

La relación entre Locke y Eastwood terminó de la peor manera, aunque la historia verdadera de su intimidad solo ellos llegaron a conocerla. Tras la separación de la pareja, la vida profesional de la actriz se fue a pique. Intentó revivirla tras las cámaras, dirigiendo cuatro películas que pasaron desapercibidas, la última en 1997. Los últimos 20 años de su vida los pasó en el ostracismo, en el peor de todos: viviendo en el hermoso barrio de Hollywood Hills, pero sin conseguir que nadie la contratara. Ya pertenecía a la peor categoría: a la de los olvidados en vida.

Sin embargo, su lucha principal no fue contra el olvido, sino contra el cáncer, de mama y de huesos, que por muchos años se iba y siempre volvía. A pesar de todo, la enfermedad le dejó algo bueno. En una de las sesiones de quimioterapia conoció al médico que se convertiría en su pareja durante la etapa final de su vida. Quien había dicho que en Hollywood le habían roto el corazón varias veces, murió de un ataque cardiaco.

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