24 de octubre de 2013 17:29 hs

Todo comenzó por un error. María José Siri quería tomar lecciones de saxofón pero por una equivocación en los horarios de la Escuela Municipal de Música de Montevideo terminó en el aula donde se impartían clases de canto. Más de una década después, y con varios premios internacionales en su haber, Siri se ha convertido en la cantante lírica uruguaya más importante del momento.

La soprano, que regresa al país para protagonizar Aída, ha compartido escenario en el mes de agosto con Plácido Domingo y Andrea Boccelli en la gala celebrada en La Arena de Verona (uno de los anfiteatros más grandes del mundo) con motivo del centenario de la institución y en homenaje a Luciano Pavarotti. La artista nacida en Tala, Canelones, ha trabajado además con directores como Gustavo Dudamel, Zubin Mehta y Daniel Barenboim, quien eligió a la uruguaya para interpretar en 2009 el protagónico de la obra de Giuseppe Verdi –con puesta en escena de Franco Zefirelli– en el Teatro de La Scala de Milán, considerado el escenario cumbre para la carrera de un cantante lírico.

La soprano volverá a interpretar a la princesa etíope en la puesta que se realizará en el auditorio Adela Reta del Sodre los días 2, 3, 6, 8, 9 y 10 de noviembre a las 20 horas (en las funciones del 3 y 9 de noviembre el papel será representado por la brasileña Eliseth Gómes). Siri, descrita por Ariel Cazes, director artístico de la institución, como “la gran Aída del momento”, encabezará un elenco de 250 artistas, bajo dirección musical de Stefan Lano y dirección escénica de Henrique Passini, del Palacio de las Artes de Bello Horizonte, Brasil.

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Desde Verona, su ciudad de residencia desde el año 2006, Siri conversó con El Observador –con un marcado acento italiano– sobre sus inicios, el ambiente operístico, su relación con Uruguay y lo que conlleva ser una soprano reconocida a nivel mundial.

¿Como es posible que usted se planteara primero ser pianista y saxofonista antes que cantante?

No me lo planteé, frecuentaba la escuela de las hermanas Capuchinas en Tala, que me enseñaron piano y enseguida me pusieron a tomar clases. En la adolescencia me gustaba mucho el jazz y el blues. Como no pude entrar en la escuela universitaria de música como pianista para hacer la licenciatura porque no podía tocar de memoria todas las piezas, empecé a tocar el saxofón. Después, por un error de horarios terminé en la clase de canto y ahí empezó toda la historia.

¿Cantaba de niña?

Cantaba en la escuela y en el coro de la iglesia y tocaba la guitarra, pero nunca tomé clases de canto ni pensé que iba a ser cantante. Yo soñaba (con serlo) pero me animaba sólo a soñar, ni siquiera a decirlo.

¿Cómo fue el momento en que descubrió que usted había nacido para ser cantante de ópera?

Mi primera profesora de canto me dio un casete con arias de Puccini y Verdi cantadas por Monserrat Caballé. Nunca en mi vida lloré tanto escuchando música, entonces dije “quiero cantar esto”. Tenía 20 o 21 años.

¿Antes de eso no escuchaba ópera?

No, para nada, lo máximo que hice fue acompañar a algún cantante o estudiar partes de ópera en el piano.

¿Como se conectó con la música? ¿Qué escuchaba en su infancia?

Mi padre ama la guitarra, es autodidacta y me trasmitió una pasión muy fuerte por la música y el canto. Me hacía cantar tangos y me aprendía la letra en un día. Como hija única que soy, los sábados era infaltable ver Grandes valores del tango y escuchar folclore. También me acuerdo de un disco de Rafaela Carrá, que escuchaba muy repetidamente.

¿Cómo fue cantar junto a artistas con Plácido Domingo y Andrea Boccelli?

Fue una buena experiencia, sobre todo con Domingo, mi simpatía artística va más hacia él, aunque Bocelli ha llegado con su arte a millones de personas haciendo la ópera más popular y en ese aspecto lo admiro. Pero uno se encuentra con artistas que hace tres cuatro años que cantan y son muy arrogantes y, en cambio, usted se encuentra con Domingo y lo saluda como si fuera el vecino. Los más grandes son los más sencillos, no cambian con la fama, y estamos hablando de una de las personas más importantes de la lírica. Hay pocos con ese nivel artístico y humano.

¿Cuál fue el mejor concierto de su vida?

Una de las experiencias más fuertes fue cuando canté Aída en El Cairo delante de las pirámides de Egipto, donde se estrenó y donde Verdi la dirigió el día de mi cumpleaños, el 24 de diciembre, pero de 1871.

¿Cuál es el público más complicado?

El de la Scala de Milán. Es un público que está predispuesto a que no le gusten los artistas porque se quedaron en las décadas de los 1970, 1980 y 1990, y no aceptan que hay un recambio generacional. Es difícil, pero uno tiene que seguir adelante.

¿Qué es lo más difícil para un cantante lírico?

El viajar continuamente, el tener la presión del cansancio, sin poder llegar a la casa y darle el tiempo al cuerpo y a la voz antes de retomar otra obra. Si uno está fijo en un teatro es más fácil, pero nosotros un día cantamos en un país donde hace diez grados, después tenemos que subir a un avión y pasamos a un verano de 35 grados. Además cambian constantemente los compañeros y los jefes, y el trabajo depende de un instrumento muy delicado como es la voz.

¿Qué siente cuando sale al escenario?

Cantar en un lugar como el Arena de Verona donde hay 15.000 personas que pagaron la entrada, hace que se sienta mucha adrenalina, pero la adrenalina es buena porque a la hora de cantar el cuerpo funciona mejor.

¿Aída es su obra preferida?

Una de mis preferidas.(…) Es la ópera que más he cantado, con las (representaciones) de Uruguay voy llegar a noventa funciones.

¿Cómo evalúa el nivel del canto lírico en el país?

No estando ahí es difícil hablar, pero pienso que es una mina de oro teniendo en cuenta todas las voces que han salido, las que hay y las que saldrán, a pesar de ser un país tan chico.

¿Qué sueño profesional le queda por concretar?

Uno de mis sueños era cantar la Aída en Uruguay, sobre todo para mi padre que nunca me la escuchó. El otro sueño es poder cantar muchísimos años, tener mucha salud. No tengo ningún teatro en particular, me basta con poder vivir de esto por unos cuantos años más.

¿Le gustaría volver a vivir en Uruguay?

En el Uruguay que tenemos ahora no, no volvería ni loca, no me gusta la inseguridad que hay, tengo una hija además. Me gustaría vivir cuando me retire, pero me da pena no el país sino la inseguridad, no acepto que nuestro país haya cambiado tanto.

Obra

Los días 2, 3, 6, 8, 9 y 10 a las 20:00. Precios: entre $300 y $1.900. Duración: tres horas con dos intervalos.

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