11 de abril de 2013 16:24 hs

El Teatro Solís recibió a Chris Terrio con las plateas casi llenas. No es poca cosa que un ganador del Oscar visite el país y de una charla sobre su reciente logro.

Su guión para Argo, –dirigida por Ben Affleck y también premiada como mejor película– fue el foco de una charla que versó desde la génesis del proyecto hasta el debate interno del escritor sobre cómo manejar en cine un tema tan complejo como los problemas políticos entre Estados Unidos e Irán.

Ya sobre el escenario del Solís, la sorpresa de Chris Terrio fue evidente.“¿Estás más nervioso que en los Oscar?”, preguntó Christian Font, que se desempeñó como un más que correcto moderador de la noche. Con sinceridad, Terrio contestó que no.

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Antes de que Argo fuera una película, fue un artículo periodístico. “The Great Escape” –que aún puede encontrarse online– fue publicado en 2007 por la revista Wired, y fue allí donde Terrio conoció la historia.

La primera pregunta a responder fue ¿hay aquí una película? Al encontrar en el relato elementos de comedia y una trama al estilo James Bond, el siguiente paso fue comprobar que lo narrado fuera verdad. “Esta es una historia de personas reales”, afirmó el guionista.

Por eso, según explicó, tuvo que aprender mucho, desde el funcionamiento de la CIA hasta la política de Irán.

La investigación fue un proceso “complicado y largo”, y la revisión fue realizada de manera tan minuciosa que hasta una mención sobre la bebida Gatorade fue respaldada por el archivo.

La abundancia de material periodístico durante la toma de rehenes fue un punto a favor, tanto así que varias imágenes televisivas llegan incluso a aparecer en la película. “El espectáculo mediático terminó siendo una parte integral de esta gran historia”, explicó.

Terrio conoció al verdadero Tony Méndez, que terminó siendo su fuente principal, ayudando a recrear el ambiente exacto de la agencia. “No quería que Méndez fuese Matt Damon en Bourne: identidad desconocida. En esa época, la CIA no era sexy. Era una oficina donde los ceniceros no se vaciaban por días”, contó, interrumpido por risas.

El contexto adecuado también iba para las escenas ambientadas en Irán. en ese caso, Terrio dice que su misión principal era no ser parcial. “Las personas que se manifestaban no estaban locos, no detestan nuestra libertad. Ellos tienen problemas muy específicos con Estados Unidos”, afirmó. Por eso fue crucial para la película explicar que es un drama de personas comunes, y cómo el mundo político los afecta. Para explicar esto enfatizó las escenas donde los manifestantes iraníes sostenían fotos de sus hijos, fallecidos a causa de la milicia estadounidense. “Esa es una imagen universal”, sentenció.

En este sentido encontró el alma de la película en el personaje de la criada de la residencia canadiense y su decisión moral de no delatar a los invitados. Y es su voz la que suena en la introducción.

Según dijo, su escena más difícil de escribir fue una de las que exhibieron en pantalla gigante: la reunión entre el Departamento de Estado y la CIA. “Hay diez hombres alrededor de una mesa y solo tenemos las palabras”, dijo.

Durante las preguntas del público, Terrio comentó sobre su intención de escribir desde el punto de vista norteamericano, pero siempre intentando incluir en pequeños momentos la postura iraní. “Mi mirada es ambigua”, le contestó a Álvaro Sanjurjo, al observar que su guión coqueteaba con ambos polos.

Asimismo, a pesar de tratarse de una película basada en hechos reales, no deja de ser una realidad ficcionada, aclaró. “Los protagonistas reales revivieron sus vidas en la película. Se siente la responsabilidad de preservar la esencia”, explicó.

Sin embargo, y sobre todo hacia el final de la película, lo que prevaleció fue la necesidad de contar una historia. “Los últimos minutos responden más a un estilo. Ben y yo decidimos que íbamos a intentar recrear las emociones que sintieron los seis rescatados y su incertidumbre. Si podíamos recrear esa sensación de tensión que sintieron, ibamos a ser fieles con ellos”, contó.

Para esto, aseguró que volcaron sobre esos minutos finales todos los recursos cinematográficos de la acción y el thriller. “Y sí, se siente como una película de Hollywood pero decidimos tirarnos al agua”

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