El polémico personaje que Cotelo encarna desde hace varios años –y que, entre otras cosas, ya le ha generado otro tipo de problemas similares, como más adelante se repasará–, nació en 2002 en la murga Agarrate Catalina inspirado en Niber, presentador histórico del tablado del Cerro. Más tarde, Campiglia pasó a ser parte del programa Segunda Pelota –que integró en Océano FM–, hasta que el comunicador decidió dejar de interpretarlo tras despertar otras polémicas. A rasgos generales, la representación del personaje es la de un hombre misógino, que insulta frecuentemente y que, según definió el conductor este lunes al aire cuando se disculpó, representa todo con lo que él no está de acuerdo.
Luego de pedir perdón “a cada una de las personas que se hayan sentido ofendidas e insultadas” por sus palabras, Cotelo aseguró que el personaje de Campiglia “vomita ignorancia y estupidez", que tiene un "exceso de miseria moral" y que es "un ventajero sin escrúpulos". "Es un malandra fracasado con ínfulas que muestra su violenta idiotez de manera gratuita. De eso intentamos reírnos y no de sus víctimas", agregó.
Diego Battiste Una discusión profunda
Por supuesto, el conflicto entre los riverenses y Cotelo no quedó únicamente ligado a la órbita judicial o moral ni a lo que se dijera en el programa radial. De fondo, la discusión es filosófica. E histórica. En ese sentido, el pasado fin de semana las redes sociales estallaron con comentarios que iban hacia un lado y hacia el otro. Hay quienes sostienen que el humor tiene límites que no se deberían sobrepasar y que el accionar de los ofendidos fue certero; y otros que dicen que marcar los límites de una sátira sería absurdo, repudian la corrección política en ese campo y consideran que denunciar penalmente a un comunicador amenaza su libertad de expresión. Y, detrás de todo eso, está también la discusión legal. ¿Hasta que punto una denuncia de este tipo coarta o no la libertad de expresión del comunicador?
Para empezar, los especialistas consultados por El Observador coinciden en que el delito al que se hace referencia en la denuncia penal no es tal.
El abogado y decano de la facultad de Derecho de la Universidad Católica del Uruguay, Mario Spangenberg, aclaró por ejemplo que, ante la duda, “siempre se debe favorecer la libertad de expresión antes que restringirla”. El jurista apeló a analizar esta situación por sentido común antes que en términos judiciales, y expresó: “Somos conscientes de que los discursos y mensajes deben interpretarse en clave del rol que usualmente se le asigna a ese tipo de mensaje (humor en este caso). Y en las sociedades occidentales el humor siempre lleva el límite un poco más allá de lo que estamos acostumbrados a decirnos con cara seria”.
En ese sentido, el abogado recordó que si bien no hay ninguna norma que le permita al humorista difamar a otros, hay ciertas previsiones legales que lo amparan. Por ejemplo, el inciso c del artículo 336 de la Ley 18.515. Allí, se exonera de responsabilidades en caso de demandas por difamación e injurias a quien “efectuare o difundiere cualquier clase de manifestación humorística o artística”.
En la misma línea, el abogado y docente Martín Prats –especializado en Derechos Humanos y libertad de expresión y expresidente de Cainfo (Centro de Archivos y Acceso a la Información Pública)– dijo que el artículo 336 es el marco jurídico sobre el que se debe actuar. Entonces, para el abogado, la demanda penal contra los comunicadores “no tiene andamiento”, porque más allá de que puedan ofender ciertos comentarios humorísticos, “están exonerados de responsabilidad penal”. “La ley es clara en ese sentido”, adjudicó.
Por otro lado, Spangenberg explicó qué supone el delito de incitación al odio y apología a los delitos al que se refiere la denuncia de los riverenses. “Esos delitos pretenden proteger a determinados colectivos o categorías que, a nivel del derecho constitucional, se denominan categorías sospechosas de discriminación”, dijo el abogado. El artículo 149 de la Ley 9.155 enmarca dentro de ese delito al que “públicamente o mediante cualquier medio apto para su difusión pública incitare al odio, al desprecio, o a cualquier forma de violencia moral o física contra una o más personas en razón del color de su piel, su raza, religión, origen nacional o étnico, orientación sexual o identidad sexual”. Y, en caso de cometer dicha transgresión, correspondería una penalización de tres a dieciocho meses de prisión.
Para Spangenberg, esa norma protege a colectivos que requieren una tutela particular “porque verdaderamente han sido discriminados a lo largo de la historia” y los riverenses como colectividad quedan por fuera del ámbito de protección de la norma. “Tampoco podemos banalizar esta figura para hacer que allí entre cualquier cosa”, agregó. A su vez, el decano subrayó que “es medio absurdo” que en la denuncia se haga partícipe al resto de los comunicadores porque no repudiaron o impidieron lo que estaba haciendo otro de los integrantes del programa. “No tenés la obligación de evitar que alguien que está al lado tuyo diga algo desagradable”, ejemplificó el abogado.
Diego Vila En cuanto a la posible coacción de la libertad de expresión de los comunicadores, Prats consideró que una denuncia penal puede resultar una amenaza sobre ese derecho y agregó que existen recomendaciones de organismos internacionales de que los conflictos de ese tipo no deben juzgarse mediante la justicia penal. “Con las denuncias existe un riesgo de exceder los límites de la libertad de expresión y eso también puede llevar a la autocensura de quien es denunciado”, explicó también.
En efecto, Spangenberg destacó que la libertad de expresión de los periodistas favorece el ejercicio de la democracia y que por eso el umbral de protección de este derecho sobre los comunicadores debe ser “más exigente que para el resto”. El decano indicó que las partes denunciantes debieron de haber apelado “a la misma libertad de expresión de la que gozó el que emitió el mensaje” y no a la denuncia penal. “La lógica de las democracias es que un discurso irracional o hiriente se pueda contrarrestar con otro que respete a otros valores”, añadió.
En el programa de este lunes, Piñeyrúa dijo que de ser necesario iban a declarar ante la Justicia. Aunque puede suceder que los denunciados no sean citados. Spangenberg explicó que desde el punto de vista procesal, si el fiscal entiende que los hechos que se relatan en la denuncia no ingresan en ninguna figura penal, no tiene obligación de citar a las partes.
¿Por qué una denuncia penal?
El Observador consultó a Roberto Araújo sobre los motivos que los llevaron a denunciar penalmente a los integrantes de La Mesa de los Galanes. “Intentamos al principio contactos con ellos para solucionar esto de manera extrajudicial y avanzamos a través de amigos que hicieron de puente. Pero llegó un momento en el que los mismos intermediarios nos dijeron que uno de ellos dijo ‘lo dije y lo banco’. Entonces entendimos que no había otro camino que recurrir a la Justicia como hace cualquier persona civilizada”, manifestó el escritor riverense y agregó que se asesoraron con dos abogados penalistas de Rivera.
En contrapartida, Cotelo negó esa supuesta comunicación previa y contó que él personalmente intentó hablar con los denunciantes pero no tuvo suerte.
Según Araújo, lo que buscaban por parte de los comunicadores no era una disculpas sino una explicación y un reconocimiento de que se equivocaron. Además, calificó como “muy pobre” al pedido de disculpas de este lunes de Cotelo. “El mal que se hace cuando hay una difamación como esta es imposible de resarcir. Para nosotros culturalmente fue muy grave”, añadió Araújo y subrayó que el cuplé del 22 de mayo no solo dañó a los riverenses. “También afectó a las personas de color, a quienes tienen discapacidad –porque se habla de “retardados”–, y fue mucho más allá”.
Dado que es escritor, se le consultó si no considera que lo que dijo el personaje de Campiglia es parte de la ficción y que, entre ese universo y la realidad existe una línea divisoria. “Yo creo personajes todos los días y puedo decir que confundir el autor con el personaje hace parte de una personalidad psicopática”, indicó el riverense y agregó: "Podríamos pedir una pericia psiquiátrica".
Aunque Cotelo dijo que el personaje representa todo lo que él no es y no se escudó en Campiglia, Araújo sentenció: “El límite que existe entre el personaje y el autor lo va a resolver la Justicia”.
Este lunes a la mañana, Christian Font publicó en su cuenta de Twitter un afiche de la película de El gran dictador de Chaplin y bromeó: “Si se estrenase hoy: "¿Pero cómo vas a ponerte ese bigotito Chaplin? Te fuiste al pasto man ¿No tenés respeto por la gente? No vi tu película pero después de ver esta foto ni pienso verla. Antes eras gracioso pero acá derrapaste mal. Ojalá te quedes sin laburo. Pedí disculpas”.
Ante ese tuit, Araújo expresó: “Hay un problema de determinado sector de la intelectualidad uruguaya de que son megalómanos”.
La denuncia penal se realizó contra los conductores actuales del programa de Del Sol y contra Pablo Aguirrezabal y a Gonzalo Eyherabide, que desde hace meses no pertenecen al programa. Ante eso, Araújo admitió: “Nos equivocamos y pedimos disculpas”, señaló, y aseguró que se debió a que copiaron la información de un sitio web que no estaba actualizado y a que no siguen ni ese programa ni ningún otro de la 99.5.
Del lado del humor
No fueron pocos los humoristas uruguayos que comentaron sobre el tema en redes sociales. Pero sí fueron pocos los que quisieron hablar específicamente para esta nota sobre el caso de Campiglia y el departamento de Rivera.
Una de las que quiso comentar el caso fue María Rosa Oña, quien aseguró que el humor no debería estar supeditado a límites externos, pero que sí debería empezarse a replantear situaciones desde el propio seno de los humoristas. "El humor obviamente no tiene límites, porque uno nunca sabe qué va a hacer reír al otro. El humor visto como arte no debe ser censurado ni tener ningún tipo de límite. El límite lo tiene cada uno, el que consume y el que construye. Hay que empezar a pensar si lo que voy a hacer sirve para algo o simplemente es un chiste tonto. Hay que dejar de reírse del que está por debajo nuestro", dijo.
Sin embargo, Oña aseguró que la denuncia contra el cuplé sí le pareció fuera de lugar. "Todo lo del juicio me parece una barbaridad. Eso deja de responder a los límites del humor y habla de un tiempo político en el que estamos viviendo. Hacerle un juicio a un personaje es más o menos como hacerle uno al Pájaro loco. No se puede censurar el humor porque es un arte. El humor es un acto político, tiene que ser irreverente y molestar., pero hay que ver hacia quién enfocamos esa irreverencia y molestia", concluyó.
Moré, en tanto, fue por caminos similares a los de Oña: para él, si el humor debe tener límites, los debe poner el propio humorista y no el exterior. "Desde el momento en que le ponés un límite desde afuera, creás un monstruo. Creo que el humor sí puede tener límites, pero que estén dados en ciertas circunstancias y lugares. Tenés que entender el público al que te estás dirigiendo. Si vas a animar un cumpleaños de 80 o uno de 30. Ahí están los límites. Pero si vienen de afuera es terrible. ¿Sobre qué base podés decir que está bien o mal? Nos ponemos en un lugar que es cortar 'por las dudas' cualquier manifestación sobre la risa".
“El humor tiene que generar corrosión, tiene que ser molesto. Lo jodido es cuando te escondés detrás de él para ofender y denigrar, que no creo que sea este caso. El que conoce al personaje de Campiglia sabe que es una porquería de persona. Está claro que esto viene alguien que no tienen ni idea de cómo es, que lo agarró fuera de contexto. Estamos demasiado sensibles y te diría que en otro contexto yo podría haber hecho lo mismo. ¿Se le fue la mano? Y, capaz que sí, pero si al humor no se le va la mano, no es humor. A mí no me gusta nada lo que hace Petinatti, pero me molesta mucho cuando dicen que habría prohibirlo en los ómnibus. Si el tipo que está manejando lo quiere escuchar, que lo escuche. ¿Le vamos a cortar las patas porque hace algo que a mí no me gusta?”, concluyó el humorista y actor.
(Producción: Emanuel Bremermann)