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La embajadora política que Tabaré Vázquez cesó dos veces y ahora volvió a designar

El Senado vota este miércoles la venia urgente de Rosario Portell, que será enviada a Vietnam a pedido de la vicepresidenta Lucía Topolansky

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31 de julio de 2018 a las 17:30

Cuando María del Rosario Portell Casanova volvió a cruzar la puerta de la cancillería en mayo de este año hubo quienes la miraron con sorpresa porque durante los últimos tres años le habían perdido el rastro.

Pero para otra parte de los funcionarios diplomáticos que conocen sobre el acontecer político-partidario que trata sobre trayectorias personales no hubo extrañeza. Ya sabían que esta militante frenteamplista de 49 años oriunda de Las Piedras, que perteneció a la juventud comunista (UJC), estaba respaldada por los pesos más pesados del Movimiento de Participación Popular y que, por más que no fuera orgánica, participaba activamente de los foros de discusión sobre política exterior del MPP junto a legisladores y dirigentes del sector.

De hecho, dos meses antes que el Poder Ejecutivo enviara el mensaje al Parlamento para que el Senado aprobara su venia como futura embajadora en Vietnam, algunos de los profesionales de la casa ya se habían enterado de la novedad de su propia boca. Es más, sabían con certeza la razón que explicaba esa vuelta al Palacio Santos: Lucía Topolansky.

La decisión de la nominación de Portell como candidata a la embajada de Vietnam se consumó en un diálogo de dos líneas. La salida de la vicepresidencia de Raúl Sendic abrió un nuevo mundo de posibilidades para el MPP. Fue Topolansky como vicepresidenta quien le sugirió al presidente Tabaré Vázquez la opción de Portell para la embajada que quedaba vacante en Vietnam. El presidente no dudó un solo segundo en tomar la idea de su vice. "No lo había pensado", le dijo mientras se comprometía con el asunto.


La pregunta es si el presidente tenía en mente que él mismo había firmado la remoción de esa funcionaria de confianza política en dos oportunidades durante la última década.

La primera de ellas aparece en una resolución del 24 de setiembre de 2008, en su primer gobierno. Portell había ingresado en la cancillería con rango de ministro el 13 de junio de 2005 junto a una camada de frenteamplistas que Reinaldo Gargano ubicó en puestos jerárquicos ante su desconfianza extrema de cualquier funcionario de carrera que no se declarara frenteamplista.

A Portell le tocó la subdirección de Asuntos Económicos desde donde trabajó en una diversidad de temas. Los profesionales del servicio exterior –sobre todo aquellos que se desempeñaban en la división de tratados- recuerdan como impulsó a instancias de instrucciones políticas superiores, numerosos acuerdos económicos, comerciales y de cooperación entre Uruguay y Venezuela, con notorios vicios de fondo y forma, que por esta razón no pudieron ser implementados ni ejecutados.

Durante esos años también comenzó a trabajar en lo que sería la participación de Uruguay en la Expo Zaragoza.

En marzo de 2008 Gonzalo Fernández asumió la conducción de la cancillería con el objetivo de ordenar la casa. Según consta en el currículum de dos páginas que Portell entregó a la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado a mediados de julio, ella continuó en la Dirección de Asuntos Económicos hasta su cese (el cual se omite en el CV), casi sietes meses después del cambio de ministro.

Portell Astori
Rosario Portell (izquierda) junto al entonces vicepresidente Danilo Astori durante una visita a China, en agosto de 2010
Rosario Portell (izquierda) junto al entonces vicepresidente Danilo Astori durante una visita a China, en agosto de 2010

Lo otro que su currículum –que describe algunas de las tareas que desarrolló como subdirectora– también omite es que había sido designada como subcomisario para "representar y coordinar todas las actividades" de la Expo Zaragoza que se habría de desarrollar entre el 14 de junio y el 14 de setiembre, una "tarea hermosa" y una "muy rica experiencia", según le dijo Portell a los Senadores cuando le preguntaron sobre el tema en 2010. Junto a ella la cancillería también había designado como comisario de la misión a Fabricio Siniscalchi, un hombre muy cercano al presidente que tomó el lugar ante la renuncia de Gonzalo Carámbula, y Ana Rico –en aquel momento subdirectora de la Dirección de Programación Comercial de la cancillería- como enlace con el gobierno español.

Sin embargo, Portell no culminó la misión. Una resolución del 2 de setiembre firmada por el presidente en ejercicio, Rodolfo Nin Novoa, consideraba oportuno disponer el cese de la comisión de servicio de Portell "por razones de buena administración y de contención del gasto". La expo estaba por terminar, pero para nadie pasó desapercibido los problemas de visado de los jóvenes que atendían el stand uruguayo (un restaurante del Instituto Nacional de Carnes), que además denunciaron jornadas laborales de 14 horas sin seguridad social. Ella se desinvolucró del problema: "Todo el personal del restorán fue contratado a través del INAC", explicó en la comisión parlamentaria. Pero en la cancillería hay quienes dicen que en Zaragoza pasaron otras cosas que no salieron a la luz. Consultada por lo que pasó en ese momento y por otros asuntos que se narran en esta nota, Portell dijo a El Observador que para hacer "declaraciones" debía recibir la autorización del canciller.

Portell volvió a Montevideo los primeros días de setiembre y pocas semanas después Vázquez firmó su remoción que ella explicó, un año y medio más tarde, de la siguiente forma en el Senado: "Desde el punto de vista de mi salida como funcionaria política debo decir que el nuevo ministro entendió que no debía estar en el "staff", por lo que dejé de pertenecer al Ministerio de Relaciones Exteriores. Es decir, como mi cargo era una designación política, no se consideró conveniente que yo continuara, pero no por algo en particular de mi persona". Era junio de 2010 y Portell se presentaba en el Parlamento para que el Senado considerara su venia para ser la máxima representante de Uruguay en China, lo cual se cristalizó a fin de mes. José Mujica era el presidente desde hacía cuatro meses.

Otra vez

La segunda vez que Vázquez cesó a Portell fue el 6 de julio de 2015, cuatro meses después de comenzado su segundo gobierno. Eso le costó al estado un poco más de US$ 27.000 por concepto de subsidio.

Si la llegada de Fernández a la cancillería había renovado el aire en el Palacio Santos, la asunción de Nin Novoa luego de la administración de Luis Almagro era un bálsamo para quienes suplicaban por la profesionalización de la carrera, la promoción de los funcionarios diplomáticos de la casa y la limitación de los embajadores políticos.

En las primeras de cambio el novel canciller recibió el pedido de una embajada por parte del MPP. "Hablá con Rodolfo", le dijo Vázquez a José Mujica y eso fue lo que hizo el expresidente. Pero la respuesta de Nin Novoa fue tajante: el espacio para las embajadas políticas en su cancillería era limitado. Con esa declaración en mente, el MPP tuvo su tiempo de revancha en el Parlamento cuando trancó la designación de Luis Hierro López como nuevo embajador en Perú.

Portell había estado cinco años en China en donde trabajó con diligencia, según algunas versiones, y despertó algunos resentimientos. Quienes trabajaron a su lado cuestionan su forma de tratar con el personal que tiene a cargo pero, sobre todo, su falta de preparación para la función. Así lo manifestaron a El Observador varias fuentes del servicio exterior que en contacto directo con ella y así también lo comentó Leonardo Traversoni –un comunista que fue el segundo de la embajada de Portell en China– en el espacio para comentarios de una nota de El Observador sobre la exembajadora. "No ha habido jamás una embajadora tan incompetente, arbitraria y corrupta como la sra Portell en la China. Era el hazmerreír porque creía que hablaba inglés y decía cualquier cosa y exigía volar en primera, en fin, y cosas peores", escribió Traversoni en el artículo publicado el 21 de julio, y El Observador acreditó como auténticos.


Según supo El Observador, Portell y Traversoni tuvieron problemas personales y, de hecho, a Traversoni lo terminaron retirando de Pekín y lo trasladaron como cónsul general a México.

Pero su falta de dominio de idiomas a la hora de representar a Uruguay en el exterior es una crítica común que recae sobre ella, así como el hecho que no tenga un título de grado. En el currículum que presentó en el Senado no se hace mención a ninguna de las dos cosas. De hecho, en ese documento no se dice nada sobre la educación de la exembajadora más que algunos cursos y conferencias a los que atendió, cuyo alcance, profundidad e importancia es imposible de adivinar.

Esto contrasta con la información que tiene en su perfil de la red Linkedin donde dice que estudió Psicología (1992-1996 ) y Negocios Internacionales (1995-1997) en la Universidad de la República. Pero de la forma en que está presentado resulta confuso: el lector no puede saber si se graduó o no. Por lo pronto Portell no figura dentro del padrón de egresados de la Facultad de Psicología y según supo El Observador nunca terminó la carrera. En tanto, desde la Udelar dijeron a El Observador que "Negocios Internacionales" no existe como carrera de grado; la licenciatura que se ofrece desde 1988 es Relaciones Internacionales y forma parte de la Facultad de Derecho.

Luego del llamado de El Observador, este lunes, ese dato desapareció de la página de Linkedin. "Habrá sido un error", confesó minutos antes.

En su currículum tampoco nada se dice de su labor en el sector privado, previa al ingreso en la función pública aunque cuando visitó la comisión del Senado previo a ser embajadora en China dijo que provenía de ese ámbito. El único dato que aparece en su CV es una consultoría, que hizo en 2009, "en análisis de políticas de acceso a mercados del sector de servicios en software bancario". Puntualmente, Portell trabajó con Nicolás Jodal (Genexus) quien en conversación con El Observador la caracterizó como una persona de "origen humilde" y "muy trabajadora".

El sueño de las casas propias

Durante los años como máxima representante diplomática de Uruguay en China –donde comenzó ganando un sueldo de US$ 11.375 más US$ 1610 de gastos de representación y culminó con un salario de US$ 14.040 más US$ 1987 de gastos de representación– Portell viajó alguna vez a España, donde pudo cumplir el sueño de comprarse un apartamento en Barcelona, tal como se lo comentó una vez a un colega.

La exembajadora, cuya inteligencia y sentido de oportunidad para los negocios es destacada por muchos, aprovechó la baja de precios en el mercado inmobiliario español y se compró una propiedad en el Paseo del Calvell, frente a la hermosa costa barcelonesa. El apartamento en el piso sexto tiene sesenta metros cuadrados y consta de tres dormitorios, según la descripción del registro de propiedades de Barcelona. La compra se efectivizó el 22 de setiembre de 2014 y fue inscripta seis meses más tarde.

Durante esa misma época Portell aprovechó otra oportunidad inmobiliaria y compró un terreno en la calle Tabaré, esquina Bulevar Artigas, a metros del Club del Golf. Portell le compró el terreno a la UTE (allí funcionaba la subestación 40) en $ 12.305.505 (unos US$ 439 mil según el tipo de cambio de la fecha). La operación se formalizó entre setiembre y noviembre de 2016, según consta en el registro de la Dirección Nacional de Registros, por un valor superior al de catastro, según se dice en la resolución de UTE.

Era la tercera vez que UTE hacía el llamado a la licitación abreviada para vender el terreno de 300 metros cuadrados, pero nunca se habían presentado otros oferentes dijeron fuentes del organismo.

La exembajadora pensaba construir un edificio de pocos pisos (así lo permite la reglamentación municipal) en ese espacio. De hecho, un decreto de la comuna del 30 de junio de 2017 autorizó a Portell a superar la altura máxima vigente para el lugar, que está en los 9 metros, y alcanzar 11,70 metros. Además le permitió "superar la pendiente en retiro frontal para generar un patio inglés". La validez del permiso, según establece el decreto, es de dos años a partir de la fecha de notificación, por lo cual vence a mediados de 2019.

Uno de los apartamentos quedaría para ella y los otros pensaba venderlos. Sin embargo, según supo El Observador, Portell se quedó sin los fondos para ello y quien pase hoy por la calle Tabaré podrá ver una obra en ciernes. Todavía está en pie la subestación de UTE y en el terreno, que está tapiado por una pared de chapa azul, hay algunos materiales de obra sin usar.

Además de esos dos inmuebles, Portell tiene una casa de veraneo a metros de la playa en Chihuahua (Maldonado).

Camino a Vietnam

Tras cumplirse cinco años en China el gobierno ordenó la adscripción de Portell. Pero no quedó ahí. En esa misma resolución dispuso el cese del cargo de embajadora. Es decir: el gobierno de Vázquez no pensaba contar más con los servicios de esta funcionaria política.

El cierre de su embajada estuvo mediado por el trabajo de una misión administrativo contable del Ministerio de Relaciones Exteriores que no encontró situaciones problemáticas, según supo El Observador.

A partir de ahí Portell dice que se dedicó a asesorar a Topolansky en el Senado. Pero no hizo solo eso, aunque su currículum también lo omita. Entre el 1 de agosto de 2017 y el 2 de marzo de este año –fecha en la que presentó su renuncia– Portell fue contratada como funcionaria de la Agencia de Promoción a la Inversión de la Intendencia de Canelones, en manos del MPP. De hecho, la exembajadora fue una de las integrantes de la delegación que acompañó al intendente Yamandú Orsi a participar en China de una exposición internacional organizada por el Consejo de la Promoción de Comercio Internacional de China en noviembre de 2017.

Dos meses después de su renuncia a la comuna canaria, Portell volvió a ser recontratada por la cancillería como funcionaria política con el rango de ministro. El 11 de julio el Poder Ejecutivo envió al Parlamento una solicitud de venia para designar –de forma urgente– a Portell como embajadora en Vietnam, a pesar de no ser una funcionaria de confianza del canciller, que en una controvertida sesión de la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado tuvo que defender la postulación del Ejecutivo. Esa era la orden del presidente.

"La capacidad y eficiencia que la señora María del Rosario Portell Casanova ha puesto de manifiesto en las actividades desarrolladas a lo largo de su carrera profesional constituye, a juicio del Poder Ejecutivo, un factor evidente de idoneidad para las responsabilidades que el gobierno se propone asignarle como Embajadora Extraordinaria y Plenipotenciaria de la República ante la República Socialista de Vietnam", señala la formalidad.

La embajada en Vietnam –un viejo anhelo de Portell desde sus tiempos en China– esperaba vacante desde hacía nueve meses, cuando el embajador Carlos María Irigaray culminó su segundo prórroga y retornó al país. En ese tiempo fueron dos funcionarios de carrera quienes pidieron la volada en Hanoi: Gerardo Prato, quien acumulaba una interesante experiencia en Asia, y Jorge Cassinelli quien terminó de embajador en Ramala. Pero el lugar estaba reservado con nombre y apellido. Ahora la pelota está en el Senado que este miércoles debe votar su venia.

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