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13 de noviembre 2020 - 16:12hs

En el EnClave de hoy te comparto una columna sobre la relación siempre tensa entre Poder Ejecutivo, cámaras empresariales y sindicatos bajo la consigna de la siguiente pregunta: ¿estamos ante un gobierno pro-empresarios? Luego de muchos años con el péndulo corrido hacia el lado de los trabajadores, ahora se podía esperar un movimiento brusco en el otro sentido. En principio no parece ser lo que suceda y este es mi análisis:

“Hace diez años que un presidente no venía a la Cámara de Industrias”, le dijo este jueves Gabriel Murara, presidente de esa organización, a Luis Lacalle Pou, antes que ambos se sentaran a la mesa en el almuerzo de celebración del Día de la Industria. Si bien el dato no es del todo preciso (en 2012 el presidente José Mujica participó del tradicional almuerzo), esa bienvenida expresa un sentir del sector empresarial: con el nuevo gobierno encuentran una sintonía muchísimo mayor de la obtenida en los últimos 15 años de gobiernos frenteamplistas.

Esta sensación no es exclusiva de los industriales. Esta semana, la consultora Exante divulgó una actualización de la Encuesta de Expectativas Empresariales, que realiza entre 300 ejecutivos de todas las ramas. El 80% de los consultados aprueba la política económica del nuevo gobierno. Lo más importante, de cualquier manera, es el dato sobre el clima de inversión. Después de seis años, los empresarios vuelven a ser optimistas al respecto: por primera vez, desde 2014, lo consideran bueno o muy bueno.

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Este cambio en las percepciones de los empresarios, ¿por qué se da? ¿Es porque el nuevo gobierno es pro-empresarios? El péndulo de las relaciones laborales, que durante muchos años estuvo corrido para favorecer a los sindicatos según el parecer de los empresarios y de los partidos de la coalición multicolor, ¿ahora se movió bruscamente para el otro lado?

Voy por partes para tratar de contestar estas preguntas.

Empiezo por las razones más coyunturales. Apenas asumió el gobierno, la pandemia del covid-19 pegó de lleno a la economía. Y la forma en la que el presidente Lacalle Pou y su equipo abordaron el asunto generó muchísima confianza entre los empresarios.

La encuesta de Exante también lo demuestra. La evaluación de la gestión del gobierno es muy positiva para los ejecutivos: 89% la aprueba, 10% dice tener posturas neutras y solo 1% la desaprueba.

En el encuentro con los industriales de esta semana Lacalle Pou habló de este asunto y dijo una frase que da cuenta de la dimensión que tiene para el gobierno el asunto. “Nuestro grado inversor hoy es el control de la pandemia y por eso tenemos que cuidarlo muchísimo”, dijo el mandatario ante los empresarios. Lacalle, según contaron a El Observador participantes del almuerzo, se mostró muy preocupado por el avance de los casos en los últimos días y dijo que el gobierno va a salir a comunicar, de manera muy fuerte, la importancia de redoblar los cuidados. El temor del Ejecutivo es por los efectos económicos, y sobre todo en el empleo, que puede generar un aumento progresivo de los casos de coronavirus.

En el manejo de la pandemia hay sintonía con los empresarios, que están fascinados con el concepto de libertad responsable impulsado por Lacalle, que no los obligó a bajar cortinas de manera radical. El gobierno sí tendrá un desafío en las próximas semanas si la situación sanitaria sigue empeorando.

Pero no es solo por el covid-19 que las cámaras empresariales sienten la sintonía con el nuevo gobierno. Hay otras razones más de fondo y menos coyunturales.

Una muestra de eso también se dio esta semana con los industriales. En una conferencia de prensa posterior al almuerzo, Murara dijo que varias de las acciones de la nueva administración están alineadas  con las propuestas de la cámara y puso como ejemplo la reglamentación de la ley de Inversiones. Hay otros anuncios del Poder Ejecutivo –que todavía no se concretaron– que han logrado el beneplácito empresarial. Por ejemplo, el compromiso de generar una mejora en la competitividad. El ministro de Industria, Omar Paganini, coincidió en el evento con varios planteos de Murara.

El péndulo no se movió de forma brusca.

El punto más sensible del relacionamiento entre gobierno, trabajadores y empresarios, es el de las relaciones laborales. Allí es donde se juega el partido y donde se pueden sacar mayores conclusiones sobre el rol del Poder Ejecutivo.

Luego de 15 años en los que el Ministerio de Trabajo estuvo bajo la crítica opositora y empresarial por entender que el gobierno jugaba siempre a favor de los sindicatos, con el nuevo gobierno hubo un cambio. Pero no fue radical.

Sin dudas el péndulo se movió. Ya no está volcado para uno de los dos lados. Pero por ahora, al menos, no se movió para el otro bruscamente, sino que se centró mucho más.

Eso fue lo que buscó el presidente Lacalle cuando nominó a Pablo Mieres como ministro. No le dio la cartera de Trabajo a un herrerista, ni a un dirigente con un perfil más conservador, sino a alguien de la coalición que no solo puede tener buen diálogo con sindicatos y cámaras empresariales, sino que además tiene credibilidad en ambas partes.

El presidente también juega su partido allí. En la campaña fue muy claro en las señales a los empresarios: les prometió defenderlos y darles herramientas para que puedan invertir y generar empleos. En  su discurso de asunción  también tuvo gesto con ellos: “Tenemos un compromiso ineludible con mejorar la calidad y el precio de los servicios públicos, ordenar adecuadamente los recursos humanos del Estado, generar un apoyo directo a las micro, pequeñas y medianas empresas, y generar apertura de mercado en mejores condiciones para nuestros bienes”. Eso fue música para sus oídos.

Pero a la vez, cuando ganó, también le mostró a los sindicalistas que puede tener buen diálogo y línea directa con ellos.  Además de Mieres, el secretario de la Presidencia, Álvaro Delgado, también juega un rol importante allí de nexo.

En las relaciones laborales hubo gestos a los empresarios. Luego de años de gobiernos que privilegiaron los aumentos de salario, esta administración puso el foco en cuidar el empleo. Si hay más aumentos es probable que se sigan perdiendo puestos de trabajo. La pandemia ayudó al gobierno a que los sindicalistas apoyaran esta postura.

Si uno ve las votaciones del Ejecutivo en los Consejos de Salarios, es verdad que la enorme mayoría de los acuerdos han sido tripartitos, al igual que pasaba antes. Pero cuando el gobierno ha tenido que laudar, no ha sido solo contemplativo con las posturas empresariales, aunque sí mayoritariamente. Pero en al menos dos acuerdos (transporte nacional y transporte internacional) terminó votando con los trabajadores.

Los sindicatos aún están acomodándose a la nueva realidad. Ya no hay una relación tan estrecha como para coordinar acciones y anuncios previamente –y eso a algunos les puede molestar– pero como hay diálogo y se contemplan sus posturas, tampoco hay un clima de tensión extrema como tal vez se podía prever tiempo atrás.

Soy Gonzalo Ferreira, editor jefe de El Observador. Podés escribirme a este mail por sugerencias y comentarios.
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