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La frontera del horror

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13 de abril de 2018 a las 05:00

Con la idea de Donald Trump de construir una muralla entre su país y México, la frontera entre ambos países es asunto de cotidiana importancia. Sin embargo, de los horrores que se viven a diario en ese lugar del mundo no se informa con la minuciosidad que se debería. Por ejemplo, a poca distancia de la ciudad de Brownsville, Texas, del otro lado del río, hay un recinto, una especie de refugio, que alberga a quienes acaban de ser deportados.

Gente que no tiene a donde ir, ni al sur ni al norte. Quedan en el limbo una vez que las autoridades inmigratorias estadounidenses los mandan de regreso a México. Por casualidad, pues es la forma como la mayoría de los indocumentados es capturada, han vuelto a la nada, después de haberse probado el sabor a una nueva vida, con trabajo y futuro para sus hijos.

De regreso en México, sus opciones laborales son nulas. Algunos dan vueltas y sobreviven como pueden, a la espera de poder volver a colarse en el país que los acaba de expulsar. Otros en cambio, quedan en manos del destino o de los carteles del narcotráfico que controlan la zona fronteriza, una de las peores del planeta en cuanto a inseguridad y desocupación.

Por lo general, en el pasado los narcotraficantes reclutaban la mano de obra a la fuerza. Con una pistola en la cabeza los obligaban a convertirse en integrantes de la banda, amenazándolos con matar a toda su familia si no aceptaban la invitación.

Ahora, en cambio, pueden evitar la presión pues conminan a sus compatriotas recientemente deportados a integrarse al crimen con la promesa que obtendrán extraordinarias ganancias a corto plazo. A cambio de la paga, deben matar, extorsionar y raptar gente.

El cambio de vida es patéticamente violento y, además, una vez que dan el paso adelante ya no hay marcha atrás. Solamente muertos podrán abandonar el crimen.

La frontera méxico-estadounidense es un volcán en erupción, lo cual tiene preocupados a los gobiernos de ambos países, pues con el aumento de las deportaciones aumentará también la cantidad de nuevos criminales que se sumen a narcotráfico, el gran cáncer que tiene esa zona del mundo, más salvaje y sangrienta que en los tiempos de las guerras contra las tribus nativas y de Pancho Villa.

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