La Picardía. Esa región de Francia con nombre tan simpático para el idioma español. Parece inocente, infantil, ingenuo. El toque lúdico sobrevuela sobre su campiña verde donde maduran los cereales y las vacas mugen su propio aburrimiento. Pero el pasado esconde recuerdos oscuros. Un siglo atrás, la Picardía no era un juego de niños, sino una zona donde reinaba un monstruo gigante y voraz que comía miles y miles de hombres.
La batalla del Somme marcó uno de los momentos más horrendos de la historia de la raza humana en el siglo XX. “Fue en el Somme donde los soldados perdieron sus ilusiones sobre la naturaleza de la guerra moderna”, comienza la crónica de la revista The Economist sobre el libro de ilustraciones del dibujante Joe Sacco sobre ese día inicial de la batalla, esa jornada funesta donde la muerte, una vez más, campeó por encima de la tierra al galope.
Sacco acaba de publicar un libro titulado La gran guerra; 1º de julio de 1916, primer día de la batalla del Somme.
El libro consta de 24 ilustraciones bastante apaisadas sobre diferentes momentos de esas primeras 24 horas de conflicto. En un riguroso blanco y negro y con un estilo marcado por años de experiencia y de práctica, Sacco muestra una guerra como todavía no se había visto.
A pesar de que pasó un siglo, y de que ya en esa época la fotografía estaba lo suficientemente desarrollada (así como el cine) para documentar la crudeza de lo que sucedía, las imágenes de Sacco son contundentes, desgarradoras y llenas de sentimiento, pero también son objetivas. La clave de la narrativa de Sacco, que no utiliza diálogos, es la descripción de los hombres que se levantan, forman, desfilan, avanzan, atacan y mueren. Algunos pocos regresan, en su mayoría heridos.
La batalla del Somme fue uno de los epígonos de lo que produjo la llamada “generación perdida”. Cientos de miles de jóvenes europeos y de otros continentes murieron de forma irracional mediante los últimos avances de la tecnología militar. El afán positivista de orden y progreso se había quebrado en mil pedazos. Los trazos de Sacco rescatan ese espíritu, en un libro que es mucho más que cómic.