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Coordinadora de Ollas y Merenderos Paso Carrasco recibiendo el pescado

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La historia de los 454 kilos de pescado (y dátiles) que el príncipe de Abu Dabi le regaló a Lacalle

El pescado llegó el 25 de febrero al Aeropuerto Internacional de Carrasco y se liberó con la actuación de Aduanas y la Dinara el 7 de marzo; parte fue donada siete meses después

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05 de diciembre de 2022 a las 13:26

Hasta la década de 1960, cuando los jeques de los emiratos de la península arábiga que aún eran un protectorado británico comenzaron a sospechar que estaban parados sobre una de las reservas de petróleo más importantes del mundo, lo que hoy se conoce como Emiratos Árabes Unidos era un desierto poblado de tribus dedicadas a los dátiles y los camellos en el verano y a la recolección de perlas y la pesca en invierno.

La explotación petrolera, concentrada fundamentalmente en Abu Dabi y Dubai,  eventualmente los llevaría a convertirse en una economía potente, pero los emiratíes jamás abandonaron la pesca: una tradición profundamente arraigada en su cultura.

El crecimiento demográfico de principios de siglo que llevó a EAU a una población aproximada de 10 millones provocó un aumento de la demanda de productos del mar acompañado por inversiones en la industria pesquera, el desarrollo de la piscicultura en el desierto y la preocupación de los jeques por la seguridad alimentaria.

Esa inquietud le estaba comentando el príncipe heredero de Abu Dabi y actual presidente de los EAU, Mohamed bin Zayed Al Nahyan, al presidente Luis Lacalle Pou el 20 de febrero cuando le anunció que le quería regalar pescado durante una reunión en su residencia. 

“No, no muchas gracias”, respondió el presidente. Pero el jeque insistió. Y volvió a insistir, ante otra negativa del presidente, haciendo énfasis en la calidad de su producción y subrayando que le interesaba que el presidente uruguayo lo probara. Entonces para no pecar de descortés con su anfitrión, Lacalle aceptó y dio la dirección de la residencia presidencial de Suárez y Reyes y el nombre de su custodio, Alejandro Astesiano. 

El presidente Lacalle con el jeque Mohamed bin Zayed Al Nahyan

Antes de culminar su visita también le regalaron una caja de madera con dátiles que le pidieron al embajador Álvaro Ceriani que la enviara por valija diplomática para cargarla.  Lo que jamás sospecharía Lacalle ni los ministros que lo acompañaron en ese encuentro era que, pocos días después, llegarían 450 kilos —un di container— en un vuelo de Gol que aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Carrasco.

"Nunca le llegó el regalo al señor presidente"

Cuatro días después del encuentro entre el jeque y el presidente, una funcionaria del Consulado General de los Emiratos Árabes en San Pablo de nombre Bárbara se comunicó con Astesiano para avisarle que ese día estaba llegando el pescado a Brasil. En el documento de viaje se detalla que era una encomienda diplomática y que el costo total que ya estaba pago ascendía a US$ 3165. 

Al día siguiente, el 25 de febrero, la funcionaria le informó que el cargamento de pescado partiría a las 9:20 desde San Pablo y llegaría al medio día a Uruguay. Sin embargo, tres días después, Astesiano le escribió diciéndole que “nunca le llegó el regalo al señor presidente”

“¿Cómo que nunca llegó?”, retrucó Bárbara. “Los peces fueron enviados en ese vuelo que llegó al aeropuerto el 25/02”, agregó. 

“Acá no trajeron nada. Los esperamos”, le respondió Astesiano.

Pescado congelado que le obsequió el jeque a Lacalle Pou

Entonces la funcionaria del consulado le preguntó si alguien del “equipo” de Presidencia había ido a recoger la carga al aeropuerto.  “Señor Alejandro, ¿pudo verificar?”, insistió 20 minutos después. Y el seguridad presidencial respondió con dos mensajes de audio.

A las tres horas de ese 28 de febrero Astesiano recibió la comunicación de otro funcionario emiratí. En este caso era Muhammad, quien se identificó como personal de la embajada de Emiratos Árabes en Buenos Aires. El emiratí, que era el traductor de la misión diplomática, le dijo que quería saber si había llegado el pescado y “en qué condición” estaba: “congelada o no”. 

Astesiano le respondió que no les habían detallado que debían retirarlo del aeropuerto, que les habían dicho que el paquete llegaba a “la casa del señor presidente”. Y entonces preguntó: “¿está en frío eso? mandaríamos retirarlo”. Muhammad, entonces, le pidió para hacer una llamada. 

Luego de ese diálogo y de enviarle los mensajes que Bárbara le había pasado días antes, Astesiano le pidió “disculpas” por el “mal entendido”.

El 2 de marzo, Muhammad le volvió a preguntar por el envío. Tras tres mensajes del custodio, le vuelve a preguntar si lo podía llamar. “Dame cinco que estoy con el presidente. Ahora protocolo está averiguando también”, respondió. Al otro día el funcionario emiratí le solicitó el contacto de la persona de cancillería “encargada de liberar la carga”.

Astesiano entonces se comunicó con un funcionario de Protocolo de bajo rango a quien le relató lo sucedido y le pidió que interviniera. Un día después, el 4 de marzo, el funcionario diplomático uruguayo le volvió a escribir al custodio para hablar sobre el asunto. “Seré me dijeron que ya estaba con este tema”, le dijo el secretario del Servicio Exterior en referencia a Juan Seré, empresario de logística y comercio exterior además de asesor del presidente. 

Desde el Aeropuerto se habían comunicado con la Secretaría del presidente para informarle que había una carga para Presidencia por la que debían pagar US$ 5000. Nadie entendía de qué se trataba ni porqué pedían tanto dinero. Seré hizo las gestiones con Corporación América para procurar entender qué es lo que estaba pasando. En su memoria solo estaba esa caja de dátiles que no pesaba más de 4 kilos. Pero lo que ignoraba y terminó entendiendo es que además habían 450 kilos de pescado. Entonces se encargó de las gestiones correspondientes con el director de Aduana y otros funcionarios de Presidencia diligenciaron la intervención de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara).

El inspector del Departamento de Industria Pesquera de la Dinara, Fernando Oxandabarat, hizo la inspección en la terminal de cargas del aeropuerto el 4 de marzo de 2022. Allí registró 20 cajas de poliestireno “con envase primario” que en su interior tenían “pescados varios congelados, en su mayoría enteros”, anotó.

Los nombres de los pescados que figuraban en inglés eran los siguientes: Badaa, Grouper (mero), Snapper (cazón), Kingfish (pez luna real) y Spinefoot (siganito). El examen del producto congelado arrojó un “aspecto externo conforme”.

Cajas de pescado congelado que le obsequió el jeque a Lacalle Pou

En una carta fechada el 7 de marzo y dirigida al director de Aduana, Jaime Borgiani, la embajada de EAU en Buenos Aires dejaba constancia que el envío había sido realizado por el gobierno de EAU “en calidad de obsequio” para el presidente. Ese día se realizó la intervención de Aduana, de lo cual quedó un acta cuya observación establece que “dice contener carga diplomática”. Desde que la carga llegó al aeropuerto hasta que se liberó estuvo en cámaras de frío, dijeron fuentes del gobierno a El Observador

El emiratí Muhammad retomó la comunicación ese día para preguntarle si habían recibido el envío. “En este momento retirando todo”, contestó Astesiano finalmente y detalló que eran las 16:32 de Uruguay. 

Coordinadora de Ollas y Merenderos Paso Carrasco recibiendo el pescado

El pescado había sido liberado 11 días luego de su arribo a Montevideo. Parte fue donado a la Coordinadora de Ollas y Merenderos Paso Carrasco, que lo recibió el viernes 21 de octubre, según informó la organización de sus redes. La donación se realizó más de siete meses después de su llegada a Uruguay. Hay otra parte que aún se conserva en la cámara de frío de una empresa cuyo dueño es conocido de la Presidencia.

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