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La historia del Canario Álvarez: carácter, gol y orgullo de San Bautista

Es el último de los juveniles que debutó en Primera división y todos quienes lo conocen desde hace años, dicen que tiene un futuro notable; el Canario Álvarez creció jugando con Pellistri y son hermanos de la vida

Agustín Álvarez junto a Facundo Pellistri en la puerta del CAR de Peñarol

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26 de septiembre de 2020 a las 05:03

A fines de enero de este año, Diego Forlán lo pidió para que comenzara a entrenar en Primera división. Hasta allí, la carrera de Agustín Álvarez Martínez, de 19 años, el goleador histórico de los últimos años de las inferiores de Peñarol, habían transcurrido todos en las formativas.

Aquel chiquilín que había hecho baby fútbol durante tres años en Vida Nueva de su ciudad, San Bautista en el departamento de Canelones, comenzaba a hacerse conocido. Con apenas cuatro años lo llevó su padre Juan Carlos para que fuera sumándose de a poco con niños dos y hasta tres años mayores.

Agustín Álvarez a la izquierda, junto a Facundo Pellistri, en el medio, en AUFI de River Plate

Lo que sucede es que con su hermano mayor, Facundo, jugaba siempre y su papá quería que se fuera integrando de a poco. Entonces habló con el técnico que era su amigo, Danilo Villalba. “Traémelo sin problemas”, le dijo. En su primer partido contra un rival de Santa Rosa hizo un gol y después salieron campeones. No importaba la diferencia de edad.

El hijo pródigo de San Bautista por el que todo un pueblo vibra, experimentó un salto grande, pero a la vez, esperado. Había trabajado años de su vida para llegar a donde llegó. Así es el Canario Álvarez, como lo conocen todos desde niño. Laburante, pícaro, encarador y con el arco rival como meta.

Agustín Álvarez jugando en AUFI de Peñarol en 2012

Le tocó estar por primera vez en el banco de suplentes en el último amistoso previo al inicio de la temporada, el 8 de febrero en el Estadio Domingo Burgueño contra Deportivo Maldonado, cuando Jonathan Urretaviscaya se lesionó.

Un buen tiempo había pasado desde que Mario Zipitría lo vio en AUFI de River Plate junto a Facundo Pellistri.

Agustín Álvarez junto a Facundo Pellistri en AUFI de Peñarol

Cuentan que la amistad entre ambos era tal, que pese a ser un niño de 10 años, Pellistri puso como condición para pasar a Peñarol que el Canario también fuera. Pero esa era la intención primaria, que los dos pasaran a los aurinegros. Y así sucedió.

“En AUFI de River se formó una sociedad impresionante entre ellos dentro de la cancha y hoy son hermanos de la vida. Tenemos una muy linda relación con la familia de Facundo”, explicó Juan Carlos a Referí.

Agustín Álvarez defendiendo a AUFI Peñarol

El primero en recibirlo en el club de las 11 estrellas fue Néstor Goncálvez, quien estaba a cargo de la captación de futbolistas y hoy es el jefe de captadores del interior. Rodolfo Catino, actual vicepresidente del club, también fue importante en su llegada.

Además de ellos también arribó entonces Agustín Álvarez Wallace, el otro Agustín, el volante quien ya había debutado el año pasado en Primera con Diego López como entrenador.

Agustín Álvarez defendiendo a AUFI Peñarol

De allí pasaron a la Escuelita de Peñarol a esa edad, 10 años, y fueron dirigidos por Juan Gandolfo –actual responsable de la captación en Montevideo– durante dos temporadas, acompañado también por Martín García, quien luego los llevaría a la Séptima división, luego de que Goncálvez los fichara a los 13 años. La Escuelita del club daba sus primeros pasos cuando Juan Ahuntchain era el coordinador de las inferiores.

“Ya desde chico era un jugador bastante completo. Con su crecimiento, le pega muy bien en los tiros libres, cabecea bien, es bueno técnicamente y demuestra que tiene condiciones”, explicó Gandolfo a Referí.

Agustín Álvarez defendiendo a AUFI Peñarol

Agustín no era aún delantero como lo fue después, el botija récord de las inferiores con 113 goles en 170 partidos.

“Jugaba de enganche con un panorama bárbaro arriba, una visión de gol muy grande y muy buenas condiciones, con un juego picaresco, de campito y se veía que con trabajo iba a mejorar”, agregó Gandolfo.

Agustín Álvarez defendiendo a AUFI Peñarol

Agustín, al igual que Pellistri, hizo todo el proceso desde Preséptima hasta llegar a Primera en Peñarol.

“Su padre lo traía a las prácticas a Montevideo, lo esperaba y luego lo llevaba de regreso. Es complicado para la gente que trabaja”, comentó Gandolfo.

Pero, como todo en la vida, hubo algún momento de altibajos. Así lo recuerda Juan Carlos, el papá de Agustín.

Agustín Álvarez junto a Facundo Pellistri en el primer viaje a Alegrete, Brasil, en 2012

“Con Juan (Gandolfo) tengo una muy buena relación, pero hubo un momento en que él tenía su opinión muy respetable, y cuando se estaba formando la Preséptima, Agustín jugaba muy poco. Si bien la camiseta tiraba y quería seguir en Peñarol, al no ser tenido muy en cuenta, me volvieron a llamar de River y estuvimos a punto de volvernos. Para eso fue muy importante Néstor Goncalvez. Él habló conmigo y me dijo ‘esperá, dame 24 horas para solucionar el tema y que se quede en Peñarol’. Y así fue. Luego de unas prácticas sin ir, volvimos”, explicó.

E insistió: “Habíamos tomado la decisión de irnos. Con 13 años, Agustín ya tenía su personalidad y nos comentó a la madre y a mí que le iba a demostrar que con él estaban equivocados. Era un niño hincha de Peñarol y no entendía mucho por qué se tenía que ir”.

Agustín Álvarez junto a Facundo Pellistri en el primer viaje a Alegrete, Brasil, en 2012, con Néstor Goncálvez

Humilde, responsable, le encantaba el fútbol y tenía como meta llegar a Primera. Y lo consiguió. Ha ido madurando y creciendo y se desarrolló futbolísticamente.

Su primer técnico en competencia oficial fue Martín García en Séptima división.

Hasta ese momento, Agustín había hecho la escuela en su ciudad, pero cuando empezó en Séptima, el liceo debió hacerlo en Santa Rosa, por lo que entre ida y vuelta hacía todos los días 20 kilómetros, volvía al mediodía, almorzaba apurado y su padre lo llevaba los 65 km que lo separan del CAR. Claro que de nochecita, había que hacer otros 65 km de vuelta. Con el cambio de liceo, se separó de todos sus amigos de años de la escuela.

Agustín Álvarez junto a Facundo Pellistri en la gira de la Quinta división por China

Mientras su papá lo llevaba y esperaba todos los días sin interrupción, su mamá Andrea cuidaba el comercio que tienen desde hace un buen tiempo en el centro de San Bautista.

Martín García lo define así: “Se destaca por contar con una técnica impresionante. Juega de ‘9’, pero siendo más chico lo hizo de doble cinco, de enganche, de media punta. Siempre se destacó por su inteligencia en la cancha, patea con las dos, cuenta con buen juego aéreo, muy buen timming, se mueve sin pelota, genera espacios para los compañeros. Se aburrió de hacer goles”.

En aquel equipo del Tato García, Pellistri jugaba como puntero por derecha y al meter el pase atrás a la media luna, siempre llegaba su amigo de toda la vida para definir.

Agustín Álvarez en las inferiores de Peñarol junto a su amigo, el artiguense Enzo Lemos (abajo) y Jair O'Neill, actualmente en la Cuarta división aurinegra

Otro de sus amigos en el fútbol, aún permanece en la Cuarta de Peñarol. Se trata de Enzo Lemos. “Le dicen Jona chico porque es muy parecido de cara a Jonathan Rodríguez”, recuerda García.

Desde muy joven, Agustín es de los más bromistas del plantel. “Es un pibe bárbaro, siempre tuvo claro dónde quería llegar. Los padres hacían un gran sacrificio en traerlo desde San Bautista”, concuerda con Gandolfo.

La llegada de su hija Julia

A los 16 años, Agustín fue papá de Julia. “En el momento fue complicado para asimilarlo, pero lo llevó muy bien. Hoy en día, esa niña son los ojos de su abuela y míos. No nos queremos despegar, como tampoco Agustín y su pareja”, dice Juan Carlos.

“El otro día, con esto de la burbuja sanitaria, me escribió que la extraña un montón, ya que obviamente, como viajan por la Copa, no ha podido verla. Asumió el papel de padre con todas las responsabilidades, algo que no es fácil a esa edad. Mamó bien los valores”, agregó su papá.

Agustín Álvarez junto a Facundo Pellistri en la selección de AUFI

En sub 16 ya con el Chueco Perdomo como entrenador, fue campeón uruguayo al ganarle dos finales a Defensor Sporting. Los violetas habían ganado el Apertura y la Anual, y Peñarol el Clausura. Por eso debió vencerlos dos veces. Y lo consiguieron.

Más de una vez le pidió a Perdomo el favor de poder posar con Julia en la foto del equipo y el histórico jugador campeón de la Libertadores de 1987 con Peñarol y capitán de la selección campeona de América de ese año en Argentina, por supuesto que le dio el permiso.

Agustín Álvarez como capitán de Peñarol en 2019 en unos amistosos en Ecuador con José Batlle Perdomo como técnico

Es poseedor de un carácter fuerte, se preocupa mucho en corregir sus cosas cuando no puede hacer goles. Se enojaba con los técnicos, como todos los goleadores, cuando le tocaba salir para cuidarlo para otro partido.

Cuando jugaba con Perdomo, le pedía permiso para quedarse a pegarle a la pelota en los tiros libres y practicar tiempo extra para perfeccionarse aún más.

Con la llegada de Julia, llegó también la citación de Alejandro Garay para la selección sub 16. Fue a jugar dos partidos en Córdoba y convirtió cuatro goles, tres a Talleres y uno a Belgrano.

Agustín Álvarez en 2019 con Peñarol en Ecuador en unos amistosos

Sus representantes le alquilaron una casa en Solymar, cerca del Centro de Alto Rendimiento (CAR) y allí se iba a entrenar en bicicleta. Hasta no hace tanto hacía eso, ya que en Primera está hace unos meses y lo lleva normalmente Luis Acevedo quien se mudó para esa zona.

El primer viaje en avión lo hizo con la Quinta división a jugar en China con Adrián Colombo como técnico. Fue una experiencia enriquecedora, más que nada, para que se fuera dando cuenta de lo que era el ritmo internacional.

Es goleador, muy potente por arriba, no se amilana si le pegan una patada, al contrario, se agranda más, pero aún es un botija y ahora compite con hombres que tienen más mañas que él. 

A Perdomo siempre le pedía los penales y le decía que no lo iba a defraudar. Quería ser goleador.

El presidente de las divisiones formativas de Peñarol, Pablo Torres, lo ha seguido mucho en toda su carrera.

“Ha crecido mucho en su forma de jugar. Aprendió a pivotear, ya no solo a llevar la pelota o a desbordar. Hay mucho mérito de él”, dijo el dirigente a Referí.

Y añadió: “Al igual que hace Federico Valverde, Agustín mira mucho fútbol y trata de mirar todo lo que puede para aprender”.

El último año que jugó en Vida Nueva, con siete años, hizo 60 goles. Y eso que en esa época se suspendían los partidos cuando se le sacaba una diferencia de ocho tantos al rival.

El Canario unió a toda una ciudad. “De San Bautista es el primero que llega a Primera división de cualquier club. Un orgullo muy grande para el pueblo. La gente está muy contenta y una cosa que nos pone muy felices a nosotros, es que no hay camisetas. ‘Agustín me hizo gritar un gol de Peñarol’, me dijo el otro día un amigo hincha de Nacional. Y yo le digo a mi hijo: ‘Tenés un pueblo atrás’”.

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