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La iglesia Cristo Obrero de Atlántida

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La iglesia de Dieste: un hito de la arquitectura uruguaya que ahora es Patrimonio de la Humanidad

La iglesia de Atlántida, ubicada en el km 164 de la Ruta 11, fue diseñada en 1952 por Eladio Dieste y construida entre 1958 y 1960

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28 de julio de 2021 a las 05:01

“Esto es un logro de todo el Uruguay”. Así fue como Esteban Dieste, hijo del ingeniero Eladio Dieste, eligió definir lo que sucedió este martes con parte del legado de su familia. Lo hizo desde el centro mismo de la iglesia de Atlántida, y tiene sentido que haya sido así: la declaración por parte de la Unesco de la iglesia Cristo Obrero como Patrimonio de la Humanidad es un hito para la arquitectura nacional, y también funciona como una nueva revalorización para la obra de un hombre que es venerado dentro y fuera de fronteras.

El templo canario, ubicado en el km 164 de la Ruta 11, en Estación Atlántida, fue diseñado en 1952 por Dieste y construida entre 1958 y 1960. Durante los últimos años estuvo en la nómina de los edificios seleccionados para ser tenidos en cuenta por el Comité de Patrimonio de la Unesco, y este martes 27 eso finalmente pasó.

Así, desde esta semana Uruguay cuenta con tres lugares en la lista de Patrimonio Mundial de la Humanidad. En ese sentido, la iglesia es el primer edificio uruguayo en esa lista, y se suma a dos conjuntos arquitectónicos nacionales que ya estaban en la selección: la ciudad vieja de Colonia del Sacramento (1995), y el Paisaje Industrial de Fray Bentos, el exFrigorífico Anglo (2015).

Fachada de la Iglesia Cristo Obrero de Atlántida

Para la obra de Dieste, estar en esa lista implica pasar a ser considerada por el organismo internacional como un sitio de "valor universal excepcional" y que debe ser preservado, ya que refleja los logros culturales, sociales y artísticos de la humanidad, o bien se trata de espacios naturales que deben ser protegidos por contar con cualidades únicas.

En caso de ser necesario, los países que cuentan con sitios decretados como Patrimonio pueden solicitar fondos para su preservación, restauración o cuidado, a la vez que genera un compromiso internacional para la protección de estos sitios. De hecho, un lugar puede perder su lugar en la lista si sufre alteraciones excesivas o se deteriora, como sucedió hace algunos días con el puerto de Liverpool, en el Reino Unido.

Detalle de la iglesia de Atlántida

Uruguay asume, en tanto, la responsabilidad de proteger la iglesia al tiempo que se genera un nuevo interés sobre el edificio.

De líneas abovedadas y ladrillos a la vista que realzan su belleza arquitectónica, la iglesia de Atlántida había sido postulada por Uruguay en 2019, y se destacó en la candidatura por su "técnica innovadora" y la "reinterpretación moderna" de un tipo de edificio tradicional. Según la Unesco, la pila bautismal sería el único elemento de la construcción que necesita trabajo de restauración.

Detalle de la iglesia de Atlántida

La construcción se distingue por sus paredes y techos ondulados, el color rojizo de sus ladrillos y la ausencia de columnas o vigas. Su diseño es característico de la obra de Dieste, cuyos edificios materializan la belleza abstracta de funciones matemáticas. 

El ingeniero, uno de los máximos exponentes de la arquitectura uruguaya, aseguró que la iglesia "fue pensada de modo que todos se sintieran comunitariamente actores de la liturgia". "Los medios y materiales usados (...) son humildes como los fieles para quienes la iglesia se construye, pero han sido tratados con un desvelo que aspira a ser el homenaje que estos humildes merecen", afirmó en una conferencia recogida en el sitio de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República de Uruguay.

Esta construcción no es la única que lleva su firma en el país: hay cerca de 150 edificaciones creadas por su empresa constructora, fundada en 1954, en todo el territorio nacional. Tampoco es la única que ha sido elevada a la consideración de la Unesco, dado que en otras ocasiones ya se habían propuesto un puñado de obras representativas entre las que figuraron la mencionada iglesia en Atlántida, la de San Pedro, en Durazno, el Depósito Montevideo y su vivienda familiar, en la calle Mar Ártico 1227, entre otros.

Interior de la iglesia

"¿Qué puedo decir?", le dijo Esteban Dieste a El Observador luego de conocer la noticia. "Hace un rato dije que me saltaba el corazón y creo que todavía me sigue saltando. Es una emoción muy grande, emoción por ser oriental como decía mi abuelo Eladio (el padre de mi padre), porque creo que esto es un logro de todo el Uruguay, de su cultura, de su población de inmigrantes, como el caso de mis abuelos". 

"Somos un país que siempre ha tenido un muy buen nivel en arquitectura. La de los años 1920 y 1930 en Uruguay es de una calidad a nivel mundial. La arquitectura moderna que empieza en Europa y que de algún modo se ve interrumpida por la segunda guerra mundial, acá en Uruguay tuvo la oportunidad de desarrollarse", contó.

"La obra de mi padre es de una originalidad muy grande. Está enraizada en una cultura nuestra sin mirar demasiado a los países desarrollados, y eso mi padre lo tenía como un principio", concluyó.

Esteban Dieste

Los otros dos sitios

El primer sitio uruguayo que ingresó a la lista de Patrimonio Mundial de la Humanidad fue el barrio histórico de Colonia del Sacramento, en 1995.  Fundada por los portugueses en 1680, la ciudad vieja fue incluida en la lista de la Unesco por “ser un ejemplo eminentemente representativo de un tipo de construcción o de conjunto arquitectónico o tecnológico, o de paisaje que ilustra uno o varios períodos significativos de la historia humana”.
Veinte años más tarde, Uruguay alcanzó su segundo nombramiento: el paisaje cultural e industrial Fray Bentos, donde se encuentran las instalaciones del antiguo frigorífico Liebig’s-Anglo.
La inclusión, fechada en julio de 2015, fue habilitada por el Comité de Patrimonio dado que el lugar “atestigua un intercambio de valores humanos considerable, durante un período concreto o en un área cultural del mundo determinada, en los ámbitos de la arquitectura o la tecnología, las artes monumentales, la planificación urbana o la creación de paisajes”.
El sitio completo abarca 275 hectáreas e incluyen la estructura del frigorífico, los muelles sobre el río Uruguay, el área que en su momento se dedicó al pastoreo, las casas de los funcionarios y sus lugares de esparcimiento.
(El Observador y agencias)

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