Marcelo de Souza en 2023

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La insólita pregunta que lo llevó a Peñarol, los días en la cárcel, el calor de Irán y los 5 títulos uruguayos; la vida de Marcelo De Souza

A los 15 años jugó en la C; cuando debutó de titular en Racing hizo un gol y lo echaron; marcó un gol en la Bombonera y disputó seis finales del Uruguayo
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25 de noviembre de 2023 a las 21:12

Marcelo De Souza fue cinco veces campeón Uruguayo con Peñarol (1995, 1996, 1997, 1999 y 2003). Jugó seis finales, cinco frente a Nacional. Marcó frente a Defensor Sporting el gol que cerró el quinquenio aurinegro en 1997 con la victoria 3-0.

"Mis amigos me dicen que ese gol no sirvió para nada, porque habíamos ganado la primera final y la segunda la íbamos ganando 2-0; pero cada vez que recuerden el segundo quinquenio, mi nombre va a aparecer en ese gol", dijo De Souza a Referí.

Marcelo de Souza en 2023

Es de los pocos jugadores que defendieron a equipos en la A, la B y la C, y que convirtió goles en las tres. Defendió a equipos de cuatro países extranjeros y dónde más sufrió fue en Irán, donde se fue a los cuatro meses.

Fue uno de los nueve jugadores presos por la pelea en el clásico del Clausura 2000. Actualmente trabaja y hace el curso de Entrenador. 

Debutó en Platense, en la C, con 15 años

Marcelo De Souza nació entre la Unión y Villa Española, cerca de la sede del club Platense, en el seno de una familia numerosa y muy futbolera. Sus hermanos mayores, Jorge y Julio, también llegaron al fútbol profesional.

Los De Souza son cinco hermanos. Jorge llegó a jugar en Miramar, pero una lesión de rodilla le cortó la carrera. Julio, también conocido como Pelé, se inició en Miramar y defendió entre otras las camisetas de Defensor, Alianza Lima y Danubio.

“Había una diferencia de edad entre nosotros. Julio me lleva 12 años y Jorge 11. Entre ellos sí jugaron juntos de niños”, recordó Marcelo, quien comenzó en baby fútbol en el Cilindro y después pasó por varios equipos.

Marcelo en su segunda epoca en Platense

“El primer año en el Lucero, el equipo que estaba en General Flores y Chimborazo, muchos años en el Cilindro donde ahora está la cancha de Rentistas de baby, en Industria y Centenario. Después un año en el Alumni, el Cilindro desapareció y fui a El Hornero y el último año de baby en la Sagrada Familia”, repasó.

Luego del ciclo en baby fútbol, defendió a Wanderers en Séptima y Sexta división. Cuando empezaba Quinta, se fue.

“En 1991 jugué en Platense, en la C. Increíblemente con 15 años debuté en Primera. Era bravo, aquellos tiempos eran difíciles. Jugué el último partido contra la Luz, en la vieja cancha de La Luz”, dijo De Souza.

Creció jugando al fútbol todo el día en un potrero y cuando llegó a Platense, “había una persona que era el técnico, muy respetado en el ambiente del carnaval también, un murguista muy conocido, que fue el primero que me enseñó un montón de cosas en el fútbol: el anticipo de cabeza, de pie, me agarraba en la placita y me enseñaba. Yo tenía 15 años y aprendía cosas que no sabía, pero que después me sirvieron para el resto de mi carrera. Fue mi primer gran profesor en la técnica de marca”.

Por  su hermano Julio, que entonces ya tenía varios años en Primera división, tenía admiración, respeto y diferencias futbolísticas: “El era un tipo dotado técnicamente y yo era totalmente lo contrario, pero fue lo que nos tocó”.

Al año siguiente de su debut en Platense se fue a probar a la Cuarta división de Racing: “Justo ese día que fui no entrenaba la Cuarta, solo Tercera y Primera. Me quedé ahí en Tercera y seguí yendo, y a las dos semanas me ficharon en el club. Ahí empezó todo en Racing”, dijo De Souza.

El consejo de la Pocha Fernández

Además de sus propias condiciones, haber quedado en el club de Sayago se lo atribuye un poco a la suerte y mucho al consejo que le dio Luis Fernández: “Yo era segundo año de Quinta y llegué a la cancha de Racing y entrenaba Tercera. Me hicieron entrenar igual con ellos. Me acuerdo claramente que terminó la práctica y estaba la Pocha Fernández, aquel 9 mítico de Racing y le pregunté qué hacía, si me iba o seguía en Tercera. Me dijo unas palabras que me quedaron grabadas; ‘seguí viniendo acá, no preguntes nada’. Y así hice, seguí en Tercera y a las dos semanas estaba en el plantel con 16 años”.

A mediados de 1993 el técnico Ricardo “Tato” Ortiz lo subió al plantel de Primera, pero no debutó. Ese año Racing descendió y para la temporada siguiente en la B asumió como técnico Adalberto Rodríguez. “Faltando 10 minutos del primer partido me hizo debutar en Primera y se dio que al otro volante lo echaron. Al partido siguiente me tocó debutar de titular. Fue un debut soñado y no tanto. Jugamos contra Cerrito y tuve la suerte de convertir el gol a los 88 minutos con el que ganamos 1-0, pero en el festejo quedé frente a la hinchada de Cerrito. No fue una incitación a la hinchada ni nada, solo un grito de gol de un gurí de 18 años que jugaba el primer partido de titular y que convertía el primer gol en Primera. Se armó un tumulto bárbaro y me echaron. Debut, gol y expulsión”, recordó.

Racing hizo una buena campaña en 1994 y De Souza fue uno de los mejores jugadores de la temporada en la Segunda división. “Eso me valió que Nacional, Peñarol y Defensor se interesaran en mi. Además fui citado a una sub 20 que después no tuvo competencia”.

Fue la generación que integraban entre otros “Flores, De Los Santos, Gaglianone, Richard Nuñez, Recoba, el Tony, Magallanes, que a la larga muchos de esos jugadores llegamos a Primera y varios consagrados”, y que se quedó sin jugar porque Uruguay fue suspendido a raíz de inconvenientes que tuvo la Sub 20 en el Mundial de Australia 1993.

La pregunta que definió su futuro

Para decidir en qué club iba a continuar su carrera en 1995, De Souza hizo una pregunta poco común para un futbolista: “Pregunté quién había sido campeón ese año y me dijeron Peñarol, los últimos dos años. Entonces voy a arreglar con Peñarol”.

“En ese tiempo solo me interesaba por Racing, no me llamaba ningún equipo de la A, me daba lo mismo cualquiera. No era que uno no fuera hincha de alguno, sino que yo como un gurí que era, me encerraba en mi equipo. Yo jugaba en Racing y vivía para Racing y no me interesaba más nada”, aclaró De Souza.

Claro que con los años cambió su forma de ver el fútbol: “Después que llegué a Peñarol, el recibimiento que me hicieron, gente que yo conocía a través de mi hermano, lo que era el club, cambié. Hoy si no soy el hincha número 1 de Peñarol, soy el uno y medio. Hoy Peñarol es mi vida”, expresó.

Llegó a Peñarol, un mundo nuevo en todo sentido. “En Racing yo cobraba $ 2000 por mes y llegar a Peñarol y ver la infraestructura que tenía. Quedé maravillado con las  instalaciones, la ropa, las pelotas, la forma de trabajar, porque teniendo materiales trabajas de otra manera. Incluso fui el primer refuerzo de Peñarol para 1995. A la semana vino el Lucho Romero”.

El técnico aurinegro era Gregorio Pérez, a quien recuerda como su padre en el fútbol. “Llegué con 19 años a Peñarol, en una época donde los jóvenes no tenían tantas posibilidades como hoy, que a los 16 años están debutando. Era más complicado el fútbol, aparte de que había cinco suplentes y menos cambios. Era más difícil y mayor la competencia para estar en el plantel. Tenía adelante nenes con su nombre, que a veces pesaba más que un juego. Gregorio conmigo fue espectacular, aprendí mucho con él, me dio la posibilidad de debutar en un equipo grande y siempre voy a estar agradecido, no solo por haberme llevado al club, sino de las cosas que me enseñó para la vida, para uno mismo”.

En aquel tiempo De Souza jugaba de volante y en el mismo puesto estaban “Dorta, Reherman, Baltierra, Ruben Pereira, Gonzalo De Los Santos, el Nico Rotundo, incluso el Caballo de los Santos jugaba de volante, porque cuando debuté en Colombia, por la Libertadores, él jugó de 5 y yo de 8. Era mucha la competencia para tan pocos lugares, entonces había que hacer el triple esfuerzo que hoy, que tenés dos o tres nomas”.

De Souza en la selección, en su debut ante Perú y perdió 3-1 en el Centenario en 2004; Munúa, Sorondo, Pablo García, Marcelo De Souza, Guigou, Lembo, y abajo, Marcelo Sosa, Pandiani, Richard Núñez, Chevantón y Pacheco

A la vida del club se adaptó rápidamente, porque “cuando llegué me hicieron sentir como en mi propia casa, siempre fui bien tratado, trataban de enseñarme el club, la historia, la camiseta, cosa que hoy no las encontrás en un equipo grande, no hay referentes que te marquen el camino cómo es el club. Yo por suerte en aquel tiempo tuve muchos jugadores en actividad, campeones de América en el 95, y lo que hacía era tratar de mamar lo que hacían y decían. Es otra de las cosas que se ha perdido, escuchar a los grandes, no imitarlos, pero no cometer los mismos errores que ellos cometieron, porque algo te hablan, porque ya lo vivieron”.

Nelson Gutiérrez, el Gallego Ferro, Pablo Bengoechea, Óscar Aguirregaray, eran jugadores que marcaban el camino en esos años. “Ellos habían estado con los de 1987, y los de 1987 con los de 1982, y así sucesivamente. Venían con todo eso, cada uno venía con la enseñanza de gente que había vivido cosas importantes. Era más fácil, porque te enseñaban y uno estaba abierto a aprender. Hoy lo que quieren es jugar tres partidos en Primera e irse a Europa para hacer plata. Nosotros teníamos una consigna: primero ganá, que la plata viene sola. No quieras ganar plata y después ganar”.

Los 10 días preso que lo marcaron

De Souza fue protagonista de muchos clásicos calientes contra Nacional, con supremacía de Peñarol en la cancha. “No es que nos sintiéramos ganadores, pero teníamos confianza que no perdíamos. En el 4-3 y 3-2 (Clausura y final del Uruguayo 1997) teníamos la certeza que no los íbamos a perder, aún estando en desventaja futbolística. Porque Nacional jugaba mucho más que nosotros, siempre fue así, Nacional jugaba y Peñarol metía, pero nosotros teníamos la convicción que no lo íbamos a perder. Así dimos vuelta muchos partidos y ganamos muchos campeonatos”, recordó.

Eran partidos “cerrados, muy apretados, muy forzados, ahí se ponía la estirpe de su equipo, tanto nosotros como el rival. Ellos venían con su juego de siempre y nosotros con el nuestro. En aquellos tiempos prevalecía el nuestro. Lindos de jugar, no sé si de ver”.

El clásico del 26 de noviembre de 2000 por el Torneo Clausura quedó en la historia porque al final se armó un trifulca monumental entre los jugadores que terminó con nueve jugadores y el técnico de Peñarol presos durante 10 días, procesados por riña.

La misma noche del clásico quedaron detenidos los aurinegros Julio Ribas (técnico), Darío Rodríguez, José Enrique De los Santos, Marcelo De Souza, Martín García, Fabián Césaro y Federico Elduayen . Y los tricolores Richard Morales, Marco Vanzini y Mario Regueiro.

“La gente te pregunta, ¿cómo te podés pelear dentro de una cancha?. Pero es fácil cuando uno lo mira de la tribuna, sentadito comiendo un chorizo, tomando una coca y con las pulsaciones en 15. Adentro estás a 1.000 pulsaciones sin pensar en lo que pasó sino en lo que viene y cualquier roce o chispita puede terminar mal. Y más en aquella época, ahora como tenés el VAR entrás predispuesto a otra cosa, a jugar de otra manera”, señaló De Souza.

De Souza en la pelea del clásico de 2000

Aquello fue lo peor que le pasó durante su carrera. “Ir preso por una pelea que había pasado miles de veces, algo insólito, más allá que había un antecedente de Rampla que también estuvieron detenidos en Cárcel Central. Pero fue absurdo porque nos pusieron la carátula de riña, que era de 3 meses a 2 años de prisión. Nos juzgaron como a cualquier persona con esa carátula”.

Sin embargo, “nosotros no teníamos pena, solo que estábamos procesados por riña, pero salimos del juzgado como yo salgo de mi casa a la vereda, llegamos y estuvimos 10 días como nada, en el sentido que todos los días nos decían ‘mañana salen’ y nunca salíamos. Fue todo una farsa que se creó alrededor de ese problema”.

Lo positivo de aquella experiencia fueron las amistades que le quedaron: “Con el Chengue (exjugador de Nacional) somos muy amigos, hablamos, hay proyectos juntos en AIFA, una asociación de fútbol amateur. Rescatar eso y lo que fueron los compañeros que siempre estaban, apoyaban. El presidente del club, Damiani, que nunca nos abandonó. Paco Casal también estuvo pese a que la gran mayoría no éramos jugadores de él, Tenfield también. Hubo otra gente que nosotros molestamos antes de que se dictara una sentencia y lamentablemente no tenían tiempo para atendernos a nosotros, pero después sí estuvieron para ir con las cámaras y saludar cuando estábamos presos. No doy nombres, pero fue una persona muy importante del país. No era que no queríamos asumir la responsabilidad, pero no era para que nos procesaran con prisión”, subrayó.

El fútbol después de Peñarol

De Souza jugó en cuatro países diferentes y el primero fue en China, en 2001, cuando defendió al Tianjin Teda. “Fue una grata sorpresa de lo que era el país en aquellos tiempos. Antes de viajar no  tenía la noción de cómo sería, porque no había la información de hoy. Era ir a ciegas. Pero es un país hermoso, una ciudad hermosa”.

Regresó a Peñarol, al que defendió en 2002 y 2003, y al año siguiente fue transferido a Vélez Sarsfield.

“No tuve un pasaje como el que hubiera deseado, jugué seis meses. Rescato el trato del club, de la gente, aún tengo vínculo con jugadores que compartí ese tiempo y también haber convertido un gol en la Bombonera”.

Marcelo De Souza en Vélez

De Vélez saltó a Instituto de Córdoba, “una ciudad muy hermosa pero la gente y el club que me tocó muy difíciles. A los seis meses decidí volverme a Uruguay”. En el siguiente semestre defendió a Deportivo Colonia, antes de llegar a Danubio en 2005.

Volvió a jugar a Platense en la B a mediados de 2006 y a fin de año partió al Vida de Honduras.

“Estuve seis meses, me fue muy bien. Tuve la oportunidad de quedarme en el Olimpia, que es un club grande, tenía un precontrato firmado, pero cuando vine a Uruguay un mes de vacaciones, me salió la oportunidad de irme a Irán”.

No era el único uruguayo en aquel país porque entre otros jugaron Gerardo "Karibito" Morales, Barlocco y Góngora, pero sí fue el primer uruguayo en convertir un gol en aquella liga para en Sanat Naft.

“Un país totalmente diferente a lo que puedas escuchar o ver. Otra cosa es vivir ahí. Muy complicado. Vivía en una ciudad frontera con Irak y Kuwait, pero yo pasaba en el hotel porque hacía mucho calor 53, 54 °C, con el desierto al lado. Era difícil por la vida de ellos, la religión, por todo lo que tenés que cumplir. Uno no está acostumbrado a tantas reglas, no puede ser que haya casi 60 grados y tengas que andar de pantalón largo porque por ley no te dejan andar de bermudas o musculosa. Está bien que son sus reglas, pero es muy difícil. Aparte la gente está siempre predispuesta a una pelea. Estuve cuatro meses y me fui. Tenía contrato por un año”.

De Souza en Instituto de Córdoba; el penúltimo de los parados

Defendió a Durazno FC con todo el glamour: el gerente era el argentino Alejandro Nannini y el mánager el publicista Gaby Álvarez. Permaneció un año y se fue a Deportivo Maldonado con Julio Ribas, donde jugó dos temporadas.  

En el club fernandino perdió una semifinal con Boston River en el estadio Charrúa, y al año siguiente fue contratado por el Sastre.

Luego comenzó un periplo por distintos clubes del Interior del país. San Carlos, Piriápolis… “Prácticamente me había retirado, no quería jugar más y Canadian me ofreció un dinero como para que no dijera que no; acepté y estuve tres meses en la B”.

En los siguientes tres años defendió a Atlántida Junior.

Actualmente, con 48 años, De Souza trabaja en el Palacio del Café y realiza el curso de entrenador: “Yo había decidido no ser técnico principal, me gustaba más ser ayudante, pero ahora me picó el bichito. Empecé el curso hace dos años y ahora quiero terminarlo, ver que es lo que puedo hacer. Pasar experiencias, porque más allá que ha cambiado el fútbol, no ha evolucionado mucho. Hoy se juega menos y se corre más que hace 20 años. Voy a tratar de trasmitir a los jugadores el profesionalismo hacia el deporte, el club, los compañeros, a tener valores y después tratar de poner en práctica una táctica, un modelo de juego”. Ese es su objetivo actual.

El pasaje por la selección y la falta de hidratación

De Souza disputó dos partidos con la selección uruguaya en las Eliminatorias para el Mundial de Alemania 2006. Convocado por Jorge Fossati en 2004, jugó contra Perú en la derrota 3-1 en Montevideo y frente a Colombia  en la derrota 5-0 en Barranquilla.
“Hoy los equipos, los entrenadores, los preparadores físicos, tienen mucha más gente alrededor del jugador y de los equipos que te hacen más fácil jugar en ciertos lugares. Después de mucho tiempo hablé con Valenzuela que era el profe, y me decía que el error nuestro en ese partido fue que cada vez que se detenía la jugada, no tomábamos agua. Estábamos como si fuera un partido normal en un lugar normal, y ellos sí se hidrataban mucho. Fue el gran error nuestro, no hidratarnos”.

La pandilla de los De Souza

Cada vez que tenía un día libre o un tiempo de licencia en el fútbol, Marcelo y sus hermanos iban a trabajar con el padre.
“Cada vez que terminábamos la temporada con Julio y con Jorge, sin importar en el equipo que estuviéramos, íbamos a trabajar con mi viejo, que tenía una pandilla de carga y descarga. Cuando yo jugaba se trabajaba mucho con la Funsa. No lo hacíamos por necesidad, sino para ayudar al viejo porque era algo que habíamos hecho toda la vida. Cuando teníamos días libres íbamos para ahí”, contó Marcelo.
Dice que a veces la gente los veía y se sorprendía: “Pero vos jugaste en Peñarol, ¿qué haces trabajando? Pero te pensás que nací adentro de una cancha de fútbol, o adentro de Peñarol. No, el trabajo no denigra a nadie, al contrario”.
Su hermano Julio es hoy el dueño de la empresa familiar, pero Marcelo ya no trabaja con ellos, sino que lo hace en el Palacio del café.

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