La izquierda vive un acercamiento sin precedentes con el agro

Es momento de consolidar una alianza por el crecimiento de Uruguay, hay clima para lograrlo

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31 de mayo de 2015 a las 05:00

Este mayo será recordado como el de un acercamiento sin precedentes entre la izquierda uruguaya y el sector agropecuario en general y ganadero en particular. Esta semana que empezó con el encuentro entre Tabaré Vázquez, Tabaré Aguerre y la cúpula de la Asociación Rural, terminará con la presencia del presidente en el congreso de la Federación Rural, adonde concurrirá el ministro de Ganadería en funciones, Enzo Benech.

Es el corolario de un conjunto de señales que el gobierno viene dando hacia el sector agropecuario desde que conformó el gabinete y que tiene en este fin de semana su señal más fuerte.

Por un lado la conformación del gabinete generó una señal favorable. La permanencia del ministro Aguerre, el cambio en Cancillería –Nin Novoa además de moderado es un productor agropecuario que sabe de la necesidad permanente de abrir mercados–, así como la confirmación de la línea económica del Ministerio de Economía, generaron una sensación de pragmatismo y predisposición al diálogo que allanó el camino.

Luego siguieron otras señales. La suba del dólar que permite recuperar competitividad y amortiguar parcialmente la baja de precios, la fluidez en la exportación en pie que ha sostenido el precio de los terneros y la velocidad de reflejos para responder a una situación de sequía, que otras veces fue minimizada y ahora fue usada para dar una señal de sintonía con el objetivo de sostener la producción.

Claro está que lo que une es la certeza de que vienen tiempos difíciles para la economía uruguaya y para el sector agropecuario. Por un lado el precio internacional de lácteos y granos cae, por otro Brasil accede a mercados donde Uruguay vendía relativamente cómodo su carne.

El congreso llega con el anuncio del ministro Astori que confirma lo que era presumible: vienen tres años de crecimiento bastante menor al que traía la economía uruguaya. No se llegará a 3%. Y tanto el gobierno como los productores saben que vienen dos años muy difíciles por delante. Ya no estará el motor sojero rugiendo. La producción lechera atraviesa una situación todavía más crítica: China dejó de comprar leche en polvo hace un año, Venezuela dejó de pagar por sus quesos hace seis meses, los lácteos de bajo precio abundan en el mundo y los países petroleros no pueden pagar más que US$ 2.000 por tonelada de leche en polvo que un año atrás valía US$ 5.000.

Así las cosas, el sector ganadero adquiere más relevancia. Ha permitido un buen posicionamiento de Uruguay en el mundo a través de la trazabilidad, ha escapado bastante bien a la baja de las materias primas. En realidad ha dejado de ser una mera materia prima. Es una de las cartas clave que tiene el país para sostener un crecimiento mayor al 2% que es lo que se programará para el presupuesto y será un muy buen desempeño si se cumple en este contexto de baja de las materias primas.

Es así no solo porque la trazabilidad nos da un diferencial importante, sino también porque la población de vacunos de Uruguay es la mayor de la historia. A eso debería agregarse que la situación de la carne ovina es tan firme o más que la de la carne vacuna y que el precio de la lana se está moviendo en forma contracíclica: sube mientras todos los demás precios están muy bajos. Además, con una ganadería sólida, se sostiene territorialmente una situación de solidez en más de 90% del territorio y se derrama actividad a toda una serie de sectores económicos desde la industria a los servicios.

Si algo de bueno tiene la adversidad es que habilita a la caída de prejuicios de uno y otro lado. Así se puede ir archivando el estereotipo que parte de la izquierda urbana ha sostenido (el productor no interesado en la tecnología, insensible socialmente, el oligarca, etc, etc) y se puede también superar el arquetipo de que un gobierno de izquierda solo buscará recaudar lo más posible del sector rural devolviendo lo menos posible.

Es momento de consolidar una alianza por el crecimiento de Uruguay, hay clima para lograrlo, los sectores que se opondrían a eso no tienen hoy el peso suficiente como para trabarlo.
Pero para que se pase de las buenas intenciones a las señales contundentes el agro precisa levantar al menos dos restricciones fuertes que afectan a las expectativas a la hora de tomar decisiones. Por un lado, la traslación de precios a lo largo de la cadena cárnica debe ser más transparente. Por otro, el abigeato debe ser considerado un delito sin atenuantes, como una rapiña. Y se deben dar soluciones.

Si esos dos factores son tomados en lo concreto, la ganadería puede recuperar la ilusión de una faena anual de tres millones de vacunos y ser el gran motor que sostenga junto a la forestación, el turismo, el software y otros sectores emergentes un crecimiento mayor al promedio de América del Sur.

De esa manera se puede sostener creíblemente la dinámica económica y dar vigencia al dicho que se pronunció en los albores de esta etapa de crecimiento: a las adversidades, la vaca les gana.
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