10 de octubre de 2013 15:51 hs

La ganadería de carne ya está viviendo una de las primaveras más favorables que se puedan desear en materia climática. El buen tiempo se prolonga por más de un año.

Un viaje ocasional para un encuentro con amigos nos permitió el fin de semana pasado recorrer más de 300 kilómetros por el interior del país. El paisaje fue envidiable, con el verde intenso en cada sitio que pudimos apreciar.

El trigo creciendo y esperando el partido que se juega en los próximos días en la floración de las plantas. Las praderas y verdeos en su mejor expresión. Los animales desde la ruta se visualizan gordos. Los tambos por los que pasamos ordeñando a full, y los terneros y vacas por parir consumiendo también forraje suplementario.

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Hay máquinas transitando por las rutas nacionales y en los campos sembrando los primeros cultivos de verano. Más en campaña, por caminos vecinales, vimos los alambrados reparados y hasta una entrada de estancia en construcción. Todo es movimiento, aunque debimos esquivar una mulita en el camino.

Cuando llegaron las últimas precipitaciones y se disipó la preocupación por la escasez de agua en algunas zonas del país –estábamos en plena Expo Prado– compartimos la opinión de que se trataba de una lluvia milagrosa: la que permitiría sostener los tres millones de terneros. Y así parece ser.

Ahora viene el segundo tiempo de este partido de la ganadería de carne porque llegados los terneros, con pasto y comida suficientes, el problema pasa a ser la vaca con la cría al pie y el próximo entore.

¿Qué hay que mirar, registrar y decidir?, se preguntó Graciela Quintans, reconocida investigadora del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) en el último número de la revista de INIA publicado esta semana.

La técnica, que lidera los talleres de evaluación de los diagnósticos de gestación vacuna de INIA Treinta y Tres, respondió que “hay que mirar cuidadosamente las vaquillonas del primer entore y asistirlas en caso de ser necesario”. Agregó la atención a las vacas al parto para disponer si es necesaria una alimentación diferencial y registrar los nacimientos, aunque no sea día a día.

Luego, al pensar en medidas de manejo en el posparto para aumentar la tasa de preñez, enfatizó en la revisación de los toros, mantener una carga adecuada y aplicar el destete temporario y el precoz. A esta última herramienta la calificó de “altamente eficaz para aumentar la tasa de preñez”.

En la enumeración, Quintans citó la suplementación de corta duración (20 a 30 días) a vacas de primera cría asociada a un destete bifásico, es decir, una combinación de destete con tablilla y destete a corral.

La técnica de INIA subrayó la utilidad del diagnóstico de actividad ovárica, ecografía de mitad de entore o monitoreo del entore, “ya que permite cuantificar el grado de ciclicidad del rodeo”. Por último, señaló la necesidad de realizar recorridas periódicas durante el entore para detectar problemas que pueden ser rápidamente corregidos, como el comportamiento de los toros.

Entre las consideraciones finales de Quintans, cabe rescatar una: “... frente a un año con altas probabilidades de contar con muchas vacas con cría al pie no hay que bajar la guardia, sino redoblar los esfuerzos para que en este nuevo servicio se logren alcanzar altas tasas de preñez”.

Los precios históricamente altos, la demanda de carne vacuna en los mercados que se mantendrá y el prestigio de Uruguay como potencia mundial, ameritan ayudar a que esa lluvia milagrosa de los tres millones dé nuevos frutos.

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