19 de septiembre de 2014 20:29 hs

Un amigo cayó por el diario y me recomendó un libro. Tras un breve diálogo sobre literatura inglesa y sobre algunos autores fundamentales me nombró a Thomas Carlyle. Yo solo lo conocía de oídas, como uno de los miembros del movimiento romántico, un autor escocés (y no un inglés, y vaya si hoy tiene vigencia esta discusión) y no mucho más, salvo que un libro suyo sobre los acontecimientos que desencadenaron la revolución francesa había inspirado una bella novela de Charles Dickens.

Mi amigo, gran lector y fino captador de cuestiones subterráneas a la literatura, me dijo que a pesar de que Carlyle fuera un reaccionario y un tipo de opiniones polémicas en su tiempo, era un autor imprescindible, una pluma digna de la lectura a casi un siglo y medio de su muerte.

Le pedí que me recomendara un título y sin dudarlo me dijo De los héroes. Se trata de un estudio riguroso y poético sobre el concepto de héroe a través de las épocas y los contextos culturales, desde la mitología escandinava hasta el islam, desde la Edad Media y el Renacimiento, con Dante Alighieri y William Shakespeare, hasta la modernidad civil de Oliver Cromwell y Napoleón Bonaparte.

Llamé a mi dealer librero de Tristán Narvaja y en cuestión de minutos me devolvió el llamado para confirmarme que había identificado en su radar mágico un ejemplar del libro de Carlyle.

Cuando me apersoné en la librería me encuentro con un libro de tapa dura, viejo, y con la sorpresa de la edición, que además de De los héroes de Carlyle, tenía adosada una versión de Hombres representativos, del estadounidense Ralph Waldo Emerson, un libro escrito “a imagen y semejanza” del anterior.

La edición que tenía en mis manos pertenece a la colección Clásicos Jackson, un conjunto de cuarenta tomos dentro de la rama argentina de la editorial estadounidense W.M. Jackson Inc.

La traducción y el estudio preliminar del libro le corresponden a un tal Jorge Luis Borges.
Cuando empecé a ojear el volumen me entero de que la colección de Clásicos Jackson se publicaba bajo un “comité selectivo” integrado por personalidades de la talla del intelectual mexicano Alfonso Reyes, el español Federico de Onís y el colombiano Germán Arciniegas, en colaboración con, entre otros, los poetas españoles Rafael Alberti y Francisco Ayala, el filósofo y traductor José Gaos, el escritor y crítico francés Roger Caillois y la escritora argentina Silvina Ocampo, más la presencia siempre hercúlea de Borges.

Esta edición corresponde al año 1956, o sea el año siguiente a la caída en Argentina del general Domingo Perón y por lo tanto al ascenso al poder de gente que veía con buenos ojos a intelectuales como Borges.

Pero lo cierto es que los Clásicos Jackson, que ya se venían publicando desde la década de 1940, aunaban a toda esta camada de gente de letras e intelectuales de las Américas, más los españoles exiliados por el régimen franquista. Así se formó una especie de dream team de la cultura, en una generación inmediatamente anterior al llamado boom latinoamericano, y que hoy, salvo la taquilla de Borges, en general se desconoce y se lee (injustamente) bastante poco.

A través de internet se puede conseguir tanto el catálogo de esta impresionante colección como los títulos que se publicaron.

Hablando de Borges, así como la colección Séptimo Círculo significó un racconto pormenorizado de escritores y novelas policiales imprescindibles, los Clásicos Jackson son un baluarte de la literatura universal, de todos los tiempos y en todos los continentes.

Desempolvarlos y pasarlos por la mirada no es solo un ejercicio físico y espiritual. Es un deber moral.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos