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La nueva esclavitud

El periodo de pases transforma a los futbolistas en mercancías que se compran y se venden, y en ocasiones se subastan al mejor postor

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04 de septiembre de 2019 a las 05:03

Cuentan los libros de historia sobre la esclavitud que en algunos países africanos, Liberia uno de ellos, los esclavos se remataban como si fueran objetos de segunda mano de mínimo valor. Los esclavistas celebraban cuando se podían hacer de una ganga colectiva, esto es, comprar a varios negros altos y musculosos a precio módico, a los cuales luego les sacaban el jugo haciéndolos trabajar en las plantaciones hasta dejarlos exánimes, matándolos muy lentamente como si fueran moscas con utilidad perecedera.

El periodo de pases en las principales ligas europeas se parece en más de un aspecto al mercado de la esclavitud, salvo que hoy en día los esclavos son de lujo. Pueden ganar buen dinero, incluso hacerse ricos, con la comisión que reciben por el traspaso, y no se ven obligados a jugarse la vida en forma diaria bajo un sol calcinante, aunque el ajetreo del entrenamiento diario les pueda pasar luego factura a sus cuerpos, muchos de los cuales envejecen antes de tiempo y sufren las consecuencias de las lesiones sufridas a lo largo de los años.

Las principales noticias referidas al fútbol en días recientes han tenido como centro las altas y bajas en los clubes europeos, algunos de ellos exteriorizando su felicidad por haber conseguido a varios buenos jugadores a bajo costo, o bien sin tener que pagar ni un peso para cerrar la transacción, pues el futbolista llegó en condición de “libre”. Irónica clasificación, considerando que ningún jugador quiere ser libre, por el contrario, anhela que algún equipo le interrumpa la libertad y lo contrate.

El gran perdedor de este circo ambulante ha sido Neymar, prima donna brasileña, quien debió quedarse donde no quería, porque por alguna razón que nunca quedará clara del todo, ni Barcelona ni Real Madrid pudieron hacerse con sus servicios, tampoco ningún otro club de los que tienen chequera con fondos casi ilimitados mostró interés en su contratación. La interminable telenovela parece haber llegado a su fin, al menos por ahora, generando una situación difícil de comprender considerando la estrella que estaba en subasta.

Dicho escenario hubiera sido impensable en el contexto de la NFL o de la NBA. De haber una estrella dispuesta a cambiar de club, mejor dicho, obligando a ser transferida, el dinero hubiera aparecido, sí o sí. Ya ha habido casos similares al de Neymar, siendo el más reciente de esa magnitud el de Kawhi Leonard, quien se fue de los Spurs de San Antonio, pasó una temporada en Toronto, donde salió campeón, y ahora jugará en los Clippers de Los Angeles. En el fútbol, tal como el caso de Neymar lo evidencia, hay cosas que suceden bajo la superficie que impiden que los deseos de un futbolista queden incumplidos.

El gran ganador de este periodo de pases ha sido Galatasaray, donde juega Fernando Muslera. Por nada, el club turco se hizo de los servicios del colombiano Falcao, del marfileño Seri, del francés N’Zonzi, quien salió campeón del mundo con la selección de su país en Rusia, llegando a jugar 35 minutos en el partido final contra Croacia, de Emre Mor, de quien se dijo en reiteradas ocasiones que iba a ser la próxima estrella, y del holandés Ryan Babel, integrante de la selección de su país, quien tuvo un exitoso pasaje por el Liverpool y que el año pasado jugó en el Fulham. Todo ellos llegaron en condición de libres o cedidos sin cargo, por ser considerados “descartes”.  

Es una de las cosas raras, rarísimas, del fútbol, donde también hay gangas porque las circunstancias, con sus extrañas vueltas de tuerca, así lo ameritan. Como en otros aspectos de la vida contemporánea, hasta los futbolistas pueden pasar de moda. Aunque estén todavía en la plenitud de sus carreras, y con mucho todavía para dar, pueden ser considerados desechables, por la simple percepción de un entrenador o de algún dirigente que no lo quiere en su club y se lo ofrece gratis a otro, como si fuera la yapa.

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