Ciencia > Pandemia

La nueva normalidad de la Antártida uruguaya

Un nuevo avión y un sistema local de cuarentena aparecen como alternativa nacional para continuar trabajando en un año en que la ciencia antártica mundial se ha reducido a un 25% 

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05 de octubre de 2020 a las 05:00

Tras algunos meses de incertidumbre debida a la crisis ocasionada por el coronavirus, el Instituto Antártico Uruguayo resolvió que nueve proyectos científicos se trasladarán en diciembre a la base Artigas. Se trata de estudios e iniciativas dentro de las áreas de geociencias, ciencias de la vida (es decir, las que estudian los seres vivos) y monitoreo ambiental. Sus responsables o delegados viajarán en condiciones inéditas y realizarán una cuarentena total de dos semanas antes de partir. 

El problema y la solución

La incertidumbre se había originado en dos circunstancias inesperadas de este año. Uruguay realizaba sus vuelos a la Antártida con escala en Chile. Las medidas sanitarias impuestas por el país trasandino debido a la pandemia duplicaban los costos de cada vuelo ya que tenían necesidad de cargar combustible allí y los tripulantes deben quedarse en el lugar lo que implicaba gastos  de hotelería. El otro método para llegar a la Antártida era el buque Vanguardia pero se rompió y no podrá ser utilizado en verano como todos los años desde 1991. 

“En junio la situación de nuestros modos de transporte hacía que fuera muy complejo autorizar la ciencia y el transporte de científicos”, explicó Carlos Serrentino, director de Coordinación Científica y Gestión Ambiental del instituto. “Lo complicado es la evacuación de gente si apareciera un caso de covid-19 en la isla Rey Jorge”, agrega. En estas circunstancias, cada país que tiene presencia antártica se cuida para no ser el primero que introduzca el virus en un continente que, hasta ahora, sigue invicto. Uruguay enviaba personal y científicos a la base en un vuelo que se dividía en dos tramos, con una escala de un día o dos en Punta Arenas, al sur de Chile. El motivo de esto era que los aviones Hércules de la Fuerza Aérea no tenían autonomía suficiente como para volar desde Montevideo a la base y luego regresar. 

A partir de la irrupción del covid cada país tomó sus propias medidas y la tendencia ha sido a reducir la actividad y redoblar los controles y las cuarentenas. Según se estima, la actividad científica antártica de todos los países presentes en el continente se reducirá un 75% en este contexto. De acuerdo a Serrentino, con las medidas nacionales, Uruguay reduciría su actividad científica a la mitad de lo habitual. 

Los controles y  decisiones varían en cada país, pero según un relevamiento de la National Geographic, en general, las dotaciones se reducirán entre un 50 y un 66 por ciento. Chile, por su parte, empezó a exigir una cuarentena de dos semanas en un único hotel en Punta Arenas, cuyo costo es de 250 dólares por habitación. De acuerdo a estimaciones del Instituto, esta exigencia casi duplicaría el costo de cada viaje uruguayo. 

El 8 de setiembre, el ministro de Defensa, Javier García, anunció en el Parlamento la compra de dos aviones Hércules C-130 H por 21 millones de euros más 1 millón de euros en repuestos. Si bien no fueron adquiridos específicamente para los trayectos antárticos, al ser más nuevos que los Hércules que están en funcionamiento, pueden cargar más combustible y, por lo tanto, volar sin escala los 1.500 kilómetros que separan a Montevideo de la península antártica. 

Sin embargo, debido a las exigencias de los países que integran el Tratado Antártico, la cuarentena se debe cumplir. Al poder evitar la escala en Chile, quienes viajen en diciembre harán la cuarentena aquí según criterios coordinados con el Ministerio de Salud Pública. El Instituto dispuso que la realicen durante dos semanas en el Parador Tajes, que es operado por el Ministerio de Defensa. 

“El 16 de noviembre entrarán ahí y perderán contacto físico con sus familias hasta que regresen. A esto le llamamos corredor humanitario”, explica Serrentino. La diferencia con respecto a otros años es que, hasta marzo, quienes viajaban en verano solían dedicar unos 10 o 12 días entre viaje y estadía en la base. Quienes vayan en este viaje terminarán dedicando un mes, ya que el regreso está previsto para el 15 de diciembre. 

Al regreso, el avión seguramente realice una escala técnica en Río Gallegos, Argentina, solamente para recargar combustible. Es probable, además, que deban realizar una cuarentena menor en Montevideo. 

Los proyectos

A lo largo de los últimos dos años, Uruguay ha mantenido 18 proyectos científicos en la base Artigas. De ellos, los relativos a monitoreo ambiental incluyen algunos que se han mantenido mucho tiempo como parte de los compromisos del Tratado Antártico. 

Este verano, en principio, se hará un viaje en diciembre y otro a fines de temporada. En el primero, junto a los científicos y encargados de mantenimiento, viajará el personal que se establecerá durante todo 2021 para mantener la base y que sustituirá a los nueve que están ahora cumpliendo la misma tarea. Junto a ellos viajará un puñado de científicos y técnicos para ocuparse de nueve proyectos. 

Hay cinco iniciativas en el rubro de ciencias de la vida. El Centro Universitario Regional del Este (CURE) realiza un proyecto llamado AntarPlast, por el que estudia los residuos de plásticos y microplásticos en la zona de la isla. Otro que nace de esta institución es una evaluación del paisaje sonoro y la incidencia del ruido antrópico en la isla Ardley. El silencio de la naturaleza antártica es característico y la cantidad de bases y actividad humana cercana a esa isla (a pocos kilómetros de la base uruguaya) tendrían incidencia clave sobre la fauna. 

La Facultad de Ingeniería de la Udelar continúa indagando en una posible forma de producción de polímeros a partir de microorganismos antárticos. Esta iniciativa trata sobre bioplásticos como alternativas al plástico, que serían más baratos de producir y se degradarían o podrían ser reutilizados. Otra iniciativa del Cure, en conjunto con la Dinama y la Facultad de Ciencias, es un estudio “multi-compartimental de contaminantes orgánicos persistentes en la península Fildes, isla Rey Jorge”. 

El quinto proyecto del área tiene participación española y argentina y se llama “Ciclo biogeoquímico del metano en sedimentos lacustres antárticos de la isla Rey Jorge”. Se realiza en conjunto con las facultades uruguayas de Química y Ciencias y se basa en el hecho de que los ambientes fríos y regiones polares “sufren una aceleración en su calentamiento comparado con otras zonas del planeta y por lo tanto pueden ser una importante fuente de emisión de metano en el futuro cercano”, según un documento liberado por el Instituto Antártico. El motivo de esto radicaría en que, al derretirse el hielo de lagos congelados, se libera a la atmósfera el metano acumulado bajo su superficie y, además, hay un aumento en la velocidad de emisión por aumento de la temperatura. 

En cuanto a monitoreo ambiental hay dos iniciativas que viajarán. Uno de ellos lo lleva adelante el mismo Instituto Antártico en alianza con el Museo de Historia Natural de España y trata del estudio de los cambios en la población de pingüinos ante “la concentración y extensión del hielo marino y la reducción en la abundancia de krill antártico”.

Por su lado, la Facultad de Ciencias también impulsa un trabajo sobre formas de control de moscas no nativas de la Antártida que han aparecido en los últimos años junto a otras especies y se han adaptado al ambiente frío y seco de la región. La clave de la importancia de este último estudio es que las políticas antárticas requieren que se haga un esfuerzo por erradicar o controlar las poblaciones  de organismos no nativos en el área.

Los proyectos de geociencias caen, en esta oportunidad, en manos de dependencias del Ministerio de Defensa, al que pertenece el Instituto Antártico. El Instituto Geográfico Militar trabaja en uno que apunta a “establecer y  mantener una infraestructura geodésica de alta precisión, para poder georreferenciar  cualquier objeto geográfico ubicado en la superficie terrestre”.  Otro estudio implica el monitoreo del nivel medio del mar en el entorno de la isla Rey Jorge, donde está la base; y se realiza desde hace varios años junto con el Servicio de Oceanografía, Hidrografía y Meteorología de la Armada (SOHMA). 

La licenciada Laura Machado, jefa del departamento de ciencias del Instituto y encargada  del proyecto relativo a pingüinos, no regresará el 15 de diciembre sino que se establecerá durante todo el verano en la base. Oficiará de referente para proyectos científicos que no puedan viajar este año, pero que precisen de alguien que realice algún relevamiento o que recoja muestras específicas para traer a Uruguay. De esa manera se apunta a compensar, al menos en parte, las limitaciones que impone la pandemia. 

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