Varios sentimientos unen, y también dividen, a los británicos en estas últimas semanas. Por un lado, está la expectativa, la esperanza y una suerte de adrenalina nacionalista que emerge cuando se considera la posibilidad de romper con el mayor bloque económico que conoce el planeta. La desconfianza a un organismo ya consolidado y regido desde la distante Bruselas también se une a otros pensamientos igualmente relevantes y juntos engrosan los ideales que impulsan al denominado "Brexit".
La pregunta definitiva: ¿Debe el Reino Unido continuar perteneciendo a la Unión Europea?
En dos semanas los británicos deberán responder una cuestión difícil pero fundamental