4 de mayo 2020 - 5:00hs

La derrota en noviembre de 2019 cambió muchas cosas en el Frente Amplio. Lo alejó de la toma de decisiones, lo apretó financieramente y lo empujó a una lucha interna aún sin resolver.

Pero entre todas las cosas que cambiaron, una de las más visibles es el rol de su presidencia, hoy ocupada por Javier Miranda. 

El abogado independiente, que llegó a ese lugar a fuerza de votos entrado el tercer gobierno progresista, nunca terminó de afirmarse como líder de la izquierda ni hacia adentro ni hacia afuera, y ahora, cuando el Frente cruzó de nuevo a la vereda opositora tras 15 años en el poder, los sectores apuntan a su figura “desgastada” como una de las debilidades con las que cargan en su lucha contra el gobierno.

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Leonardo Carreño

De hecho, los dirigentes frenteamplistas daban por sentado que, de no ser por la pandemia y la emergencia sanitaria –que entre otras cosas postergó para fines de setiembre las elecciones departamentales–, este año habría terminado con elección de nuevas autoridades en la coalición, tal como pidieron las bases a fines de 2019. 

El coronavirus, que en su peor expresión ataca las vías respiratorias, le dio oxígeno a Miranda y postergó la discusión formal de los liderazgos en el Frente Amplio. Sin embargo, el asunto no deja de estar en el orden del día en las conversaciones diarias de los dirigentes de izquierda, que ven con preocupación las dificultades para enderezar el barco e incluso ya arriesgan nombres para un posible sucesor de Miranda.

El de Marcos Carámbula, expresidente de ASSE, es un nombre que se repite en los corrillos frenteamplistas, al igual que el de Miguel Fernández Galeano, también vinculado a la salud. Asimismo, la excandidata a vicepresidenta Graciela Villar ha transmitido a compañeros de diversos sectores su disposición de postularse al cargo, según fuentes del Frente Amplio. 

Fortalecer la presidencia

Para los frenteamplistas, la presidencia de la coalición es un lugar muy simbólico, que asentó liderazgos históricos, como el de Líber Seregni primero y Tabaré Vázquez después. No en vano la renuncia de Seregni en el año 1996 y su ruptura con Vázquez, que asumió su lugar, significó la coronación del médico oncólogo como líder del Frente Amplio.

Sin procurar necesariamente encontrar un sucesor de esas dos principales figuras, en la coalición de izquierda presumen que el retorno al rol de oposición le asigna una “nueva trascendencia” al lugar del presidente, que se valoriza en la nueva coyuntura. 

Saben en el Frente que durante sus años en el gobierno, el presidente de la fuerza política solía tener un rol importante de articulación y conducción, pero que el liderazgo supremo lo ostentaba el presidente de la República. Jorge Brovetto (2004 a 2012) y Mónica Xavier (2012 a 2016), al igual que Miranda, tuvieron una participación relevante en la izquierda pero no marcaron a fuego la gestión frenteamplista en el poder. 

La oposición es diferente. El Frente busca volcar temas en la consideración pública para disputarle la hegemonía al gobierno de Lacalle, pero sus dirigentes advierten una falta de liderazgo para definir una estrategia.

Mirando hacia adelante, en el Frente consideran que "lo vital es fortalecer" el rol del presidente del Frente Amplio para que marque un rumbo, según dirigentes de múltiples sectores consultados por El Observador

En los documentos que se llegaron a procesar para el debate sobre la autocrítica se señalaba, entre otras cosas, la necesidad de “fortalecer los organismos centrales de conducción del Frente Amplio" y "corregir debilidades en la conducción política”.

Parte de esos problemas de conducción se materializaron en las últimas semanas a través de diferencias respecto al perfil opositor de la izquierda. 

Miranda, no ajeno a la problemática que afronta su fuerza política, entiende a su vez que algunos sectores conspiran contra la unidad de acción y por eso cuestionó semanas atrás la presencia de "mensajes confusos", luego de que la bancada del Senado –a impulso del MPP y el Partido Comunista– presentara una moción que no había estado horas atrás arriba de la mesa en Torre Ejecutiva, cuando el presidente Lacalle Pou recibió a una delegación del Frente Amplio (de la que no participó el MPP por diferencias con Miranda). 

La compulsa interna lleva a que por un lado el presidente del FA busque legitimarse como un interlocutor con el gobierno y mantener un fino equilibrio entre la negociación (Miranda tiene diálogo fluido con el secretario de Presidencia, Álvaro Delgado) y la crítica, mientras que por otra parte algunos grupos llamen a una confrontación más marcada con la administración de Lacalle. 

En el Secretariado Ejecutivo del FA, Miranda dijo que le preocupa la "multiplicación de los interlocutores y las medidas presentadas", ya que opina que eso hace que "no quede claro" cuál es el real posicionamiento de la izquierda.

Los sectores, en tanto, le echan en cara algunos "errores" –desde el manejo financiero de la coalición hasta la conformación de las delegaciones– y reivindican la libertad de tomar sus propias acciones, no siempre en línea ni en coordinación con lo que quiere el presidente. Algunos de esos sectores, como el MPP y el Partido Comunista, intentaron en las últimas dos elecciones tomar el timón de la fuerza política, pero fueron derrotados por los candidatos del espacio más moderado. 

Si en los próximos comicios se repetirá la historia, y si la presidencia del Frente Amplio volverá a ser el trono del líder de la oposición, eso lo dirá el tiempo.

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