8 de julio 2014 - 21:09hs

Cada vez que se habla de reforma electoral los políticos sacan su calculadora. Favorecidos o perjudicados, los cambios en las reglas de juego tienen consecuencias en las urnas para los partidos.

El análisis de los efectos generados por los sistemas electorales sobre el número de partidos es uno de los temas de mayor estudio en el campo de la Ciencia Política.

Maurice Duverger es un analista político francés que formuló una de las teorías a las que más se recurre en esa disciplina. Las leyes de Duverger establecen una correlación entre el sistema electoral implementado en un país y las características de su organización político partidaria. En forma simple, sus enunciados advierten que las elecciones a una sola vuelta tienden a llevar un país al bipartidismo y las que incluyen la segunda vuelta favorecen al multipartidismo.

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En 1996 Uruguay modificó su Constitución y aplicó una reforma electoral que instaló las internas de los partidos políticos y la segunda vuelta. Además separó los comicios municipales de los nacionales.

Pero en la presente campaña, 18 años después, el candidato del Frente Amplio (FA), Tabaré Vázquez, puso sobre la mesa una iniciativa para una nueva reforma electoral. El presidenciable planteó eliminar el balotaje y las internas, y realizar las elecciones municipales el mismo día que las nacionales pero habilitando a cruzar votos entre una y otra.

El voto últil
La aplicación de las leyes de Duvarguer al sistema electoral uruguayo fueron analizadas por los doctores en Ciencia Política, Daniel Buquet y Rafael Piñeiro, en una investigación liderada por Buquet y su colega Niki Johnson publicada por Fin de Siglo bajo el nombre “Del cambio a la continuidad. Ciclo Electoral 2009-2010 en Uruguay”.

“El uso del sistema de doble vuelta, en práctica desde 1999, debería asociarse a tres competidores viables, ya que la elección primaria genera potencialmente dos ganadores”, advierten los autores en el libro. Del mismo modo, señalan que el sistema anterior “admitía hasta dos competidores viables” y destacan que “el balotaje fue implementado luego de que el sistema de partidos había llegado al punto mayor de fragmentación y comenzaba su reducción”.

Consultado por El Observador, Piñeiro afirmó que “las reglas impactan en el comportamiento estratégico de los votantes y eso implica que la gente no neceariamente vote por sus primeras preferencias”.

“Los sistemas de mayoría simple donde gana la elección el partido que obtiene más votos, tiende a que la competencia se concentre en dos partidos, ya que los ciudadanos tienen incentivos para votar estratégicamente. Es decir, si su primera opción no va primera o segunda, no está en la disputa por la presidencia, cambia de su primera opción para votar a quien prefieren más entre los dos que sí tiene posibilidades de ganar la elección. Eso favorece a los partidos que van primero o segundo”, sostuvo el doctor en Ciencia Política por la Universidad Católica de Chile y docente del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Católica del Uruguay (UCU).


Un análisis similar fue realizado por el director de Cifra, Luis Eduardo González en la investigación de la UCU titulada “El voto en Uruguay 2009-2010”. Allí, González hace referencia al denominado “voto útil”. “Hasta la penúltima elección del siglo pasado inclusive, 1994, (hubo) un sistema de mayoría simple en la elección presidencial que desalentaba terceras alternativas y contribuía a mantener la predominancia política de los partidos fundacionales”, dijo. En la actualidad, con el FA como mayor fuerza política, quienes deberán pugnar por ser la competencia serán los blancos y colorados.

La propuesta de Vázquez

Pero las reformas electorales también saben de conveniencias y oportunidades. “No hay reformas electorales que sean inocuas en términos de los resultados y de las posibilidades de los partidos. Por lo general los partidos impulsan reformas que entienden en parte que mejorarán el sistema electoral, pero también se orientan a promover las que más los benefician”, dijo Piñeiro.

En tanto, González advirtió que la reforma de 1996 fortaleció a los partidos tradicionales y “cumplió el papel” de hacer más lento el ascenso del FA al poder, pero no pudo suprimirlo.

El Observador consultó a Piñeiro sobre los efectos de la reforma impulsada por Vázquez. El analista político opinó que los cambios propuestos por el candidato favorecen al FA, ya que tiene la mayoría de las adhesiones y eso le facilitaría su triunfo en una elección a una sola vuelta. Sin embargo, advirtió que en el actual escenario los más perjudicados son el Partido Colorado y el Partido Independiente. Señaló que de volver al sistema de mayoría simple el efecto principal sería la pérdida de votos de los terceros partidos por ser los no tiene chances de competir con el FA. “Lo que va a ocurrir es que los votos de los tercer partido van a pasar a aquel partido tradicional que esté compitiendo con posibilidades con el FA”, dijo.

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