1 de agosto de 2013 18:51 hs

Decíamos en notas anteriores que las mediciones genómicas, de acuerdo al uso que se les está dando en los Estados Unidos y en Argentina, vienen a “enriquecer” los DEP tradicionales ya que se recomienda su utilización exclusivamente a través de las respectivas asociaciones de la raza que de esa forma manejan el tema.

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Ahora bien, recordemos que tienen su origen en una gota de sangre de la oreja del vacuno que se apoya en una tarjeta que luego la computadora “lee” y compone el ADN de ese reproductor.

Luego, esa secuencia de ADN se corre sobre una plataforma que ya tiene identificadas las “ubicaciones” donde están los atributos de valor comercial, y de esa forma se entiende lo que va a producir ese reproductor en el futuro. Esta tecnología ya ha impactado en los Estados Unidos en el mercado de toros en forma significativa: han subido considerablemente los precios de los toritos jóvenes de un año –yearlings– en relación a los de dos/tres años. Ya no es necesario esperar tanto para saber qué va a producir.

Por otro lado, un cabañero también puede contratar en forma privada un análisis genómico y evaluar ese reproductor “por afuera” del sistema de los DEP. Hay que ver luego si ese cabañero maneja el tema como para hacer buen uso de esa medición, pero esa es “la segunda pregunta”.

Y para redondear esta entrega, comento que en los Estados Unidos ya hay una evaluación genómica que se vende exclusivamente para hacienda comercial que va a feedlots, que se denomina GENEMAX (GMX) y que mide dos cosas: el “marmoleado” y la ganancia de peso. El producto es revolucionario. Vemos que la genómica no solo cambia la vida de los cabañeros, también la de los criadores comerciales.

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