Espectáculos y Cultura > TOCA ESTE SÁBADO EN LA TRASTIENDA

La Tabaré y el dolor de cabeza de hacer rock en Uruguay

Tabaré Rivero y la nueva cantante de la banda, Pamela Cattani, hablan sobre el flamante espectáculo Raza humana, los cruces generacionales y los dilemas de hacer rock en Uruguay

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12 de octubre de 2019 a las 05:00

Tabaré Rivero tenía un sueño. Armar una banda de rock con sus compañeros del liceo, con los amigos del barrio. El sueño de tener un cuarteto como los Beatles. Un grupo que sigue, intocable, con sus miembros envejeciendo juntos. La banda la creó, le dio su nombre y sus canciones. Pero la segunda parte del sueño le quedó pendiente: hasta ahora La Tabaré nunca repitió alineación de un disco al otro. Y eso que tienen una quincena de álbumes publicados.

Ya cuando armó el grupo se dio cuenta de que la cuestión de envejecer a la par con sus compañeros iba a ser complicada. Tabaré Rivero siempre fue el mayor. De la banda y hasta de la generación rockera con la que La Tabaré compartió camada. Mientras que el resto rondaba los 20 años, cuando la banda debutó hace 35 él ya tenía 27. En ese primer momento, la diferencia etaria con sus compañeros era más notoria, y fue cuando generó más problemas. “Vamos a ensayar”, le decía Rivero a los músicos. “Pará, es sábado, soy joven”, le contestó un día Riki Musso.

Por lo demás, nunca fue un dilema. Si hubo diferencias con los músicos fue por razones musicales o políticas. La juventud de sus compañeros le aportó energía y acceso a música más nueva que de otra forma no escucharía, dado su apego al rock de las décadas de 1950 y 1960.  “Con el correr del tiempo siempre estuve rodeado de gente más joven que yo, y eso que no me quiero hacer el pendejo ni nada parecido, pero pasó así”, cuenta Rivero. “La gente que tiene el entusiasmo por tocar es joven, la gente de mi edad a la que no le ha ido del todo bien está aburrida y cansada, y tiene un montón de vicios y egos. Han salido muchos músicos de La Tabaré, que después armaron sus bandas, o fueron solistas y han triunfado, siempre entre comillas, porque estamos en Uruguay. Un triunfo a escala uruguaya”, afirma con una risa.

Cuando parecía que la banda se iba a sacar la “maldición” de encima y repetir formación durante dos discos, la cantante Lucía Ferreira anunció su partida para continuar como solista. Y así se produjo la llegada de la incorporación más reciente de La Tabaré: Pamela Cattani.

Esta cantante salteña llegó al grupo a través del tecladista Sebastián Gagliardi, su amigo desde hace años. Le avisó que si le interesaba, iba a proponer su nombre para una prueba. La hizo, charló un rato con Rivero, y listo. Estaba dentro de una banda a la que seguía desde hace tiempo, tanto a la distancia desde Salto como en persona en sus visitas a Montevideo.

“En ningún momento me planteé decir que no”, afirmó Cattani. “Pero a la vez sentís las responsabilidades, pensás en la exposición, en estar en una banda con tal trayectoria. Lo vas procesando con el tiempo y a medida que van surgiendo los toques, las entrevistas, lo vas asimilando en el proceso, porque aparte fue todo muy rápido”, dice en referencia a su ingreso rápido y que le significó tener que preparar casi en seguida una seguidilla de shows en vivo entre los que se cuenta Raza humana, el nuevo espectáculo del grupo, que se presentará este 12 de octubre en La Trastienda. Esa proliferación de presentaciones le ha impedido reconocer completamente la emoción de ser parte de La Tabaré, pero nota esa ebullición adentro.

Desde su debut en 1985, La Tabaré tuvo, junto a Rivero, una voz femenina. Por allí pasaron Andrea Davidovics, Alejandra Wolff, Mónica Navarro y Lucía Trentini. Dentro del rock uruguayo sigue siendo una rareza ver mujeres sobre los escenarios, y más aún lo era hace algunas décadas. Pero para el fundador de la banda, esa dualidad vocal era una necesidad desde el primer momento. “Son dos motivos: uno es que mi voz es muy ronca y siempre me gustaron las voces agudas, y la otra es que no doy las notas, no soy un tipo que afina sino que más bien interpreta, y necesito a alguien al lado que cante muy bien. Me gusta la gente que afina, pero también me gusta que haya alguien que interpreta. Entonces creo que por ese lado armé las canciones. La banda se burla, porque compongo la voz femenina en falsete, para afinar y buscar ese jugueteo de notas que con mi voz no las puedo dar”, explicó Rivero.

Sigue siendo rocanrol

El mundo cambió, el rock cambió. Cambió su estética, su sonido, su relevancia cultural entre las generaciones más jóvenes. Pero el rock tiene algo que hace que siga adelante a pesar de todo, que siga captando fieles. Cattini está convencida de eso: “Creo que uno lo trae de nacimiento. En mi familia todos escuchan cosas diferentes y yo me fui para el rock. Es un sentimiento al que seguís siendo fiel, más allá de que aparezcan cosas nuevas y cosas así. Te tira”.

Rivero concuerda, pero agrega que en Uruguay, hacer rock es “un dolor de cabeza”, por la percepción que tuvo a nivel social hasta hace muy poco tiempo. “Es una música que si bien ahora está mucho más permitida, que tiene sus festivales y entra en los hogares de buena familia, antes los que hacían rock eran forajidos. En los 80, los 90, y hasta parte de los 2000, a pesar de los Pilsen Rock y todo eso, se decía que un montón de vándalos iban a invadir Durazno. Siempre fue un poco a contrapelo. Si los músicos de otros géneros se drogan ni se habla, pero los rockeros parece que fuéramos todos y los únicos faloperos del paisito, y no es así”, consideró el cantante, actor, escritor y compositor de 62 años.

Para Rivero – y por extensión, es política de La Tabaré– al rock hay que hacerlo con honestidad, porque si no, no tiene sentido. Hay que ser consciente y tener claro por qué se hace. Y que las canciones lo reflejen. Eso también lo hace un género difícil, y con el que se hace difícil ganar dinero. El líder de la banda sabe que “si habríamos elegido cualquier otro género estaríamos dejando nuestros laburos, los que hacemos para cobrar. Por suerte todos en esta banda trabajan en otra cosa y podemos cantar lo que se nos canta, valga la redundancia”.

Gracias a esa posibilidad, y más allá de las dificultades, Rivero y Cattani reconocen que las características sociales, políticas y culturales uruguayas lo convierten en un país hermoso para hacer rock, y usarlo para gritarle en la cara sus defectos. “Creo que hacerlo acá tiene otra trascendencia, otra importancia. Otra interpretación. Es distinto a hacerlo a un lugar con otros avances, al primer mundo. Tiene otro sentido”, dijo la cantante.

Mientras que Rivero complementa: “Me gusta mucho hacer rock en Uruguay. Me gusta mucho Uruguay. En una época lo odiaba y me fui a Italia. Y volví corriendo. Extrañaba todo, sin ser carnavalero, ni tomar mate, ni ser de Peñarol o Nacional. Sin tener ninguno de los tics uruguayos. Capaz era que extrañaba al rock uruguayo, y puede ser, porque trabajé en un boliche rockero allá en Italia, en el que los gurises iban en unas motos Harley, llenos de tachas, a principios de los 90, y acá el rock era en camiseta. Y con alpargatas. Y yo decía ‘este no es el rock que yo entiendo como rock’, era otra cosa. Me encanta cantar acá. Cantar en español, tener el lenguaje para decir lo que uno siente, encontrar que hay gente que siente lo mismo que uno, con la misma edad o con 40 o 50 años de diferencia”, afirmó.

Y recordó los comentarios de un exintegrante de La Tabaré, Rudy Mentario, radicado en San Pablo: "Loco, si hacés La Tabaré acá, lo mismo, vamos a los conciertos en nuestro propio helicóptero", lo incitaba a Rivero.  “Y yo le decía ‘tengo vértigo, no me estás tentando mucho con eso’. Larga una carcajada, y agrega: “no me interesa eso, nunca me importó llegar en limusina a un concierto, ni ninguna de esas cosas que te venden. Hasta en Wikipedia, ponés la página de una banda y te dice cuántos discos vendió y el éxito que tuvo a nivel económico. Para mí no pasa por ahí. El éxito es otra cosa, es cantar lo que uno quiere, disfrutar y pasarla bárbaro arriba del escenario. Si viniera un mega dinero, como le llegó a Los Redondos de Ricota, con el que algunos de ellos se llenaron de oro (no todos, sobre todo el cantante y el guitarrista), bienvenido sea. Yo lo repartiría entre toda la banda. Pero no se da así y me parece que igual es lo más divertido del mundo, y muy necesario estar acá”, consideró.

Ser humanos

Cuando a La Tabaré le asignaron el 12 de octubre para una presentación en La Trastienda, no hubo muchas dudas: el espectáculo tenía que estar vinculado a lo que en Uruguay se denomina Día de la Diversidad Cultural pero que comúnmente se llama Día de la Raza. Y el resultado es lo que Rivero define como “un homenaje a la raza humana distinta. A las opciones sexuales diferentes, las distintas religiones y procedencias, incluso a los que somos medios loquitos y nunca encajamos del todo en un sistema difícil y competitivo. Es el día de todos los humanos, y tendríamos que tratar de respetarnos más los unos a los otros y de empatizar con ese distinto”.

Como con La Tabaré la música no es lo único sobre el escenario, habrá un cuarteto de poetas que participará a lo largo del espectáculo, y un grupo de artistas circenses que intervendrá algunas canciones.

Y Raza humana tendrá también un foco puesto en los temas ambientales, uno de los grandes debates del mundo contemporáneo. Un tema del que los integrantes de la banda hablan “entre las guarangadas”, en los ensayos. Y que están en las canciones. “Antes el problema era pura y exclusivamente político-partidario. Debatíamos sobre el salario, que evidentemente es importante, debatíamos sobre el poder militar, que obviamente había que frenar, pero el asunto del clima, de la Tierra, del fuego que quema todo y se destruye el planeta, está en nosotros. Hay dos temas que hablan concretamente de eso: Fixionario, que lo canta Pamela, y ahora Distopía en blues, del último disco, que habla de la hipocresía de los políticos y de los grandes monstruos productivos, que culpan a la gente, ese "dejan la canilla abierta y gastan agua", todas esas falsedades. Y en otros temas aparece, sin ser el eje”, explicó Rivero.

Más allá de las canciones, también ven como necesario actuar. Y que una parte de la respuesta puede estar en el trabajo que se hace con las generaciones más jóvenes. Así lo ve Cattani, que trabaja con niños: “A pesar de que se viene hablando e intentando hacer cosas desde hace un par de años, ya estamos atrasados. Hay que actuar más rápido y eso es complejo. A nivel del niño es donde se tiene que empezar a cambiar la cosa, y cuando trabajo canciones con ellos trato que tengan un significado. No es imposible pero es difícil, porque es un trabajo de todos, no solo de algunos”.

Este nuevo espectáculo sigue una tendencia del funcionamiento interno del proyecto que se ha ido produciendo con el tiempo: Rivero ha optado por pasar de ser el que se encarga de todo en cuanto al armado, a delegar y desarrollar ideas ajenas. “Me ponía muy ansioso, con una energía positiva para el espectáculo pero negativa para mis compañeros de laburo. Y con el correr de los años he aprendido que eso no conduce a nada positivo. Que de pronto el espectáculo sale bien pero no es lo único que importa en este asunto de la música, se trata de compartir mucho, de agradecer mucho. Entonces últimamente delego mucho, pido opiniones a todos, ejemplo que la idea de Raza humana viene del mánager, no es mía”.

Todos debaten, todos opinan, las ideas se plantean en conjunto aunque luego sea Rivero el que las convierte en canciones. La Tabaré lleva su nombre, pero la banda es de todos. Y lo ilustra así: “Es una cooperativa y eso también me gusta que así sea, no es una banda solista, todos cobran igual y todos vamos para adelante con la misma fuerza, y quiero que La Tabaré sea una banda de todos. No lo pude lograr con los compañeritos de liceo, pero lo logro con los que están en este momento”.

2020
La banda ha empezado a trabajar en nuevas composiciones, con la intención de grabar un nuevo disco para el próximo año
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