Espectáculos y Cultura > COLUMNA/EDUARDO ESPINA

La vejez no es para cobardes

A tres grandes, Sabina, Serrat y Aute, el tiempo les ha pasado factura

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11 de agosto de 2018 a las 05:00

Por qué un hombre se enamora de una mujer y no de otra? ¿Por qué una mujer se enamora de un hombre y no de otro? La ciencia carece de respuestas para los misterios del amor. Fue Blaise Pascal quien dijo: "El corazón tiene razones que la razón no entiende". Tampoco el arte entiende demasiado sobre el tema, o quizá solo un poco más, y por eso tanto se ha escrito al respecto. Canta Leonard Cohen: "The doctors working day and night / But they'll never ever find that cure for love" (Los médicos trabajan día y noche / Pero nunca encontrarán una cura para el amor). Un misterio tan grande como el amor es la eternidad terrenal de los Rolling Stones. ¿Cómo puede ser posible que sigan tocando, grabando y saliendo cada tanto de gira? ¿Cómo puede ser que el paso del tiempo sea tan benévolo con ellos? Mick Jagger acaba de cumplir 75 años; Keith Richard llegará a la misma edad en diciembre; Charlie Watts tiene 77; y Ron Wood, el más joven, 71. Aunque juntos tengan la edad del universo, siguen con su plan infinito y pronto, aunque usted no lo crea (tampoco yo), volverán a los escenarios.
La modernidad, que ya sobrepasó el siglo de antigüedad, concluirá el día en que los Rolling Stones (los músicos, no su música, la cual le ganó la partida a la eternidad) desaparezcan de la faz de la Tierra.

Aunque nadie por el momento puede garantizar que eso vaya a ocurrir. Para tanto da la falta de lógica que la realidad presenta en este aspecto. Parece no menos que increíble que después de la biaba que le dieron a sus cuerpos sigan operando en el mundo de los seres activos. Son un caso para el Guinness World Records. Quienes éramos niños cuando los RS comenzaron a tocar, y que a la primera oportunidad que tuvimos compramos Flowers (1967), disco fenomenal por donde se lo oiga, hoy vemos al grupo como una especie de espejo del tiempo, en donde encontramos reflejadas todas nuestras edades sucesivas. Mientras ellos sigan existiendo y tocando, sentimos la obligación de seguir estando vivos. Y nada indica que esto vaya a terminar pronto.

El 9 de noviembre saldrá a la venta lo nuevo del grupo, Confessin' The Blues, álbum con fines benéficos que reúne canciones de algunos pioneros del blues, como Robert Johnson Howlin' Wolf, Elmore James, Muddy Waters John Lee Hooker, Chuck Berry y Big Bill Broonzy. Pinta por anticipado para obra maestra, considerando la influencia que la música blues tuvo en los inicios del grupo.

A diferencia de lo que sucede con los integrantes de los Rolling Stones, con otros, en cambio, que también hacen música y la vienen haciendo desde hace mucho, el tiempo ha sido menos clemente. Su paso, mejor dicho, su corrosión, dejó secuelas que se sienten en el momento cuando la edad se convierte en vejez. Luego de los sesenta y pico de edad, el tiempo les pasó factura. Los ha dejado prácticamente fuera del tiempo, convertidos en hijos de la criogenia equivocada, ejemplos de seres a punto de entrar en proceso de taxidermia. Así puede ser esto de duro; de un día para otro el mundo deja de ser joven. En México usan una expresión que viene al caso: "pegar el viejazo". Se refiere al "síndrome existencial", a la conjunción de factores físicos y psicológicos que hacen que en poco tiempo una persona se sienta pasada de años, como que de golpe le cayó toda la edad junta encima.

En junio pasado, en medio de un concierto, Joaquín Sabina se quedó mudo. La voz, la suya, lo abandonó. Para un cantante, debe ser algo parecido a experimentar los efectos de la silla eléctrica. El cantante madrileño no pudo seguir cantando y se fue a dormir "muy triste", según informó su representante. Esa misma noche el músico de 69 años había dicho: "Mi plan no era envejecer sin dignidad. Mi plan era pasar de la adolescencia a la vejez, sin ser adulto". En sus canciones lo consiguió. Pero el cuerpo es algo distinto a la mente, la cual puede conservar su lozanía en forma autónoma, tal como la historia de las artes se encarga de acopiar ejemplos. Una cosa es escribir una canción en una confortable casa en Madrid, y otra es forzar al cuerpo haciéndolo cantar por más de dos horas sobre un escenario. Considerando que 80 años atrás la expectativa de vida de un ser humano era la mitad de lo que es hoy en día, el hecho de que alguien se aproxime a una edad septuagenaria y quiera hacer las mismas proezas somáticas que cuando tenía 30 (edad que para un futbolista representa la entrada en la vejez) es algo así como escenificar una utopía irrealizable. Salvo que sea un integrante de los Rolling Stones.

La gira que estaba haciendo Sabina, y que debió suspender, se llamaba Lo niego todo. Uno puede negar muchas cosas, pero con el tiempo la historia es otra. Esa noche, 16 de junio, que para Sabina será inolvidable por las razones menos felices, el cantautor hizo un comentario con el cual más de uno ha de estar de acuerdo: "Lo digo porque como sucede tan a menudo, cuando les cuenten que envejecer es una cosa fantástica, porque la experiencia y la sabiduría... Mienten como bellacos. Envejecer es una puta mierda".

La actriz Bette Davies tenía bordada en su almohada la frase: "Old age ain't no place for sissies". (La vejez no es para cobardes). Davies murió a los 81 años, tras una larga batalla contra el cáncer de mama y después de haber sufrido cuatro embolias que dejaron paralizada parte de su cuerpo.
Sobre un escenario, un cantante septuagenario se parece a un gladiador romano que en cada lidia debe enfrentarse con el fin, sabiendo que tarde o temprano le va a tocar enfrentar la más difícil. Puede salir ileso muchas veces, hasta que llega la última y más adversa, la que trae las noticias de la conclusión. A Sabina le queda como consuelo, aunque no estoy tan seguro de que lo sea de mucho, saber que de su generación casi todas las voces que hicieron historia han entrado en el definitivo otoño, por no decir, en el invierno final, más allá del cual no hay veranos resplandecientes como los de antes, ya no al menos sobre los escenarios.

Los otros dos grandes de su época, Joan Manuel Serrat y Luis Eduardo Aute, ambos de 74 años de edad, han entrado a esa zona donde el tiempo demuestra poca tolerancia con quienes se quieren pasar de la raya y mantienen intacto el plan de "pasar de la adolescencia a la vejez, sin ser adulto". Serrat se encuentra realizando una gira para celebrar los 50 años de publicación de Mediterráneo, disco que contiene 10 canciones notables que lo convirtieron en pieza antológica. Pero el álbum salió a la venta en 1971, es decir, el músico está realizando la celebración conmemorativa tres años antes de que la fecha se cumpla. Lo entendemos; es una buena forma de decir, "mejor hacerlo ahora que todavía puedo y la voz aguanta; en tres años, quién sabe". Por el momento, Serrat ha derrotado al cáncer tras varias arduas batallas, aunque tampoco en este rubro nada es del todo seguro.

Aute, por su parte, sufrió el 8 de agosto de 2016 un infarto que lo mantuvo dos meses en estado de coma. Luego de un largo tratamiento, ha vuelto a hablar y a caminar, pero parece difícil que algún día regrese a los escenarios. El año pasado, la editorial Espasa publicó Toda la poesía, que reúne la producción lírica completa del cantautor.

Corren tiempos en que los referentes musicales con los cuales nuestra época se enriqueció comienzan a salir de circulación. El paréntesis está a punto de cerrarse. Los cuarteles de invierno esperan. Así es esto que llamamos vivir y que un día se acaba. No queda otra que ir acostumbrándose a la vejez impostergable de la modernidad, por más que las canciones que de ella salieron superarán en eternidad incluso al propio tiempo.

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