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Según el sociólogo Leonardo Mendiondo este aumento de violencia se comenzó a ver reflejado en las barras bravas "desde 2009 o 2010"

Nacional > Violencia en el fútbol

Problemas ajenos a los estadios, venganza y muerte: la fórmula de la violencia en el deporte

La venganza se vuelve moneda corriente entre las barras de los equipos de fútbol

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12 de enero de 2022 a las 16:48

Los hechos de violencia vinculados al deporte en general, y al fútbol en particular, están lejos de ser una novedad en Uruguay. Desde enfrentamientos entre jugadores hasta asesinatos en las inmediaciones de los estadios, el país cuenta con varios antecedentes que mezclan la violencia y el deporte. Sin embargo, en los últimos años, y en parte a raíz de algunas medidas que se han tomado, la violencia vinculada con las barras bravas se alejó de los estadios y se trasladó a otros puntos de la ciudad. 

Dos asesinatos en menos de una semana y dos clásicos por jugarse en los próximos días volvieron a poner en la agenda el enfrentamiento entre hinchadas. Si bien todavía faltan elementos por investigar, una de las hipótesis que maneja la Policía es que el asesinato de un joven de 17 años en el bario La Unión este lunes fue una venganza por la muerte de Washington Omar Simón, fallecido luego de ser baleado en la Vía Blanca de 8 de Octubre días atrás y que era uno de los condenados por la muerte del hincha de Peñarol Hernán Fiorito en Santa Lucía. 

Estos tres hechos –dos de este año y otro 2016– se registraron lejos de las canchas de fútbol. Incluso, los últimos dos se dan en un momento en el que los equipos ni siquiera están jugando, ya que se encuentran de pretemporada. ¿Por qué la violencia se trasladó a otros puntos? 

El sociólogo Leonardo Mendiondo, uno de los profesionales que más ha estudiado la violencia de las barras bravas en Uruguay, aseguró a El Observador que este cambio no representa ninguna sorpresa: "Los muertos no se produjeron nunca dentro de la cancha, la mayoría fueron en las inmediaciones o un poquito más lejos, dentro de un estado de violencia general en la sociedad. Se fueron alejando un poquito más hasta llegar a lugares que no tienen nada que ver, también porque las cámaras de vigilancia funcionaron en ese sentido", explicó el sociólogo.

Los cambios que se implementaron luego del clásico de la garrafa, en 2016, se habían previsto en una ley en 2001. Según Mendiondo es "una mala ley", que fue "mal fundamentada", no contó con la opinión de la academia y tardó "añares" en implementarse, en específico la lista negra y las cámaras de vigilancia. "Si vos tardás tanto en implementar una ley, el tema que quisiste solucionar ya cambió por completo", criticó.

Las cámaras cumplieron en alejar los problemas de las canchas, pero para el sociólogo "los problemas estaban afuera". El principal problema para Mendiondo radica en que "ningún gobierno desde el retorno de la democracia hasta hoy logró bajar sistemáticamente los niveles de violencia", lo que se ve representado en "una tendencia al alza en todos los delitos graves" (asesinatos, rapiñas, hurtos, violencia doméstica).

Este crecimiento también se vio reflejado en las barras bravas del fútbol, que en la década del 2000 "se movían por amor" a la camiseta y tenían un rol social, hasta manejaban comedores sociales, con excepciones que realizaban actos violentos, detalló el sociólogo, experto en la temática.

Desde la mitad de esa década Mendiondo comenzó a ver el fenómeno de las pandillas, que marcaban sus territorios, lo que llevó a que el control de los territorios alejara la violencia de las canchas. Esto hoy se puede ver en las pintadas de los distintos barrios, por ejemplo. Además, esto generó un aumento de la violencia, un cambio en los códigos sociales, y hasta algunos casos de "sicariato", hecho que Mendiondo advirtió junto al sociólogo Fernando Parrado en 2003. "Pero nadie nos dio pelota", lamentó. 

Según el experto este aumento de violencia se comenzó a ver reflejado en las barras bravas "desde 2009 o 2010", pero esto "no sale de un plato volador", ironizó, sino que sale del contexto social. "Hay un desprecio por la vida humana que es cada vez más creciente. No exageramos cuando decimos que te matan por 2 pesos", indicó.

La venganza

La venganza, también conocida como "vendetta" (su traducción al italiano, relacionada con la mafia), es otro fenómeno que según Mendiondo se produce por este aumento de la violencia en general, y que "no es nuevo" en el mundo del fútbol, y lo relacionó al asesinato de Fiorito en Santa Lucía. Según relatan testigos presentes en el asesinato del menor hincha de Peñarol, la palabra "venganza" fue gritada por uno de los asesinos cuando se iba del lugar.

Para el sociólogo esta acción violenta es parte del modelo social de "distinción y emulación" que llevan los barra bravas actuales. Este modelo es repetido por todo el mundo: uno intenta distinguirse del resto y luego su entorno lo emula, por esto vuelve a intentar distinguirse y el ciclo se repite. Para Mendiondo actualmente las facciones intentan distinguirse con más violencia. Esto lleva a las venganzas, con el razonamiento "vos me matás a uno, yo te mato a otro", explicó.

La palabra venganza también fue escuchada por un testigo en el asesinato del joven de 17 años de este lunes en La Unión y en un audio que se viralizó, Erwin "Coco" Parentini, el barra de Peñarol que está en prisión por ser el autor intelectual del asesinato de Lucas Langhain un hincha de Nacional en 2019, amenaza con un "vendaval" en respuesta a la muerte del joven.

"La violencia se combate con violencia, vamos para ahí de una. No van a saber cómo ni cuándo ni dónde, pero les van a aparecer por todos lados. Ahora se viene un vendaval", dijo desde la cárcel en un audio que se hizo viral por WhatsApp. De todo esto, los estadios quedan lejos. 

Los últimos homicidios

La Unión

Un joven de 17 años murió este lunes en La Unión luego de recibir un disparo en la cabeza cuando iba en bicicleta. El adolescente tenía puesto la camiseta de Peñarol pero, según la información que maneja el Ministerio del Interior, no tenía ningún vinculo con la hinchada del club. 

La Policía maneja como hipótesis que este asesinato fue en represalia por la muerte de Simón porque se ejecutó luego de que este falleciera y a ocho cuadras del sanatorio del Casmu donde estaba internado. Simón, condenado por el homicidio de Fiorito en 2016, estaba acompañado por varios barras de Nacional y un testigo escuchó la palabra venganza cuando mataron al joven con la camiseta de Peñarol. De todos modos, el caso continúa en investigación. 

Washington Omar Simón

Simón fue atacado el 5 de enero, y murió el lunes 10 de enero en el CTI del Casmu. El hombre había participado de un enfrentamiento en la Vía Blanca de 8 de Octubre en el que resultaron heridas tres personas. Las otras dos personas ya fueron dadas de alta. 

Simón había sido condenado a 23 años de prisión por el homicidio de Hernán Fiorito en Santa Lucía pero se encontraba en libertad porque al haberse juzgado con el anterior Código Penal, hasta no tener una condena firme por un Tribunal de Apelaciones los autores del homicidio no volverán a prisión. 

Lucas Langhain

Tenía 24 años, nació en Artigas y desde los 20 vivía en Montevideo. Trabajaba en una empresa de servicios y vivía en La Blanqueada junto a la familia de Yamila, su novia, con quien iba en moto cuando un domingo de diciembre de 2019 recibió el disparo fatal. El ataque se dio en la intersección de la avenida 8 de Octubre y Presidente Berro, a pocas cuadras de la sede de Nacional donde los hinchas celebraban la obtención del Campeonato Uruguayo luego de ganarle a Peñarol. 

El hombre que disparó iba por la vereda, llegó a mitad de cuadra, retrocedió algunos de pasos y desde atrás de un árbol disparó unas seis o siete veces hacia el grupo de hinchas. Mató a Langhain que iba en moto junto a su novia e hirió a otro en un brazo. Tanto el autor del disparo como quien ordenó el homicidio desde la cárcel, Parentini, fueron procesados por este hecho. 

Hernán Fiorito

El 28 de setiembre de 2016 tres jóvenes recibieron disparos mientras festejaban el aniversario de Peñarol en plaza de Santa Lucía, en Canelones. Los agresores fueron personas identificadas con Nacional. Una de las víctimas, Hernán Fiorito, tenía 20 años cuando le dispararon y luego de estar internado por poco más de un mes murió en el Sanatorio Americano a causa de problemas cardíacos derivados de las heridas que sufrió. 

Cámaras de videovigilancia registraron el momento del ataque. Entre noviembre y diciembre de ese año 16 personas fueron procesadas con prisión. Dos años después, los procesados fueron liberados. La fiscal de Las Pierdas, Alba Regueira, accedió al pedido de la defensa bajo el argumento de que los imputados debían ser liberados porque habían pasado dos años en prisión sin que fueran acusados: habían sido procesados por el homicidio, pero aún no tenían condena. Ahora si fueron condenados pero esperan en libertad que un Tribunal de Apelaciones confirme la sentencia. 

Pablo Montiel

En marzo de 2016 un hincha de Nacional falleció tras recibir un disparo por la espalda en Villa García. Pablo Montiel salió de la casa de su novia en bicicleta con la remera de Nacional puesta y fue emboscado por varios hinchas de Peñarol que se habían juntado en la plaza de la zona para pintar murales y tapar los del equipo rival. 

Montiel tenía 19 años e iba seguido a ver a su equipo a la cancha. Por este episodio fue procesada una persona. 

 

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