Unas recientes reflexiones del basquetbolista argentino Luis Scola, integrante de la selección vice campeona del mundo, en las que destaca la actitud deportiva de Lionel Messi, que se hicieron virales en las redes sociales, son también un interesante mensaje para la política y la sociedad en general.
Entrevistado en el programa de televisión LNE, que conduce Luis Novarecio en canal A 24, difundidas en la web el martes 11, el ala-pívot del seleccionado albiceleste destacó la actitud trasparente de Messi en el campo de juego.
Describió al número 10 del Barcelona como un jugador que corre y driblea a rivales en el campo de juego sin nunca tirarse al piso simulando una falta deportiva. “Veo que el tipo no se tira. El tipo podría estar tirándose constantemente. Lo revientan a patadas, lo agarran de la camiseta y sigue corriendo y sigue corriendo y sigue corriendo”, una actitud absolutamente contraria a la que Scola observa en Argentina.
El verdadero ganador, sugiere el entrevistado, es quien respeta el fair play y que la presea que obtiene sea fruto del talento combinado con el entrenamiento físico, la dedicación y la actitud profesional adentro y afuera de la cancha.
Fue una apreciación para criticar la “cultura de la viveza”, de la “media trampa” de creer de que es posible ganar una competencia deportiva solo a fuerza de la emoción que despierta el vestir la camiseta de la selección.
Él cree que no es solo un asunto del deporte, sino un reflejo de un proceder en general de la sociedad que ha premiado más la famosa “mano de Dios” de Armando Maradona, un gol tramposo en un partido histórico contra Inglaterra, que la buena conducta de Messi. El deporte, señaló con razón, es un “reflejo de muchas más cosas”.
La viveza criolla alimenta una filosofía de vida de querer sacar ventaja de las circunstancias, aunque haya que utilizar medios malos o equivocados.
Escuchar a Scola hablar sobre la “viveza” hace pensar en los males recurrentes de Argentina, especialmente en la política.
La corrupción en Argentina tiene su raíz en ello; que probablemente gane las elecciones una fórmula presidencial manchada por el robo en la política; que el presidente de la República sea abucheado en el Congreso cuando cumple con su mensaje a la nación; que los “piqueteros” corten las calles e impidan la circulación de los vehículos”; que las barras bravas se hayan adueñado de los espectáculos de fútbol.
Aunque es una característica que forma parte de una identidad no quiere decir que sea algo imperturbable.
En Uruguay, donde también existe la viveza criolla, la escuela del maestro Óscar Washington Tabárez en nuestra selección, que profesionalizó nuestro fútbol e hizo del fair play un signo de identidad, es un ejemplo de que es posible cambiar conductas perjudiciales.
Uruguay necesita imitar el modelo de Tabárez en otras esferas de la vida pública y desterrar aspectos de la idiosincrasia que son un veneno para la convivencia social.
En la campaña electoral se escuchan discursos tramposos de políticos dispuestos a ganar votos a como dé lugar, y ha perdido protagonismo el debate razonado entre adversarios.
Es un comportamiento que representa una pesada “ancla” que impide avanzar porque, como dijo Scola, “la actitud de la viveza nos frena”.