28 de enero de 2015 17:29 hs

Acompañado por su abogado Maximiliano Rusconi, el técnico informático Diego Lagomarsino dio una conferencia de prensa donde relató su versión de los hechos en torno a la muerte del fiscal Alberto Nisman.

Entre sus declaraciones y las de su defensor se destaca que Nisman no pensaba usar el arma que le pidió prestada, pues solo la quería tener “para asustar” a alguien en caso de que la seguridad de sus hijas se viera amenazada.

Primero habló el abogado, quien indicó su “sorpresa” por las declaraciones que ha realizado la presidenta Cristina Fernández sobre el caso. "No es usual que en un caso de esta gravedad institucional uno tenga que escuchar hipótesis y descripciones de alguien que tiene una enorme responsabilidad. Escuchamos ya tres o cuatro hipótesis de lo que pudo haber sucedido. Eso no es sano y debe ir ante la Justicia”, comentó. Luego presentó a su cliente como “una persona absolutamente normal que trabaja en una unidad que tenía una enorme responsabilidad, vinculado a investigación informática”.

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Lagomarsino comenzó su declaración diciendo que no había hablado antes a pedido de la fiscal. Se dijo emocionado y explicó por qué: “No estoy bien porque es una persona que se fue y con la que trabajé mucho tiempo”. Según reconstruyó luego su defensor, el informático trabajaba en la casa de la familia de Nisman y, dada su pericia y eficacia, el fiscal lo contrató para que trabajara en la unidad investigadora de la causa de la AMIA.

Detalles del encuentro

“Estoy el sábado en mi casa, me suena el teléfono a las 4.25, era una llamada privada. No lo escucho. Hay una segunda llamada, la atiendo. Es Alberto Nisman que me pide que vaya, algo que no era infrecuente. Llego a su casa, me identifico, consultan con su apartamento y me autorizan el acceso”, comenzó relatando el técnico.

El hombre entró por la puerta de servicio, como acostumbraba. “Sobre la mesa del living había mucha documentación, imaginé que era de este tema. Me llamó la atención que había cuatro resaltadores amarillos”, comentó, en alusión al volumen de trabajo que tenía.

“Le pregunté si creía que esto tendría más repercusión que otras cosas, me dijo que sí”, agregó. Nisman estaba tan desbordado que esa mañana su madre se había tenido de encargar de hacer las compras del supermercado. “Tengo más miedo de tener razón que de no tener razón”, le comentó luego el fiscal.

En eso, Nisman lanzó una pregunta que Lagomarsino no imaginaba: “¿Tenés un arma?” “Me dejó mal parado, no lo podía creer. Y lamentablemente le dije que sí”, agregó el técnico, sorprendido. “¿Pero para qué la querés?”, insistió, y el fiscal le comentó que tenía miedo por sus hijas. “Le dije: ‘Pero tenés seguridad’. Él me dijo: ‘Pero ya no confío ni en la custodia’”. Según el relato de Lagomarsino, en ese momento el fiscal se emocionó y le lanzó otra pregunta: “¿Sabés lo que es que tus hijas no quieran estar con vos por miedo a que les pase algo?”

“Le pregunté si tenía portación. Me respondió: ‘Por supuesto, yo soy fiscal’”, contó ayer Lagomarsino. El plan de Nisman era guardar la pistola en la caja de seguridad y, al día siguiente, cuando saliera con las chicas, guardarla en la guantera del auto.

El técnico explicó que su arma era vieja y a veces no funcionaba bien, que no le iba a servir. Pero el fiscal dijo que no pensaba usarla. “Es para tener en la guantera del auto, por si viene un loquito con un palo y me amenaza”. Lagomarsino dudaba y el abogado insistió: “Es el único favor que te pido, ¿y no me lo hacés?”

El joven fue a su casa y se demoró en buscar el arma. A eso de las 19, Nisman lo llamó para preguntarle cuándo se la llevaría.

Segunda visita

“Cuando llegué estaba entrando un custodia, aceleré mi marcha para alcanzarlo y fuimos juntos en el ascensor. Me preguntó qué me parecía la tecnología 4G de teléfonos celulares”. Cuando llegaron al piso, el hombre de seguridad tocó timbre en la puerta de servicio, Nisman le dio un sobre y se retiró. Lagomarsino entró al apartamento.

Pidió un café y el fiscal le dijo que se lo hiciera él mismo. A continuación, se sentaron y el técnico comenzó a explicar al abogado las normas básicas de seguridad del arma. “Igual no te preocupes porque no la voy a usar”, respondió Nisman. El joven igual le explicó todo y le pidió que conservara el paño donde estaba envuelta. Le ofreció quedarse con la libreta de propiedad del arma, el fiscal dijo que no la necesitaba pero Lagomarsino insistió en que se la quedara para poder comprar balas. No quedó claro si el fiscal se la quedó o no.

El encuentro terminó poco después, Lagomarsino salió por la puerta principal y llamó al ascensor. Esta llegó con cinco personas adentro, así que no las hizo esperar; saludó a Nisman y quedaron en verse después de la comparecencia ante el Parlamento, prevista para el día siguiente.

Bajó en planta baja junto con otras personas, las demás siguieron hacia el subsuelo.

“El domingo, a eso de las 11, le mando un mensaje a Nisman: ‘¿Estás más tranquilo ahora?’ Nunca me lo contestó”, concluyó Lagomarsino.

Otra aclaración

Las preguntas de la prensa fueron respondidas por su abogado, quien confirmó que su cliente no conoce a Aníbal “Jaime” Stiusso, ex integrante de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE).

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