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Las ambiciones de cada parte en el acuerdo Mercosur-UE

Los europeos persiguen fines más políticos que comerciales, y los sudamericanos aspiran a más intercambio e inversión

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10 de julio de 2019 a las 05:02

El acuerdo comercial que la Unión Europea y el Mercosur firmaron el 30 de junio demorará más de un año en ser aprobado por los órganos ejecutivos de Bruselas. Luego deberá ser ratificado por cada uno de los 27 Estados de la Unión, si se le resta el Reino Unido, y los cuatro parlamentos sudamericanos. Total: más de tres años, al menos. Pero la desgravación arancelaria gradual se iniciaría antes, en forma provisoria, tras su aprobación por el Parlamento de la Unión y de algún Estado miembro del Mercosur.

Un bloque maduro y un Mercosur paralizado

Son miembros de la Unión Europea todos los países de Europa occidental y central —incluidos los del Báltico, Finlandia, Polonia y Rumania—, con excepción del Reino Unido, ahora en retirada, Suiza, Noruega y algunos nuevos Estados de los Balcanes (que aspiran a ingresar, igual que Turquía, cuyo territorio está a caballo entre Europa y Asia).

Los socios del Mercosur pretenden mejorar su productividad, la complementariedad de sus economías, la inversión externa y sus niveles de vida, en tanto Europa occidental busca reafirmar su papel en el mundo, además de alternativas al crecimiento económico que no pasen ni por China ni por Estados Unidos, sumidos en una guerra comercial proteccionista y por el liderazgo global.

El empujón de Angela Merkel, líder de Alemania, la locomotora de Europa, fue decisivo para llegar al acuerdo, tras 20 años de tentativas, junto con la vieja aspiración de España en el mismo sentido. También presionaron a favor Holanda, República Checa, Portugal, Letonia y Suecia. Por el contrario, los países más reticentes o enemigos del acuerdo han sido Francia, Bélgica, Polonia e Irlanda, preocupados por sus agroindustrias. 

Mientras tanto, el diario de izquierda liberal británico The Guardian editorializó que el discurso sobre la “Gran Bretaña global” de los partidarios del “Brexit” (el retiro de la UE) “parece más ridículo” tras el acuerdo. “Como suele ser el caso de los populistas, la realidad no concuerda con la combinación de falsas promesas, pseudo-patriotismo y ataques a los extranjeros”. La verdadera “potencia comercial global, por supuesto, es la UE, que recientemente ha concluido acuerdos comerciales con Japón, Corea del Sur y Canadá” y ahora con el Mercosur, señaló el periódico.

El Mercosur, fundado a partir de 1991, está muy atrás en sus ambiciones iniciales de crear un mercado común, como señala su mismo nombre. Tiene un arancel externo común (AEC) para los productos de extrazona, aunque cada socio agrega trabas o rebajas a su gusto, sobre todo Argentina y Brasil, o aranceles diferentes cuando negocia con terceros países. Pero ahora, de ejecutarse el acuerdo con los europeos, que ordena y obliga a grandes reformas, podría dar un paso gigantesco hacia la modernidad.

El libre comercio significa el no pago de aranceles (impuestos aduaneros), que en el Mercosur son de hasta 35%, que permanecerán sólo para casos especiales, además de cuotas para productos “sensibles”; y la eliminación de otras trabas no arancelarias, como la “tasa estadística” de Argentina, o la “tasa consultar” que aplica Uruguay (que tras el ajuste fiscal de 2017 pasó a 3% para los bienes de origen Mercosur y al 5% para los de extrazona, con algunas excepciones).

El “acuerdo más grande del mundo”, según el canciller uruguayo Rodolfo Nin Novoa, incluye cronogramas de reducción arancelaria, cuotas y reservas de mercados, reglas sanitarias, denominaciones de origen, propiedad intelectual, normas para compras de los Estados y tribunales para solución de controversias.

También prohíbe los monopolios de importación y exportación de bienes, si bien Uruguay exceptuó expresamente a la petrolera estatal Ancap y otras empresas públicas que puedan crearse.

Para los europeos, el acuerdo será más político que comercial. Los países del Mercosur importan entre el 15 y 18% de sus necesidades de la Unión Europea, que es su segundo proveedor después de China, y exportan un porcentaje un poco mayor. 

Las principales compras uruguayas en la UE son maquinarias, fármacos, alimentos, vehículos y artículos electrónicos.

Europa sólo adquiere en el Mercosur el 1% de sus importaciones, más que nada en Brasil (ver la primera nota de esta serie).

El intercambio de bienes entre ambas regiones fue de 103.500 millones de dólares en 2018, con una balanza levemente favorable a la Unión; muy lejos de los 800.000 millones que los europeos intercambiaron con Estados Unidos.

La Unión es la principal potencia comercial del mundo. Sus principales socios, en orden de importancia, son China, Estados Unidos, Suiza, Rusia, Turquía, Japón, Noruega, Corea del Sur, India y Canadá. 

El Mercosur quedaría en el décimo lugar, por detrás de la India. 

Importancia para Uruguay y el cronograma

Europa occidental, con Alemania a la cabeza, es el segundo destino de las colocaciones uruguayas, con un 20% del total. Los principales productos exportados son celulosa, por lejos, además de carnes bovinas, madera, lanas, soja, arroz, cueros, cítricos y miel.

Según un informe oficial de 2016, los exportadores uruguayos pagan cada año unos 270 millones de dólares de aranceles en todo el mundo, lo que deprime las ganancias y los precios a los productores. Casi el 40% del total, unos 106 millones, se pagan para ingresar a la Unión Europea.

El acuerdo obliga ahora a que en una década, gradualmente, los países del Mercosur y los europeos eliminarán los impuestos aduaneros del 91-92% de los bienes.

Quedarán exceptuados algunos renglones sensibles, sobre todo para Argentina y Brasil, como calzado, muebles y vehículos. En esos casos la liberalización podría prolongarse hasta 15 años, en tanto las industrias sudamericanas se tornan más competitivas y se integran y asocian más con sus pares europeas.

Los productos que tendrán cuota de ingreso

Algunos bienes muy competitivos o “sensibles” tendrán el acceso restringido por cuotas. La Unión Europea regulará el ingreso de carnes, arroz, azúcar, etanol y miel, en tanto el Mercosur limitará el ingreso de productos lácteos europeos.

La cuota de ingreso de carnes del Mercosur, en un plazo de cinco años, será de 99.000 toneladas: el 55% fresca y el 45% congelada, que pagarán un arancel de 7,5% sobre su valor, muy inferior al actual. 

La carne vacuna es uno de los principales conflictos entre ambos bloques, de ahí la pequeñez de la cuota. El Mercosur exporta unos 2,4 millones de toneladas de carne fresca y congelada por año, con Brasil a la cabeza, por lo que la cuota equivale apenas al 4% de ese total.

Uruguay aspira a retener para sí el 25% de esa cuota, unas 24.750 toneladas, pero no es seguro que los otros socios se la concedan.

El año pasado Uruguay exportó en total 328.198 toneladas de carne vacuna, y 12.277 toneladas de carne ovina. El 45% fue a China, el 18,8% a la Unión Europea y el 14,1% a América del Norte.

La cuota Hilton, cortes de alta calidad que ingresan a la UE, también dejará de pagar impuestos. A Uruguay le corresponden 6.376 toneladas, que hasta ahora abonan un arancel del 20%, en tanto otras 29.000 toneladas son de Argentina y 14.000 de Brasil.

En cinco años también se liberará por completo (arancel de 0%) la colocación en la UE de una cuota de 60.000 toneladas de arroz de todo tipo (Uruguay es un fuerte exportador de la variedad grano largo: un millón de toneladas en total, con Irak como principal cliente, en tanto unas 100.000 toneladas van hacia Europa. Pero su producción cae sin pausa desde 2010-2011, pues es más barato sembrar y cosechar arroz en Paraguay, Argentina o Brasil).

El Mercosur mantendrá un arancel de 10% para la importación de trigo de extrazona, una reserva que asegura la competitividad del trigo argentino en el amplio mercado brasileño.

En cinco años también se anularán los aranceles para el ingreso a la UE de 45.000 toneladas de miel proveniente del Mercosur. Uruguay exportó 5.800 toneladas de miel en 2018, sobre todo a los países de la Unión Europea, con España en primer lugar, y a Estados Unidos.

En lácteos, otro rubro muy sensible para ambas partes, el acuerdo concede cuotas recíprocas: hacia ambos lados. Los aranceles irán cayendo hasta llegar a cero en diez años para 10.000 toneladas anuales de leche en polvo, entera y descremada; e igual programa para 5.000 toneladas de fórmula infantil, y 30.000 toneladas de quesos (aunque la UE no podrá exportar muzarela al Mercosur).

Los productos lácteos europeos, especialmente los quesos, que ahora pagan un arancel de 28%, podrán ingresar libremente pero con cupos o cuotas. La UE es un fuerte exportador mundial de productos lácteos subsidiados, aunque tiene ciertas variedades casi exclusivas y de gran calidad.

En este caso “el más perjudicado es Uruguay, que tiene el mayor perfil exportador e históricamente ha tenido a Brasil como mercado clave”, estimó el ingeniero agrónomo Nicolás Lussich en su columna del domingo 7 en El País. “Será un cambio drástico para el sector lácteo, que deberá extremar su competitividad para sostenerse y eventualmente poder aprovechar las oportunidades”.

El acuerdo reconoce y protege la calidad de indicaciones geográficas de un listado de productos del Mercosur (identificación de quesos o vinos por marcas y regiones, por ejemplo). Por su parte, los socios del Mercosur reconocen 355 indicaciones geográficas europeas relacionadas con quesos, vinos y bebidas espirituosas.  

Así, por ejemplo, un documento de Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay afirma que “si bien se reconoce la indicación geográfica Grappa, el nombre Grappamiel/Grapamiel podrá continuar siendo utilizado. Las marcas ya registradas no se verán afectadas”.

En cuanto a los quesos, se señala que, pese al reconocimiento al bloque europeo del “origen geográfico del Parmiggiano Reggiano, Gruyere, Fontina y Manchego, los productores uruguayos que a la fecha producían los quesos Parmesano, Reggianito, Gruyer, Gruyerito, Fontina y Manchego (leche de vaca) podrán continuar haciéndolo sin límites”.

Esa aceptación de nombres iguales en ambos lados del Atlántico es un reconocimiento a los antiguos vínculos históricos debido a las migraciones.

Los productos más beneficiados

El 70% de los aranceles de la Unión Europea serán eliminados de inmediato tras la vigencia del acuerdo. Según un documento divulgado por la Cancillería, eso significará puertas abiertas, con arancel de 0%, para productos uruguayos “de la pesca, cueros, menudencias, grasas y despojos comestibles de la especie bovina, aceites de usos industria (soja, maíz, girasol), manzanas, peras, cerezas y ciruelas, legumbres, frutos secos y pasas de uva, bebidas (agua mineral, cervezas y espirituosas) y harina y porotos de soja, entre otros”. 

Otros productos se beneficiarán con caídas de aranceles en fases de tres, siete y diez años: lana, hortalizas, plantas y tubérculos alimenticios, cítricos (limones, naranjas, mandarinas), arándanos, arroz partido, alimento para mascotas, aceites vegetales, preparaciones alimenticias, mermeladas, jaleas y otras preparaciones en base a frutas, hortalizas en conserva.

“En 2014 Uruguay pasó a ser considerado un país de renta alta y perdió preferencias arancelarias en la UE para el ingreso de cítricos”, se señaló en El Observador del martes 3 de julio. “Esto llevó a que las empresas nacionales del sector tuvieran que invertir en cambios varietales. Hoy el principal mercado para ese productor es Estados Unidos, con más del 90% de lo exportado”.

El intercambio de vinos envasados de Europa y del Mercosur se liberará de aranceles en ocho años: los vinos de uno y otro lado del Atlántico circularán sin impuestos de aduana. El acuerdo no incluye el vino a granel, que se compra en uno u otro mercado para luego embotellar y etiquetar en un tercer país.

El acuerdo respeta los regímenes especiales, como las zonas francas de Uruguay, de gran importancia por la producción de celulosa (UPM y Montes del Plata), concentrados de bebidas (Pepsi), o servicios logísticos y financieros.

El gobierno uruguayo mantuvo a texto expreso el monopolio de Ancap. En los demás países del Mercosur la refinación e importación de combustibles es libre, por lo que tienen tarifas más bajas.

Las concesiones en materias de servicios se harán a texto expreso, sector por sector (“listas positivas”). Pero la UE podrá acceder mejor al mercado sudamericano de servicios (telecomunicaciones, transporte o servicios financieros).  

Por primera vez en su historia, cada socio del Mercosur aceptará la competencia de empresas extranjeras para las compras del sector público, que deberán basarse en la transparencia, la no discriminación y en un tratamiento equitativo (salvo ciertas políticas de desarrollo y programas de agricultura de Uruguay, que mantendrán sus privilegios como oferentes). También las empresas de ambos bloques podrán competir libremente en el sector de las obras públicas.

Próxima y última nota: Partidarios y enemigos del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea.

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