30 de julio de 2013 11:07 hs

China, víctima de los desequilibrios de su sistema financiero, lucha entre el crecimiento de las deudas públicas, en particular las de los gobiernos locales, y la proliferación de instrumentos de crédito no regulados, que, según expertos, son bombas de tiempo.

Las autoridades anunciaron el domingo que el Tribunal de Cuentas chino iba a realizar una auditoría "urgente" del conjunto de la deuda pública y a enviar inspectores a las provincias y las municipalidades a partir de los próximos días.

Una semana antes de este anuncio, el Fondo Monetario Internacional (FMI) señalaba en un informe un fuerte aumento de la deuda emitida por las autoridades centrales y locales, la cual se eleva, según la institución, a 45% del producto interno bruto (PIB).

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Economistas del banco Société Générale estiman que la deuda de los gobiernos locales (provincias y municipalidades) probablemente haya pasado de 10,7 billones de yuanes a 17,5 billones de yuanes (2,13 billones de euros) desde la última auditoría, realizada a mediados de 2011.

Las autoridades locales han pedido prestadas importantes sumas de dinero con el fin de estimular la actividad económica y las han invertido, entre otras cosas, en grandes proyectos de infraestructuras y fastuosos edificios oficiales, en algunos casos sin rentabilidad ni mucha relación con la economía real.

En este contexto, las autoridades centrales han decretado recientemente una moratoria de las construcciones de edificios oficiales.
Paralelamente, los créditos otorgados al sector privado han aumentado sensiblemente, en gran parte en base a instrumentos financieros no regulados (sociedades fiduciarias y organismos de microcrédito) que se han desarrollado al margen de los grandes bancos estatales.

Este sistema paralelo de "shadow banking" (o finanzas en la sombra) aumentó mucho en los últimos dos años y representaba a fines de 2012 unos 29 billones de yuanes (3,55 billones de euros), o sea 55% del PIB, según Moody's Investors Service.

Para Wei Yao, analista del banco Société Générale, "a regañadientes, se opta por estas vías no oficiales para obtener financiamiento".

Los establecimientos bancarios, controlados por el Estado, prefieren otorgar préstamos a los grandes grupos públicos y no a las pequeñas y medianas empresas, que tienen menos contactos con los cuadros de la administración y son consideradas menos confiables.

Además de las empresas y los particulares, las restricciones al crédito tradicional afectan a los gobiernos locales, los cuales han creado entidades específicas para obtener estos "financiamientos paralelos", añadió Wei Yao.

El total de los préstamos bancarios tradicionales y de las "deudas no tradicionales" equivale actualmente a alrededor de 200% del PIB, cuando en 2008, se elevaba a 130%, indicó a mediados de julio Markus Rodlauer, jefe de misión del FMI para China.

Una importante crisis de liquidez afectó en junio al mercado interbancario chino, lo cual aumentó la preocupación por el estado del sector financiero en su conjunto. El banco central, que había asegurado a fines de junio vigilar la estabilidad de los mercados monetarios, anunció el martes que había inyectado cerca de US$ 2.800 millones en el sistema bancario.

Para Mark Williams y Wang Qinwei, analistas de Capital Economics, "muchos préstamos otorgados a prestatarios públicos nunca se reembolsarán" y, "en determinado momento, el Estado tendrá que reflotar las entidades establecidas por los gobiernos locales" para endeudarse, lo cual no necesariamente "se hará con suavidad".

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