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Las dificultades para evitar que se propague el ébola en el Congo

El grueso de la población se resiste a tomar medidas sanitarias

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23 de junio de 2019 a las 05:00

El ébola irrumpió en la República Democrática del Congo en agosto de 2018 y continúa propagándose a pasos acelerados. ¿Por qué gran parte de la población no colabora con las medidas de control de la enfermedad? ¿Por qué prefieren morir infectados antes que vacunarse? ¿Por qué grupos de civiles han atacado a miembros de la Cruz Roja y no les permiten cumplir sus funciones de ayuda?

Para comprender estos hechos que parecen escapar de toda lógica, hay que tener presente que el Congo tiene una larga historia político-social marcada por dictaduras, golpes de Estado, guerras civiles, inestabilidad política, represión, abusos, crímenes étnicos, enfermedades de todo tipo (sobre todo el cólera y la malaria) y hambruna. Décadas de infamia que han llevado a muchos congoleses a un estado que se ha dado en llamar “hartazgo crónico”.

La mayor parte de la población tiene profundamente arraigada la desconfianza y el rechazo a las autoridades nacionales, responsables de las penurias del país, aunque vienen desde 1960. 
Al decir de Médicos Sin Fronteras (MSF) en un informe de noviembre de 2018, “esta falta de confianza es comprensiblemente más exacerbada en un contexto que padece conflictos de violencia desde hace años”.

El sentimiento de rechazo se extiende a las políticas de salud pública y a las organizaciones internacionales de ayuda, en especial cuando las medidas que se proponen para controlar la epidemia van en contra de sus costumbres y creencias, como en este caso.

La epidemia actual de ébola en el Congo es la décima desde 1976 y la segunda más grave en la historia de la enfermedad (después de la que afectó a África del Oeste en 2014-2016). La diferencia es que en esta oportunidad ocurre en un epicentro de conflicto armado entre el gobierno y grupos rebeldes. 

Por otra parte, las autoridades ahora disponen de una vacuna experimental contra el ébola con una eficacia del 95%, según avaló la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

Pero luego de tantos años de sometimiento y exposición a la insuficiencia general de los servicios primarios, es muy difícil convencer a la población de que las medidas que se quieren adoptar son realmente para su beneficio.

Además, en el Congo hubo campañas de desinformación contra las vacunas de EEUU, Ucrania y de otras procedencias, que han calado en la gente, según dio a conocer la OMS.

Lo que sucede en el Congo es un típico caso de cómo la ciencia avanzó más que la sociedad, y de cómo un problema de salud pública adquiere una dimensión mucho mayor al teñirse de conflictividad política, social y de las barreras culturales de un país devastado.

Hasta mediados de junio se habían infectado más de 2.000 personas, 1.400 de las cuales murieron. Ahora la epidemia llegó a la vecina Uganda. 

Según un sondeo realizado por The Lancet, en Beni y Butembo (ciudades gemelas, afectadas por el brote), 36% de los lugareños cree que el ébola es un invento para desestabilizar la región, 33% dice que es una mentira para obtener beneficios económicos y 25% directamente no cree que el ébola exista. 

En su mayoría, no dan crédito a las alertas de las autoridades, aunque declaran que igual toman precauciones para evitar contagios, como el lavarse las manos. Pero esto no es suficiente, sobre todo considerando que solo 63% de los encuestados en esas ciudades aceptaría vacunarse y muchos evitan los centros de tratamiento, en los que suele hablarse un idioma diferente al de ellos. La situación es algo mejor en ese sentido en las zonas urbanas que en las rurales.

La respuesta al brote está siendo especialmente difícil en las zonas inaccesibles y en áreas en conflicto donde operan más de un centenar de grupos rebeldes, lo que ha provoca el desplazamiento continuo de cientos de miles de personas, con el riesgo de expandir más el contagio de la enfermedad.

El virus se transmite por contacto con animales infectados, por ejemplo, al descuartizarlos, cocinándolos o comiéndolos, o con líquidos biológicos de personas infectadas. Muchas personas piensan que cocinando más tiempo las partes del animal evitan la enfermedad. El hambre y la pobreza pueden más que la información.

Otro factor social fuerte que incide son los hábitos y las creencias. Los congoleses tienen muy arraigadas las prácticas ancestrales de limpiar y besar a los muertos, por lo que se resisten cuando los equipos de la Cruz Roja los aíslan y entierran sin ceremonia, según los protocolos de seguridad.

Los voluntarios de Cruz Roja y otros integrantes de cuerpos médicos y misiones han recibido amenazas y ataques de civiles. A esto se suman los riesgos de salud a los que ellos mismos están expuestos al dar asistencia.

El gobierno de Tshisekedi

El Congo descrito es el que está dirigiendo Felix Tshisekedi desde el pasado enero, cuando asumió la Presidencia luego de Joseph Kabila, quien gobernó desde 2001. El nuevo presidente debe tomar decisiones urgentes para salir de esta crisis sanitaria que se ha convertido en una pesadilla.

Será muy difícil para él ganarse la confianza en este contexto. Ya en el arranque fue muy cuestionada su legitimidad. 

Como era de esperarse para un país africano complejo, los resultados electorales fueron poco confiables. Hubo falta de papeletas y de máquinas de votación, las listas de votantes no estaban actualizadas, muchos observadores fueron expulsados de los centros electorales, acontecieron episodios de violencia por parte de las fuerzas de seguridad. Además, más de 1 millón de congoleses no participaron en el proceso electoral en la fecha prevista, debido a que la convocatoria fue aplazada por las autoridades en algunas zonas afectadas por el brote de ébola. 

En una resolución, el Consejo de Seguridad de la ONU pidió el cese de los combates en el país para facilitar “la pronta erradicación de la enfermedad”. Pero eso fue el 30 de octubre de 2018, hace más de medio año.   

El reto de Uganda
La Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguró que la epidemia de ébola que azota al Congo no constituye una amenaza internacional, pese a los casos confirmados en la vecina Uganda.
El brote de la enfermedad en el Congo “no cumple con los criterios para una emergencia de salud pública de interés internacional”, dijo un panel de la OMS en una declaración, el viernes 14.
La semana pasada, en Uganda, el virus del ébola se cobró la vida de sus dos primeras víctimas –un niño de 5 años y su abuela de 50 años– que habían viajado recientemente a RDC para asistir al entierro de un familiar fallecido de ébola. 
El principal reto para las autoridades ugandesas frente a esta epidemia es la frontera de 875 kilómetros con la vecina RDC, cuya permeabilidad es muy difícil de controlar pese a los controles sanitarios. 
“El mayor desafío (...) es la porosidad de la frontera, con personas que siguen entrando en el país sin pasar por las zonas donde se realizan las pruebas, ya que se han puesto en marcha controles en varios puntos de entrada pero no en todos”, declaró Josephine Okwera, de la Cruz Roja. (AFP)
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