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Las mil vidas de Giovanni Zarfino: de Possolo y general Flores a Almendralejo

Tuvo mononucleosis, le echaron de Danubio, para entrenar en Boston River sacaban los vidrios de la cancha, volvió a Danubio y firmó a rendimiento, y hoy es figura del Extremadura

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03 de agosto de 2020 a las 05:04

Cuando el 199 enfilaba por Possolo, los gurises corrían a sacar las piedras con que habían hecho el arco en la calle. Después las volvían a poner y seguían jugando fútbol. Entre ellos estaba Giovanni Zarfino, actual jugador del Extremadura de España, que nació en el barrio Las Acacias y durante su vida tuvo que “remar contra la corriente” para salir a flote. Pasó las de Caín, pero hoy es considerado un héroe en su club: en 2018 lo bautizaron “el héroe de Anduva”, porque en un estadio con ese nombre marcó dos goles decisivos para el ascenso del equipo a Segunda división.

Antes, sufrió mononucleosis, lo echaron de Danubio en Séptima, tuvo que salir a trabajar para pagar la luz cuando jugaba en Boston River y cuando regresó a la Franja firmó un contrato a rendimiento porque no todos confiaban en sus condiciones.

El padre de Giovanni es el famoso peluquero del barrio. Los vecinos lo respetan y lo quieren. Primero tuvo la peluquería en la calle Possolo, después se mudó a General Flores. Desde hace más de 20 años se ubica en la misma zona. Giovanni recuerda su infancia entre la peluquería y el fútbol en la calle.

“Mi ídolo era el Chino Recoba. Lo seguía, quería jugar en Danubio. Mi camiseta decía ‘Chino’ por él. Hasta me dejaba el pelo largo como lo usaba él”, recordó Giovanni a Referí desde Portugal, donde pasó unos días de vacaciones con su padre. Es que Almendralejo, donde vive, está apenas a dos horas del país de Cristiano Ronaldo.

A la edad del baby fútbol defendió al Santa Ana y en Preséptima se fue a Danubio. El ómnibus lo pasaba a buscar en la esquina de General Flores y Possolo para llevarlo a la práctica. Viviendo en Las Acacias tuvo la oportunidad de ir a Peñarol, pero le tiraba la Franja. Cuando jugaba en la Séptima danubiana se contagió la mononucleosis y empezó el sufrimiento.

“Te ataca al hígado y no te podés mover. Sentía un dolor increíble en la panza, no me olvido más. En ese tiempo lo pasé feo, mi familia no podía entrar al dormitorio porque había olor feo”, recordó el volante, al que la suerte le tenía preparada otra moña. “Pero peor fue cuando volví a Danubio y Machaín me dijo que no tenía lugar. Entrené un solo día y al otro me echó. Había estado como tres meses afuera de las canchas y me dijo que no tenía físico para jugar en Danubio”.

Con todo el dolor del alma se marchó y se fichó en Fénix, donde jugó dos años.

Después entrenó en Cerrito, pero no pudo quedar por un tema reglamentario y un entrenador llamado Marcelo Carrasco lo invitó a La Luz, pero el equipo de Aires puros se desafilió y el mismo DT lo llevó a Boston River a la edad de jugar en Quinta división.

Era 2011 y el club estaba gerenciado por una empresa argentina liderada por el exjugador Martín Cardetti. Llegaron con un proyecto a cinco años, pero se quedaron tres. Giovanni debutó en Primera y recuerda cuando Cardetti y Cuqui Silvani lo felicitaron. Pero cuando ellos se fueron, el club se hundió. Otra vez había que remar.

“Estuvimos seis meses sin cobrar. El presidente Pérez Lauro es uno de los dirigentes con mayor sinceridad que conocí en el fútbol. Todos los 10, que era el día de pago, se subía al ómnibus y nos decía que no tenía de donde sacar el dinero, y que si seguía pagando la mujer lo iba a echar de la casa. Iba entregando para la nafta del ómnibus para ir a entrenar, hasta que en un momento tampoco pudo con eso y entrenábamos en el cantero de la avenida Varela”.

Fútbol profesional uruguayo. “No me olvido más -dijo Giovanni-, sacábamos los pedazos de vidrios y las piedras para entrenar. Franco Torgnascioli, el golero, limpiaba para poder tirarse. Hacíamos comidas con la carne que nos daba Fredy, de la carnicería Qué Locura. A pesar de todo nos metimos en un playoffs, hicimos una gran temporada y eso te queda grabado porque nos unimos y fue de los mejores momentos que viví en el fútbol pasando muy mal”.

Giovanni vivía con sus padres, pero aún así tuvo que salir a trabajar porque era el encargado de pagar la luz y el cable en la casa, y no tenía ni para sus gastos personales. Ayudó a su padre en la peluquería, trabajó con su tío de jardinero y en la verdulería de Franklin, en el barrio.

Recuerda con emoción la voluntad de sus compañeros más grandes y con familias a cargo.

“Fue admirable lo que hacían Danilo Rivero, Serafín García, Pablo Silva, el Toco Maldonado, me quedó para siempre. Rivero tenía una hija, vivía en el Cerro, iba y venía en ómnibus a entrenar, hacía changas y era el primero en llegar y el último en irse, incansable; aportaba con su ejemplo”.

Por ese motivo, recordando aquellos tiempos adversos aunque también aleccionadores, es que este año envió desde España zapatos y guantes para los integrantes de las divisiones juveniles de Boston River. 

“Siempre quise colaborar con algo por lo que hicieron por mi en lo futbolístico y en lo humano. Hay que ser agradecido en la vida”, dijo a Referí.

La oportunidad que esperaba, de jugar en un equipo de Primera división, la logró en Danubio en 2015, con la ayuda de un amigo del barrio, Guillermo Silvera, quien actualmente es su representante.

Firmó un contrato a rendimiento, porque si bien el presidente Óscar Curutchet confiaba en él, había dirigentes que no.

“Les dije que si a los seis meses no querían contar conmigo, me iba por mi cuenta, pero quería tener por lo menos la oportunidad de jugar cinco o seis partidos y demostrar que estaba capacitado para jugar”, explicó.

Tuvo la revancha de regresar a la Franja y a los tres meses le renovaron el contrato. En 2017 estaba listo para salir a préstamo a Newell’s Old Boys, incluso se sacó la foto con la camiseta. Pero el club rosarino y Danubio no llegaron a un acuerdo. Entonces tuvo que elegir, entre Independiente de Medellín y Extremadura, que estaba en la Segunda B española. “Decidí venirme a Europa aunque no tenía los papeles, pero era un proyecto para ascender y por suerte se dio en un año”.

La foto con la camiseta de Newell's Old Boys

Fue figura en la primera temporada y factor decisivo para el ascenso. Había firmado por cuatro años, pero le renovaron el contrato antes y aún le quedan dos. Este año el equipo volvió a Segunda B, pero Giovanni no va a jugar en esa divisional. El club no quiere y él se siente apto para un reto mayor: “Me siento capacitado para jugar en Primera en España y cuando tenga la oportunidad seguro termino jugando, por mi mentalidad, por como soy yo, estoy convencido. Siempre me ha tocado remarla de abajo, quiero tener la oportunidad en Primera”. Por el nivel futbolístico del fútbol español, tiene esperanza de llegar incluso a la selección.

El año pasado lo visitó en Extremadura su tío José, o Chiqui, como le dicen en la familia. Una visita que se hizo viral. Chiqui tiene síndrome de Down y Giovanni sabía que viajaba, pero jamás pensó que lo iba a ver entrar en la sala de conferencias, justo cuando él estaba hablando con los periodistas.

“Yo sabía que venía con mi viejo, pero pensé que iban a ir derecho a la casa. Pero cuando yo estaba en conferencia, abrieron la puerta y entró, me emocioné. Ver su carita, cómo me miró. Si hubiera estado preparado no salía tan bien. Es que habíamos pasado mil cosas antes porque no lo dejaban viajar, cumplirle el sueño de viajar en avión. Cuando me vine a España hacíamos videollamadas y él me hacía el ruido del avión y levantaba las manos como si volara. Y lo que pasamos en Almendralejo con él, fue de las mejores cosas en el fútbol”.

La dificultad del viaje de su tío radicó en que el padre de Giovanni, que lo acompañó a España, no era el tutor, entonces tuvieron que sacar muchos permisos. “Son cosas entendibles porque son personas a las que engañan fácilmente y hay tráfico de órganos, mil requisitos”, contó el futbolista sobre Chiqui, quien lo acompañó siempre con sus chistes y su sonrisa, en todos los clubes que defendió.

A los 28 años, Zarfino está encantado con su vida y la de su familia (“mi nena tiene tres años y es una españolita más”, dice) en Almendralejo. Al punto que abrió un restaurante de parrillada uruguaya que se llama El Centenario. “Está ambientado con fotografías de nuestra historia del fútbol, de 1930. Tenemos gente uruguaya trabajando, amigos, y muchas ganas. Aprovechamos que acá no hay algo así y por el respeto y el cariño de la gente local, creo que nos va a ir bien”.

La parrillada que abrió en Almendralejo, Extremadura

Si retorna en algún momento a Uruguay, su anhelo es jugar en Danubio o en Boston River, porque "el agradecimiento es el mayor respeto que le podés devolver a la gente que te ayudó en la vida", expresó desde su nuevo destino, bastante lejos de Possolo y General Flores, donde empezó todo.

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