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Espectáculos y Cultura > Visita ilustre en Montevideo

Las primeras horas de Roger Waters entre elogios a Mujica y los hijos de sus fanáticos

El músico inglés llegó al aeropuerto viejo de Carrasco en un jet privado; fue declarado visitante ilustre en la IM

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02 de noviembre de 2018 a las 17:15

La tapa de plástico del disco está partida y un poco sucia. Tiene el daño externo de esos cds que se guardan durante años, que se escuchan hasta al hartazgo, esa costra gris que por fuera marca el paso de las generaciones a través de la música. Pero la línea que surca y rompe la cubierta del ejemplar de A saucerful of secrets, el segundo disco de Pink Floyd, no es tan larga como la sonrisa de quien lo porta, porque Carlos estuvo en la conferencia y lo vio. Lo aplaudió. Le grito gracias por venir. Va a ir mañana. Dice que gastó más de 6 mil pesos, pero que “le chupa un huevo” porque lo va a ver de cerca y va a sentir el peso de su leyenda en carne y hueso. Como hace unos minutos, cuando lo vio en la Intendencia de Montevideo y pudo escuchar sus primeras palabras en la ciudad.

Carlos (no es su nombre real), tiene menos de 25 años y es fanático de la banda y de Roger Waters, que presentará un concierto inédito en el país este sábado en el Estadio Centenario. Se le nota en la emoción, en que parece estar a punto de irse saltando o corriendo hasta su casa. Como otros cuantos más, Carlos llegó hasta la sede del gobierno departamental cuando se enteró que a las tres de la tarde Roger Waters iba a ser declarado Visitante Ilustre por la comuna capitalina. Y llevó el disco por las dudas. “Es de mi viejo. Soy fanático por él”, dice. 

La juventud de Carlos se repite en varios de los seguidores del ex líder de la banda inglesa que están presentes en uno de los salones de actos de la Intendencia. Sin embargo, hay de todo: jóvenes, adultos, viejos, además de un caudaloso grupo de periodistas que se ubica al frente de la sala. Cuando Waters aparece en el escenario precedido por el intendente interino Oscar Curuchet, Mariana Percovich, directora de Cultura y otras autoridades, todos levantan los celulares, tuitean, graban videos, aplauden, gritan. Es el preludio al estadio, la entrada para algo mucho más grande que vendrá después.

La llegada

El músico inglés llegó a la ciudad poco después de las 2 de la tarde. Su jet privado aterrizó en el aeropuerto viejo de Carrasco, hoy devenido en terminal de carga aérea. Allí, además de algunos periodistas, estaba parado un único fan. La información del arribo de Waters no se difundió demasiado y Juan –que no se llama Juan pero pidió que no se publicara su nombre porque se escapó del trabajo para estar allí– estuvo parado esperando desde las 9 de la mañana. Había rastreado su viaje desde el hotel bonaerense en donde el músico hace base para su gira sudamericana. En el bolsillo de su chaleco de nylon guardaba The Wall, el mítico disco de Pink Floyd, del que Waters tocará varias de sus canciones este sábado en el Centenario.

“No voy a la Intendencia, no llego. Pero sí voy al Pit-Cnt, le compré la entrada a una mujer que me la cobró a $300. Y mañana estoy, obvio”. Juan, que esperó horas y que tenía prontos un par de marcadores para que la firma de Waters quedara impresa en la carátula, tuvo que contentarse con verlo pasar en una camioneta negra, desde la que le levantó el pulgar en señal de aprobación.

El convoy era escueto. Dos vans negras de vidrios polarizados, que agarraron por la rambla y se fueron directo a la Intendencia. 

Ciudadano ilustre

Llegó primero el más veterano. Pelo gris, bolsa de nylon en la mano, campera verde. “Me enteré que Roger Waters está acá y que se puede ir a verlo. Me vine corriendo”. Al instante se le suma un joven de menos de 20 años. Vestido de negro, espera el ascensor de la Intendencia con el hombre de la bolsa. Enseguida llegan tres jóvenes más, un hombre y una mujer de la mano y una mujer que tiene el celular ya pronto con la cámara. El ascensor demora. Salen corriendo por la escalera hasta el segundo piso, en grupo. 

En el salón de actos, el acontecimiento está a punto de comenzar. Después de los flashes que se activan cuando Waters muestra la cara, Percovich lo introduce. “Esta es una instancia muy emocionante a nivel personal”, comienza. “Montevideo tiene una historia larga de amor con Pink Floyd y The Wall. Fue una película prohibida por la dictadura y uruguayos y argentinos trataban de verla cruzando de una orilla a la otra en épocas que todavía eran de clandestinidad. Un clásico se define por su vigencia y universalidad. Tu trabajo artístico se reinventa cada década y va incorporando nuevos lenguajes para contar tus historias y por esos se convirtieron en clásicos”, continúa.

Llegó el turno de Curutchet, que lo saluda en inglés y que durante su escueto discurso es interrumpido por una activista que desde el público grita que a los artistas y artesanos se los está reprimiendo. 

Al final, y tras la entrega de la declaración de visitante ilustre, Waters toma la palabra. En su discurso alterna elogios al expresidente José Mujica y críticas contra el neoliberalismo, la distribución de la riqueza en el mundo, los “cerdos” actuales y el fracaso de la lucha contra las drogas. 

“Es maravilloso estar en Montevideo porque Uruguay significa mucho para nosotros en el resto del mundo. Es un país pequeño en relación con la cantidad de habitantes, pero enorme por sus influencias. He estado leyendo un poco más porque sabía que iba a venir”, dice el músico.

“Agradecemos a Pepe Mujica, entre otros, que tuvo la inteligencia y el corazón de sugerir que hay otro camino. Ese camino es lo que llamamos “comunidad global”. Ojalá logremos implementar esa comunidad para poder solucionar la extraordinaria brecha que existe hoy en la humanidad. No diré más nada. ¡Vengan al show mañana!”, finaliza.

Water se va entre flashes, fanáticos, vinilos que se le vienen encima y el griterío de los que fueron hasta allí para verlo.Todo muy a la uruguaya, sin excesos y con un evidente bajo perfil.

En su un día todavía queda una parada: la visita a la sede del Pit-cnt para hablar sobre la interminable crisis entre Palestina e Israel. Después, el show. El momento que todos los que estaban en la Intendencia están esperando.
 

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