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Las sequías son fenómenos recurrentes y sin embargo...

"A mí me gusta pensar que la suerte es el meditado cuidado de todos los detalles", dijo el autor del análisis

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29 de enero de 2021 a las 22:09

Por Marcelo Pereira Machín (*), especial para El Observador

Las sequías han tenido consecuencias que han afectado a la humanidad a lo largo de la historia. Entre ellas podemos mencionar la emigración de humanos hacia otros continentes, hambrunas, desastres económicos, terminación de culturas, enormes mortandades de humanos y de animales, etcétera.

Hablando de ganadería, cerca en el tiempo y espacio, podemos identificar estas consecuencias. La cuenca del Plata no ha sido ajeno a eso. Se recuerdan las épocas de las “grandes polvaredas”; como consecuencia de la desaparición del tapiz se formaban grandes nubes de polvo, al igual que la gran tormenta de polvo que se dio en Estados Unidos en 1930.

Este fenómeno fue el causante de la desaparición de los “vacunos ñatos” (variedad de ganado criollo con prognatismo), hecho que había concitado interés de Charles Darwin. Más aún, a Darwin le habían contado que el ganado (incluso caballos), desesperado por tomar agua en el Paraná, se apilaba y se pisoteaban unos otros, con la consiguiente muerte de la mayoría.

Darwin expresó: “¿Qué pensaría un geólogo al descubrir una cantidad tal de esqueletos acumulados en una capa de suelo?”. Esto fue recientemente descubierto en la localidad de San Pedro, Argentina, verificando lo escrito por el naturalista (**).

Pese a todo esto y con la seguridad que las sequías no son fenómenos raros, muchas veces nos encuentran “mal parados”. Sabiendo que es un fenómeno en sí mismo muy complejo, haremos un análisis que tal vez pueda ser de utilidad.

Podemos observar dos aspectos, uno estructural y otro de gestión.

El estructural se refiere al hecho de tener buena cantidad, calidad y distribución de agua para el ganado. Llamamos a eso infraestructura básica. Es un fenómeno que evoluciona, ya que el número de subdivisiones va en continuo aumento. Cuando se introdujo el ganado por Hernandarias y los Jesuitas, el Uruguay era un potrero sólo y actualmente hay más de 170.000 y aumentando. Es una decisión que puede ser costosa, pero a lo que mucha gente le viene dando solución, si bien queda mucho por hacer.

El otro, es el tema de la gestión de las sequías, ¿para qué?, para que no se trasformen en crisis forrajeras. La palabra gestión se puede resumir en “juzgar para prever”. Ilustro este concepto con algo que lo describe a las claras.

Hace pocos días tuve el privilegio de conocer a Oscar Samurio. Único nadador uruguayo que cruzó el Canal de la Mancha, ¡nadando! Oscar cuenta su hazaña dejando traslucir un ejemplo perfecto de buena gestión. Tuvo que estudiar el cruce y prepararse. Para ello creó un equipo de apoyo (entrenador y señora), donde se previó todo lo que se pudo. Entrenamientos de hasta nueve horas diarias con una antelación de un año y medio, baños cotidianos en invierno con agua helada. Entrenamientos en pleno julio en el río Uruguay y en el Río de la Plata. Engordó premeditadamente 16 kilos para crear una capa de grasa aislante, con comidas especiales y un desafío previo como forma de preparación, el cruce del Río de la Plata. Todo esto igual le llevó a que aparecieran muchos imprevistos, los cuales lo resolvieron en equipo y con la mayor cantidad de información posible. Contó sin darle mucha importancia: “Me iba en bicicleta desde Young a Paysandú y ahí comenzaba a nadar en el río durante seis horas”.

Objetivo claro, preparación y previsión. Cuando le pregunté qué no había previsto, me dijo: “Si me hubiera enterado que durante la travesía iba al lado mío un elefante marino, ni loco me tiraba el agua”.

Este ejemplo bien sirve, conceptualmente, para desacoplar en lo posible el concepto de sequía y crisis forrajeras.  Para ello hay tecnologías útiles, ajuste de carga en tiempo y forma, índice del plato de comida, control de amamantamiento, suplementación y muchas cosas más. Pero todo esto es inútil sin un buen sistema de monitoreo que permita tomar decisiones a tiempo.

Siempre vemos en las sequías que alambrado por medio hay gente que tiene pasto y del otro lado campos pelados. Algunos dirán “tuvo suerte”; a mí me gusta pensar que la suerte es “el meditado cuidado de todos los detalles”.

(*) Ingeniero agrónomo, Instituto Plan Agropecuario

(**)  Daniel Pereira Machín, El clima y su relación con la producción ovina en el Uruguay. Pasado, presente y futuro

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