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Las tres palabras mágicas

Las tres palabras mágicas del emprendedor: Foco + Perseverancia + Conocimiento, según el emprendedor de Zetasoftware Mario Celano Meyer

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13 de mayo de 2013 a las 00:00

Hace algunos años fui a una charla que había organizado IBM junto a Endeavor Uruguay. Como invitado especial estaba Enrique Baliño, alguien que yo había visto en algún Encuentro GeneXus brindando charlas motivacionales. Baliño centró su charla en lo que desde ese momento fueron para mí las tres palabras mágicas del emprendedor: Foco + Perseverancia + Conocimiento. Lo que más me gustó de la charla fue la descripción de los tres síndromes que acontecen cuando una de esas tres palabras están ausentes en un emprendimiento.

De estos síndromes Baliño también escribió en “No + pálidas”, un libro que considero de lectura obligatoria a tal punto que la misma noche que terminé de leerlo escribí un artículo en el Blog de Zetasoftware que empezaba diciendo algo como “No + pálidas, imprescindible para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero, ya sea dueño, empleado, desocupado, o lo que sea … pero sobre todo uruguayo.”

A continuación la descripción de los tres síndromes:

1) Crítico esférico

Las personas que tienen capacidad y están enfocadas en los objetivos, pero no tienen voluntad, sufren el síndrome del “Crítico Esférico”. Son los que analizan todo con mucha inteligencia y conocimiento, incluso con mucho detalle, pero no hacen nada. Son unos críticos perfectos del mundo que construyen … otros.

2) Bicicleta fija

Las personas que están enfocadas en los objetivos y tienen voluntad, pero no tienen capacidad, sufren el síndrome de la “bicicleta fija”. Son como una bicicleta ergonómica porque pedalean con mucha energía y están enfocados en el objetivo, pero no avanzan nada.

3) Manguera suelta

Las personas que tienen voluntad y capacidad, pero que no tienen foco, padecen el síndrome de la “manguera suelta”. Son los que tienen muchas ganas, tienen la capacidad, pero hacen varias cosas diferentes a la vez, cambian con frecuencia y no saben hacia dónde van.

Cuando Baliño terminó su charla entendí que nosotros en Zetasoftware, sin saberlo, habíamos estado siempre muy enfocados en nuestros objetivos, habíamos tenido una perseverancia a prueba de todo, y teníamos el conocimiento para Hacer; porque emprender es antes que nada Hacer.

Mientras hablaba de Foco me acordaba que nunca nos habíamos desviado de nuestro camino, ni siquiera cuando tenía que pedirle dinero prestado a mi cuñada Ana para llegar a fin de mes y pagar los gastos (de ganancias ni hablemos) y cuando nos salían al cruce buenas oportunidades de hacer dinero pero que no estaban en sintonía con nuestros objetivos. A todas estas oportunidades les dijimos que no, y créanme que no era nada fácil decir NO cuando no podés pagar ni el teléfono.

Mientras Baliño hablaba de Perseverancia me acordaba de la crisis del 2002 cuando con Alen (mi mano derecha e izquierda en ese momento) estábamos parados en una vereda de Rosario, un pueblo muerto, preguntándonos cómo íbamos a hacer para que alguien nos conociera y nos comprara nuestro software. Éramos nadie, con muy pocos clientes, sin dinero para ningún tipo de publicidad, lejos de Montevideo y con la competencia en su apogeo.

Pero cuando Baliño hablaba de Conocimiento nosotros sabíamos perfectamente “para quién cantábamos” dijera Charly García. Sabíamos que todo lo que necesitábamos era llegar a los posibles clientes para convencerlos que nuestras soluciones de software eran las mejores para sus PyMEs.

Hay otra característica de la cual Baliño no habló en esa charla y que considero fundamental para lograr que un emprendimiento sea exitoso, y es la que llamo “Quemar las naves”. No soy muy creyente en los emprendimientos que esperan frutos mientras se sustentan en un sueldo, en esa lógica de “no dejo mi trabajo seguro hasta no verle las patas a la Sota”. Hay momentos muy difíciles mientras se emprende, momentos que ponen a prueba nuestra fe en todo, y a veces la posibilidad de poder echar marcha atrás puede sabotear eficazmente nuestro entusiasmo. Pero de eso quizás hablemos en otro artículo. Hoy solo quería decirles que en esa charla de Baliño, muchos años después de fundar Zetasoftware y cuando las cosas andaban sobre ruedas, me di cuenta que yo era, o había sido sin saberlo, un emprendedor.

* Director de Zetasoftware

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