Es razonable que se estén realizando estudios de conveniencia sobre el proyectado acuerdo internacional de comercio y servicios TISA, convertido en estos días en estrella del debate público
Astori y Nin Novoa han sido los principales defensores desde el gobierno de la participación en el TISA. N. Garrido
Es razonable que se estén realizando estudios de conveniencia sobre el proyectado acuerdo internacional de comercio y servicios TISA, convertido en estos días en estrella del debate público. Tiene menos fundamento oponerse a rajatabla sin conocer sus alcances y posibles efectos argumentando, sin una evaluación técnica, que llevará a mayor desempleo y a la entrega privatizadora de empresas públicas a la voracidad de grandes multinacionales. Esta oposición, centrada en el PIT-CNT y algunos sectores del Frente Amplio, combina preocupación comprensible por los puestos de trabajo y rémoras ideológicas fuera de época.
Pero se omite un elemento fundamental de juicio. El Trade in Services Agreement, que actualmente negocian una cincuentena de naciones grandes y chicas de todo el planeta, anticipa que cada país podrá establecer las áreas en que quiere participar. Esto significa que Uruguay, si eventualmente se incorporara cuando el TISA se concrete, no estará atado a rubros que puedan representar más perjuicios que ventajas sino que tendrá libertad para elegir las áreas en las que le conviene acordar con otros países. El complejo tratado, en discusión desde el año pasado, cubrirá áreas tan diversas como la construcción, el transporte, el comercio minorista, la educación, la salud, la tecnología informática, la complementación cultural y otras muchas.
Es posible que, como teme el PIT-CNT, se pierdan empleos en algunos campos. Pero es evidente que también se crearán otros nuevos, al impulso de más producción local y mayores exportaciones. Y nada indica que un país con una fuerte presencia empresarial del Estado acuerde privatizaciones de servicios actualmente a cargo del sector público. En materia ideológica, por otra parte, conviene tener presente que si bien los países que negocian el TISA incluyen a economías libres y abiertas, como las de Estados Unidos, Canadá, Japón, Australia y Chile, también participan otras bajo fuerte control estatal, como la comunista China.
El gobierno respalda el interés uruguayo, aunque el presidente Tabaré Vázquez ha señalado reiteradamente que se está en una etapa preliminar de recoger información. Incluso la nueva Dirección de Planificación de la OPP está abocada a un estudio técnico sobre las posibles alianzas que más le convengan al futuro del intercambio comercial del país. Incluyen no solo al TISA, sino también a la Alianza del Pacífico, la más amplia Alianza Transpacífico, el tratado de libre comercio con la Unión Europea, el intercambio con China y hasta el improbable rescate del Mercosur. Y el Colegio de Abogados ha dispuesto evaluar los alcances del TISA. Es la forma adecuada de tomar posición, con precisos fundamentos técnicos.
El ministro de Economía, Danilo Astori, ha señalado que “no podemos perder esta gran oportunidad” de ampliar el comercio exterior. Pero es también imprescindible tomar en cuenta el peligro de que Uruguay, en vez de insertarse más, se margine del resto del mundo. En el caso del TISA, países que lo integren pueden incluso excluir a Uruguay a favor de comerciar con los miembros del tratado, según lo habilita la Organización Mundial de Comercio. El TISA es solo uno de los múltiples acuerdos internacionales en danza que representan una tendencia mundial de la cual el país no puede abstraerse, especialmente en los actuales momentos de ensombrecidas perspectivas de la economía.