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Lo confieso, yo le creí aquel día

Este gobierno dejará tras de sí lamentables datos de inequidad educativa que tendrán repercusiones en el futuro

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27 de agosto de 2012 a las 00:00

Lo confieso, yo le creí. Cuando lo escuché en su discurso de asunción ante la Asamblea General repitiendo una y otra vez la palabra educación, creí realmente que el presidente José Mujica iba a pasar a la historia como el hombre que, al menos, iniciaría el camino para cambiar el rumbo decadente de las últimas décadas en la educación pública.

Le creí porque para lograr ese quiebre en la tendencia se requiere enfrentar a algunos elefantes blancos que han sido intocables para la izquierda -como los gremios docentes o el academicismo larvario de la Universidad- y Mujica, en el fin de su carrera política, estaba en condiciones de hacerlo.

Creí porque él, que en nombre de los más pobres había embestido contra la misma institucionalidad que lo llevó a la presidencia, podía hacerlo otra vez contra las corporaciones poderosas que tienen de rehenes a los más débiles.

Creí en él porque no llegaba con la mochila de pertenecer y tener que responder a las elites intelectuales que han actuado con egoísmo y escaso coraje en todo este período de decadencia.

Creí que iba a enfrentar al poder gremial para que la política recuperara el control sobre la educación pública. Creí que iba a enfrentar las consecuencias y declarar, por ejemplo, esencial el servicio de educación pública, donde los pobres siguen perdiendo clases por decisión de la misma corporación que, en cambio, nunca osa enfrentarse con los ricos. Y si había que perder un año de clases, que se perdiera y que pasara a la historia como el año en que la crisis terminó de madurar.

Creí que iba a soportar la presión de las luminarias académicas y de los jóvenes conservadores por haber intentado incorporar el cobro de la matrícula universitaria.

“Para nosotros, gobernar es favorecer un poco a los más débiles para que todos podamos vivir mejor”, dijo esta semana Mujica en su audición radial. Pescados, muchos pescados ahora que sobra la plata. Cuando falte, habrá una legión que no sabrá deletrear anzuelo. La presidencia de Mujica pasará sin pena ni gloria en materia educativa.

Cuando se le pase raya habrá que recordar que dejó tras de sí un país que, en la región, es el que menos egresos de la educación secundaria tiene, dato que encierra otro aún más lamentable para un gobierno que dice defender a los desposeídos: el 70% de los más ricos termina la Secundaria, algo que solo logra el 8% de los más pobres.

Cualquier guarismo en materia de educación repite este patrón: los pobres son los más afectados y así se seguirá reproduciendo la pobreza. Yo le creí, pero no quiso, o no pudo, o no supo, tanto da, los perjudicados son siempre los mismos, esos que el presidente busca defender.

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