29 de noviembre de 2011 10:53 hs

El presidente de la República, José Mujcia, está preocupado porque la rebaja impositiva llegue efectivamente a los que menos tienen. También le preocupa que la bancarización no implique mayor endeudamiento.

Que la rebaja no sea para los que más consumen, sino para los que menos tienen


El rechazo del presidente José Mujica a una rebaja generalizada del IVA partía de la base de que, según su parecer, no favorecía a los hogares de menores ingresos, pese a que la propuesta original definida por el Ministerio de Economía incluye la exoneración total del impuesto a las familias que perciben prestaciones sociales del Ministerio de Desarrollo Social.

Según la interpretación del presidente, bajar el IVA dos puntos porcentuales para toda la población contribuiría a elevar el nivel de gasto de las familias, a costa de una renuncia fiscal cercana a los US$ 300 millones anuales.

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Pero Mujica retrocedió en su postura luego de la reunión mantenida con el vicepresidente, Danilo Astori, que le garantizó que la rebaja llegaría a “los más necesitados”.

Las dudas del presidente radicaban en que “no había seguridad en los mecanismos que aseguraran el destino del ahorro impositivo hacia los que están en la llaga”, declaró Mujica a La República.

Que no se haga a través de las tarjetas de crédito, que son para que la gente se endeude

Otro de los puntos que molesta al presidente es el mecanismo de aplicación de la rebaja definida por el Ministerio de Economía.

El beneficio tributario está necesariamente vinculado a los medios de pago electrónicos y forma parte del proceso de bancarización, que a los ojos presidenciales significa “más endeudamiento”.

Pero el mecanismo lo que realmente busca son dos aspectos fundamentales: el primero, que el beneficio llegue efectivamente a los consumidores, y no como ocurrió cuando se eliminó el Cofis y se bajó un punto de IVA básico y cuatro puntos de IVA mínimo con la reforma tributaria. En esa oportunidad, la rebaja fue absorbida por los comerciantes y no tuvo su correlato en el consumidor.

“No quería que volviera a reproducirse la experiencia del pollo y el Cofis, donde las ganancias no iban para la gente y terminaban chupándoselas las cadenas” de supermercados, dijo Mujica.

En segundo lugar, contribuye a la formalización de la economía, debido a que los pagos por tarjeta quedan automáticamente registrados ante la DGI, lo que obliga a las empresas a facturar inevitablemente esas ventas. Eso no ocurre necesariamente con las transacciones que se realizan en efectivo.

Al interponer los pagos con tarjeta de crédito o débito, el gobierno se asegura el registro de la operación y la recaudación del tributo. La devolución de los dos puntos de IVA se concreta cuando el consumidor paga el estado de cuenta. Además, el mecanismo permite que la rebaja se autofinancie, o que al menos la renuncia fiscal sea menor. Se entiende que avanzar la formalización de la economía, aumentará la base tributaria imponible al existir mayores operaciones comerciales registradas.

No obstante, para Mujica las tarjetas de crédito son sinónimo de endeudamiento, aunque los datos de la economía no le den la razón.

Es cierto que el crecimiento del consumo uruguayo durante el último año alcanzó a 11,4% en términos reales y superó la expansión total de la economía, que fue de 8,5%. Pero esa mayor demanda de las familias se apoyó principalmente en el crecimiento de los ingresos salariales y en un nivel récord de empleo, y no en mayor dependencia del financiamiento.

En términos simples, el crecimiento de la demanda agregada de consumo se explica porque más gente empleada está en condiciones de gastar, y a su vez esa gente tiene más dinero disponible fruto de salarios mayores.

De acuerdo a un estudio de la firma Deloitte en base a datos del sistema financiero, la expansión del financiamiento creció 39% durante el último año. Eso llevó al nivel de crédito vigente durante a 6,6% del PBI, una cifra inferior a países de la región como Chile (8,6%) o Brasil (14,9%), y más atrás todavía de los países desarrollados.

Pero ese crecimiento del crédito no se dio por una mayor dependencia de las familias endeudadas a la captación de nuevo financiamiento para sustentar los préstamos vigentes, sino a que nuevas personas que tenían vedado el mercado de crédito están accediendo a él.

Según datos elaborados por CPA Ferrere para la administradora de crédito Pronto!, en base al análisis de los datos del Clearing de Informes unas 86.000 personas accedieron al crédito bancario y extrabancario por primera vez entre 2006 y 2011.

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