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Los barrios ricos de Río, al alcance de los tiroteos en Rocinha

Los últimos enfrentamientos provocaron el cierre de una importante avenida y una estación de metro

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28 de septiembre de 2017 a las 11:04

Cuando los tiroteos se intensificaron hace una semana en Rocinha, la vida en favela más grande de Río de Janeiro se paralizó. Pero los disparos se oían a la perfección en los barrios ricos vecinos, donde la Escuela Americana y la Universidad Católica (PUC) tuvieron que cerrar.

Quienes viven, estudian o trabajan en los vecindarios acomodados de Gávea o Sao Conrado, al alcance de cualquier disparo que salga de Rocinha, lidian con una mezcla de ansiedad y resignación con la violencia desatada la semana pasada en la favela.

El Ejército acudió al lugar el viernes en la tarde para contener las pugnas entre bandas de narcotraficantes, después que la policía reconociera que era incapaz de controlar la situación.

Los enfrentamientos provocaron el cierre de una importante avenida y una estación de metro, en el camino de decenas de miles de personas que asistían a los conciertos del Rock in Rio.

Y aunque la peor parte la llevó la favela, tres escuelas privadas de sus alrededores, las prestigiosas Escola Parque, Escuela Americana y Escola Teresiana, cerraron sus puertas, igual que la PUC, donde estudian 20.000 alumnos.

Aunque la situación se ha estabilizado esta semana, Leonardo Ferreira, un empresario de 48 años de Sao Conrado, va al trabajo preocupado por sus hijos de 2 y 9 años, que asisten a una escuela muy próxima a Rocinha.

"Seguimos con aprehensión las noticias para saber si aquello vuelve a repetirse o empeora y si tenemos que salir corriendo a recoger a los niños en la escuela para llevarlos a casa, donde nuestro condominio es como un búnker", dice.

"Es una situación muy mala, que afecta nuestra capacidad de concentración en el trabajo y nuestra productividad", asegura.

Sobrevolar los problemas de Rocinha

Mauro Sacramento, instructor de parapente, acaba de aterrizar con un turista en la arena blanca de la hermosa playa de Sao Conrado. Hoy, por orden del Ejército, no sobrevolaron Rocinha.

Los tiroteos de los últimos días "sin duda tuvieron un gran impacto aquí", asegura Mauro. "Somos vecinos de Rocinha y a veces, según la dirección del viento, volamos por encima de ella. Estos días, cuando las personas agendan un vuelo por email o teléfono preguntan: ¿cómo está el trayecto? ¿está tranquilo?", relata.

"Es muy triste porque este es un lugar lindo, que podría ser uno de los mejores del mundo para vivir", lamenta.

Frente a la playa tropical, Miguel Eduardo explica, dentro de su quiosco-bar, que notó cómo sus ventas de tortas y jugos de fruta han caído una cuarta parte estos últimos días.

"La gente tenía miedo de venir", afirma. "Ya hubo situaciones así en la época de Nem", el traficante que dominaba Rocinha y que hoy está en prisión. Esto "siempre ocurrió y ocurrirá nuevamente", cree.

Convivir con traficantes

La misma resignación embarga a René Hasenclever, presidente de la Asociación de vecinos de Gávea, para quien "esta no es ni la primera ni será la última vez" que viven algo así.

Pero "en los últimos días, las escuelas han cerrado, se ven menos autos en la calle, la gente tiene miedo de salir", asegura.

La zona sur de Río, donde se ubican los barrios acomodados, está rodeada de favelas.

Pero "no son las favelas las que nos molestan, sino el tráfico de drogas. Tengo que convivir con eso y, a veces, me da miedo", remarca Hasenclever.

En ningún otro lugar de Brasil ricos y pobres conviven tan cerca unos de otros como en Río, donde las barriadas pobres han crecido entramadas en la ciudad y no en las afueras, como en Brasilia o Sao Paulo.

De ese modo, los ricos, que se distribuyen principalmente a lo largo de la costa, están al alcance de los disparos que atormentan el día a día de los 1,5 millones de cariocas, un cuarto de la población de la ciudad, que viven en las empobrecidas laderas de los morros.

Con los niveles actuales de violencia, la presencia de militares en las calles es la que a menudo tranquiliza a vecinos como el informático Romulo Silva.

Mientras recorre con su bicicleta el camino rodeado de selva que une Gávea y Rocinha, militares fuertemente armados le paran e interrogan cerca de un punto de control de vehículos.

"Aquí nos hemos acostumbrado a mirar aplicaciones del celular (sobre tiroteos), intercambiamos información del tipo 'está ocurriendo una operación en Rocinha', 'dicen que hay criminales escondidos en el bosque'...", explica.

"El sentido común me mandaría a quedarme en casa, pero yo he decidido no dejarme vencer por el miedo", dice.

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